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Socialismo andaluz

La estrategia de la locura

Cuando Manuel Chaves recomendó a Javier Arenas a mediados de noviembre, tras un tenso pleno parlamentario, que no estaría mal que visitara al psicólogo o al psiquiatra, no reparamos en la dimensión estratégica del acontecimiento. Al día siguiente, el mamporrero Pizarro, jefe del clan de Alcalá y Sejano curruco de Chaves, consideró que Arenas estaba emocionalmente desequilibrado y que haría bien en visitar al psiquiatra. Cáspitas. Vaya coincidencia. Y para terminar, de nuevo Manuel Chaves, en la entrega de los premios de periodismo que concede la Junta de Andalucía, se extrañó, al parecer en referencia al libro de Paco Rosell, "Anatomía de un régimen" (el de Chaves, claro) que "haya quien pregone lo contrario, basándose únicamente en la teoría, no por peregrina menos extendida, según la cual algunos creen, y parece que a pies juntillas, que ellos son los únicos que no llevan el paso cambiado".

Y esto lo dice ante un jurado del premio ortodoxo de la Junta compuesto por las siguientes personas:

Gaspar Zarrías Arévalo, vicepresidente de la Junta y consejero de Presidencia

Enrique Jesús Cervera Grajera, secretario general de la Oficina del Portavoz del Gobierno, de la consejería de Presidencia

Matilde Santiago Cossi, directora general de Comunicación Social de la Consejería de Presidencia

Fernando Santiago Muñoz, presidente de la Federación Andaluza de Asociaciones de Periodistas y muy próximo al PSOE, tanto que hace de puntillero o sicario, según.

Rafael Rodríguez Guerrero, director territorial de Radio Nacional de España de Andalucía, siempre sumiso ante el poder del régimen.

Pablo Juliá Juliá, fotógrafo de El País, hoy director del Centro Andaluz de la Imagen, patanegra del PSOE, presente incluso en la famosa foto de la "tortilla".

José Luis Fernández Peña, jefe de Prensa de la Presidencia del Congreso de los Diputados y periodista de confianza del PSOE a diferentes niveles.,

Antonio Manfredi Díaz, director de Canal Sur Televisión en Huelva y

Ángela Cañal Pérez, directora de los Servicios Informativos de la Oficina del Portavoz del Gobierno, que actuó como secretaria.

Vamos, un jurado, no sólo de la cuerda, sino casi de correligionarios. ¿Cómo extrañarnos de que fuese El Correo de Andalucía, un periódico en cuyo consejo de Administración está el PSOE a tutti pleni, se llevara el gran premio? Pero, claro, si hay alguien que considera que un jurado para un premio público de comunicación debería contener una gran dosis de pluralidad e independencia, es que debe estar loco.

Así que retomando el hilo de la locura, la tesis de Manuel Chaves parece ser la siguiente: "El que no me apoya es que está loco". Por lo tanto, la oposición, empezando por Arenas, es cosa de locos y los periodistas, investigadores o analistas que critican a mi Gobierno o a mi, tienen que estar locos. A eso va lo del paso cambiado. Ya saben el chiste del mariquituso que se mete a contramano en una autopista y escucha por la radio que un loco peligroso recorre la vía en sentido contrario. Y entonces exclama: "¿Uno? Qué coño, miles y miles".

Franco podría haber dicho lo mismo habida cuenta que durante cuarenta años estuvo gobernando España sin oposición relevante y cuando convocaba elecciones legales dentro de aquel su régimen, las ganaba con el 104 por ciento de los votos. Nosotros, los que entonces nos oponíamos a su dictadura como ahora nos oponemos al régimen despótico de Chaves y el PSOE, éramos considerados locos de atar. Dejábamos la familia, los trabajos, la tranquilidad, la seguridad y el dinero para denunciar la ausencia de libertad, el miedo de la gente, la falta de participación y de control del poder y las injusticias que se derivan de tales enfermedades sociales y morales.

Que ahora Chaves llame locos o gente rara de paso cambiado a quienes se le oponen, no tiene nada de extraño. Está en los genes de todo socialismo que haya hundido sus raíces en el marxismo considerar loco o alienado a todo aquel o aquella que no comparte su visión del mundo y de la política. Ya se sabe que Marx desarrolló, invertidamente, el concepto de alienación que bebió en Hegel. ¿Y quién es un alienado, un loco? El que no comprende la marcha de la historia que sólo pueden comprender quienes disponen de la herramienta intelectual precisa, que es el marxismo.

Los socialistas del Sur, los que sucedieron apuñalando a Llopis y todo aquel socialismo histórico del exilio, son menos intelectuales que aquel joven Marx que enfermaba estudiando a Hegel. Estos ya van por su cuenta y riesgo y les preocupa mucho más el poder que la teoría. Renunciaron al marxismo, dijeron, pero se quedaron con sus métodos, sobre todo, con los leninistas. Y según éstos, cuando alguien se opone al partido, es que está alienado, loco. No en vano los disidentes de la Rusia Soviética y luego URSS terminaban en campos psiquiátricos de concentración.

Javier Arenas, Paco Rosell y demás compañeros mártires: Debéis tenerlo en cuenta. Los hechos no cuentan. Nada importan los préstamos impagados, los socialistas accionistas y capitalistas, los miles de empleados públicos de libre designación, los contubernios urbanísticos, la fagocitación de las cajas de ahorro, de la Administración pública, de la economía social, de sindicatos y empresarios, de los medios de comunicación públicos (y el agobio de los privados). Ya saben lo que dijo... ¿Fue Hegel? ¿ Lenin? ¿Stalin? O tal vez. ¿Lúkacs? "Si los hechos no ajustan a nuestra teoría, peor para los hechos". Y quienes se atienen a los hechos y a sus teorías, es que están locos o alienados. O sea, que eso del psiquiatra no es una ocurrencia, sino una estrategia, la estrategia de la locura.

Pues nosotros, miren qué cosas, estamos con Erasmo y su elogio de la locura. Hay dos tipos de adulación, una perniciosa y de ella se valen los pérfidos y los burlones para llevar a la ruina a los incautos. pero hay otra adulación que nace de la bondad, del candor del carácter y del amor a la libertad. Esa adulación, decía Erasmo, levanta los ánimos abatidos, consuela a los tristes, estimula a quienes languidecen, despabila a los torpes, alivia a los enfermos, aplaca a los feroces, concilia afectos y, una vez formados, los mantiene. En suma, logra que cada cual se tenga a sí mismo libremente en mayor aprecio y cariño, en vez, añado, de verles sometidos a un régimen de dependencia insaciable y cada vez con menos escrúpulos. Sí, don Manuel, sí. Hay un régimen. ¿Sabe usted por qué? Porque muchos en Andalucía tienen miedo y porque muchos en Andalucía son, somos, tildados de locos si se oponen, nos oponemos a usted.
 

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