Opinión
Noticias y opinión en la red
Cine

El secreto de los ojos... de las víctimas

Ir al cine es bueno. Esa ráfaga de imágenes con sentido que atraviesan nuestra neuronas durante dos horas o casi, no siempre pero a veces, nos llevan a pensar sobre la vida que llevamos en este país. En El secreto de sus ojos –película basada en la novela de Eduardo Sacheri que, por lo que he leído de ella, que no ha sido toda, es más política, más asida a los hechos de la antedictadura argentina, de El Brujo y la Bruja, la Isabelita de Perón–, hay una línea argumental que tiene que ver con las víctimas. Da igual en este momento si la víctima es de ETA, de la bruja de Perón, de las checas de las izquierdas o los nacionalismos o de Franco o de Jack el Destripador o del violador del Ensanche. Pero las víctimas de las que hablo son más que cualquier víctima de la naturaleza o del azar. Las víctimas de las que hablo son las personas que son objeto de un daño causado por alguien, un sujeto o grupo de sujetos, que se arroga el derecho a causarlo por encima de toda razón y de todo derecho.

Las Naciones Unidas, que al menos sirve para hacer definiciones, las definía así: "Es víctima toda persona que de forma individual o colectiva haya sufrido daños, lesiones físicas o morales, cualquier tipo de sufrimiento emocional, pérdida financiera o menoscabo de cualquier derecho fundamental como consecuencia de acciones u omisiones que violen la legislación vigente en los Estados miembros, incluidos los que proscriben como abuso de poder".

En la película y en la novela, hay una trama de víctimas. Pero afortunadamente esas víctimas están más bien por fuera de la cosa política. En la película, hay un crimen, claro, pero el crimen es un crimen de "El caso", no un crimen político. La política interviene lateralmente, como una situación, como una circunstancia accidental, no esencial. Si la acción se desarrollara en otro ambiente, el resultado sería el mismo: una reflexión sobre las víctimas.

En una sociedad abierta, la víctima, la que sea, convertida en tal por el daño que sea, es principalmente una persona, un individuo nacido en sociedad, en una sociedad, en su sociedad con derechos y deberes. El Estado, la Justicia, el Poder, el Derecho... todos esos entes ideales de Platón chocan contra la realidad una sola víctima. La víctima no es un tipo ideal, ni una entelequia. La víctima tiene nombre y apellidos, tiene un origen familiar, tiene un amor decidido, tiene un encaje en una sociedad, tiene un futuro. ¿Debe ser abandonada a su suerte o debe ser reconquistada para la vida social bajo la forma de alguna restitución?

Las víctimas de las que hablo no son animales destinados al sacrificio, a ser convertidas en algo sagrado, y muerto, para contento de algún dios. Las víctimas de las que hablo tampoco son culpables por el hecho de ser vencidas como sentaban los griegos. Por ser vencidas y no reconocer la superioridad del vencedor, merecen ser víctimas, creían. La víctima, en mi consideración, es un alma vencida sólo si el dañador resulta victorioso. Es la victoria del asesino la que la derrota definitivamente.

Vista la película y sin desvelar sus rincones profundos, puedo decir que es una película que encierra un Sí a las Víctimas. La cinta se propone la pregunta: ¿Qué hacemos con la víctimas? ¿Deben ser sacrificadas en el altar del miedo a los asesinos? ¿Tal vez deben ser inmoladas en el santuario del pragmatismo del es mejor dejarlo correr porque las consecuencias serán buenas para todos mientras ellas, las víctimas, se pudren en el silencio de la muerte? ¿Deben ser abandonadas por la Justicia? ¿Deben ser sepultadas por el olvido de quienes las quisieron? ¿Deben ser olvidables o por el contrario deben ser inolvidables?

Definitivamente, El secreto de sus ojos es una película sobre las víctimas y en esa clave, no política sino más allá de la política, puede estar su mejor interpretación y su mejor disfrute. Entré en el cine creyendo que iba a ver una película argentina más sobre la dictadura o la antedictadura y encontré una seria película sobre las víctimas, incluso sobre las tentaciones de las víctimas de arrogarse ellas mismas el papel de verdugos cuando el cielo deja de ser protector y se convierte en losa inexpugnable. Perpetua, sí, perpetua. Y, por si fuera poco, es una narración detectivesca, relatos que me encantan desde que Poe me inventó el género. Así que sí, como ya ha dicho en estas páginas Vázquez Rial, hay que ir a verla.

Y si uno es joven a lo mejor le cabe la pregunta sobre qué va ser de mayor en relación con las víctimas. Y si es mayor, también.

 

Lo más popular