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Cambio

El ¿fin? del régimen vasco visto desde el Sur

En cualquier caso, algo ha cambiado en España con el resultado de las elecciones vascas. No se consiguió en 2001, con Mayor Oreja y Redondo Terreros al frente de la operación anti-régimen nacionalista pero se va a intentar ahora, eso sí, con los papeles del poder cambiados. Si en 2001 era el PP quien lideraba el cambio, ahora es el PSE-PSOE de López el que lo encarna, tras haber protagonizado una oscura pieza político-teatral que merecería una historia aparte. Pero, en fin, si finalmente se consuma –que hay quien tendrá dudas hasta no ver firmado el pacto–, lo que habrá cambiado es el escenario, no la obra. La obra siempre termina con la hegemonía del PSOE, aunque para ello tengan que renunciar a algunos textos del libreto, por ejemplo aquellos que anatematizaban a un PP convertido ahora en pieza secundaria, pero clave, de la obra. Algunos sueñan con un libreto en el que los dos grandes partidos nacionales se unen para hacer de España la gran nación democrática y abierta que debe ser. Pero se despiertan con un PSOE sin identidad racional, sino con un PSOE que es el Partido Según la Ocasión Electoral.

Desde Andalucía, la situación se vive con curiosidad e inquietud. Si el "régimen" en el País Vasco era representado por el PNV a lo largo de 30 años (como lo fue CiU en Cataluña durante más de 25), en el Sur, en todo el gran Sur extremeño, castellano-manchego y andaluz, el "régimen" es identificado claramente con el PSOE. Es más, en todas estas regiones meridionales españolas, el PSOE echó mano, como los nacionalistas en 1979, de un confuso sentimiento "regionalista" relacionado con la indigencia histórica a la Franco las sometió, precisamente por impedir el resurgimiento de nacionalismos agresivos en el Norte.

Es más, en algunos momentos y muy particularmente en Andalucía, el PSOE se refugió en la estrategia camaleónica de parecer "nacionalista" –cosa que ha hecho durante los últimos años Pachi López–, para conseguir el poder y eternizarse en él. Pocos recuerdan que en la transición, cuando Andalucía era una llama viva en favor de la autonomía, existía un Partido Socialista de Andalucía, PSA, que incluso consiguió 5 escaños en el Congreso de los Diputados. Era una amenaza gravísima para el PSOE de González y Guerra. Rafael Escuredo fue el encargado de suplantar la identidad nacionalista haciendo que el PSOE se convirtiera en el equivalente nacionalista del PNV y CiU en Andalucía con las diferencias lógicas. Aquí no había ni raza, ni lengua, ni historia relevante que inventar. Sin embargo, el PSOE logró erigirse en "vertebrador" del sentimiento andalucista y trató, y aún trata, por todos los medios de establecer la identificación Socialismo=Andalucía auténtica, como en el Norte PNV=vasquismo auténtico y CiU=catalanismo auténtico.

En Andalucía, sin un nacionalismo de verdad anclado en su escuálido empresariado ni en sus clases medias, el PSOE logró su objetivo: el poder durante más de una generación, como los nacionalismos, con los mismos métodos que los nacionalismos: clientelismo, arbitrariedad, partidismo, burocratización ideológicamente orientada, penetración en las Cajas de Ahorros, en la Educación, en los servicios... Cierto que Escuredo casi se creyó su propio discurso y fue sacrificado por el centralismo tradicional de los jacobinos sevillanos Felipe y Alfonso. Luego, Borbolla hizo muecas en la misma dirección y del mismo cañón le llegó el obús destitutorio Y luego llegó Chaves.

Pero Chaves nunca se ha creído el cuento pseudo nacionalista del PSOE andaluz –es miembro del jacobinismo originario–, aunque sí ha querido seguir con el teatro. El claroscuro de la oligarquía socialista andaluza respecto al nacionalismo andalucista le ha supuesto destruir el nacionalismo incipiente de Rojas Marcos y dejar al PP en la cuneta de la historia durante muchos años. Por eso, han seguido homenajeando a Blas Infante, del que desprecian su locura y sus tonterías en privado e incluso, en esa última escena brillante de la obra, convirtiendo la "realidad nacional andaluza" en condititio sine qua non para un PP que aún no ha salido de su asombro.

Pero, claro, si en el País Vasco el PSE-PSOE puede procurar el cambio de régimen con la ayuda del PP, que es lo que dice que va a hacer, que ya veremos si lo hace, ¿cómo se logrará el cambio andaluz cuando jamás se contará con el apoyo de la actual oligarquía socialista, columna vertebral del régimen, ni se cuenta con partido alguno capaz de impulsar dicho cambio histórico? El PP andaluz, única posibilidad real de transformación de Andalucía hacia un democratización de corte liberal y abierta y a un desarrollo económico y social real y no propagandístico, necesita una mayoría absoluta para intentarlo. ¿Es su estrategia una estrategia de mayoría absoluta? ¿Tiene clara su misión histórica en una Andalucía, que junto con Extremadura y Castilla la Mancha, pueden devolver el centro de gravedad perdido a una España autoestimada, constitucional y competente?
 
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