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La mosca y la oreja: la sospecha del socialismo andaluz

En el PSOE hay ya quienes para salvar la unidad 'federal' están dispuestos a instaurar y legalizar una nueva desigualdad entre los ciudadanos españoles.

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Sabido es que el socialismo en Andalucía debe su dominación hegemónica desde hace 38 años a la astucia de un Rafael Escuredo y sucesivos presidentes socialistas, hasta hoy, que se envolvieron a la manera catalana y vasca en la bandera regional usurpando el discurso nacionalista de los herederos de Blas Infante. Su picardía consistió en no cuestionar, como hubiera sido coherente, los privilegios forales ni la protección política tradicional de los intereses catalanistas. Aparecían como paladines de la aspiración andaluza a la igualdad de trato económico, social y político, mientras silenciaban unas desigualdades que achacaban a la derecha señoritinga, al franquismo y a quien fuese, Alejandro Rojas Marcos incluido, menos a los nacionalismos catalán y vasco. El claroscuro les ha funcionado estupendamente y para las elecciones de 2019 nadie espera nada que no sea más de lo mismo.

Sin embargo, hay una mosca que se ha posado detrás de la oreja de muchos andaluces y, bastantes de ellos, socialistas. La II República sólo consideró, constitucionalmente, dos autonomías, impulsadas por los nacionalismos separatistas de Cataluña y País Vasco, pero las obligó, formalmente, a una igualdad de trato con los demás ciudadanos españoles. El franquismo abolió los privilegios forales en parte, pero en la Constitución de 1978 fueron rescatados como "derechos históricos", un peaje que tanto UCD como la derecha españolista, de la mano en esto del PSOE y del PCE, pagaron gustosamente, en la convicción de que el problema separatista iba a desaparecer o a suavizarse de manera decisiva.

No ocurrió así. Lo sucedido fue y es que ambos nacionalismos traicionaron la voluntad constitucional, en la que nunca creyeron, a la primera oportunidad. En estos momentos, el desafío separatista catalán, mucho más virulento por cuanto allí no hay privilegios forales ni derechos económicos históricos y legales, podría cambiar transitoriamente de táctica. Casi seguros ya de un trastazo notable de su referéndum independentista, podrían admitir otra prórroga histórica a cambio de ventajas económicas y fiscales. Esto es, un fuero catalán de índole similar al vasco y al navarro.

La oscuridad de la nueva dirección socialista, su referencia a la plurinacionalidad y su alusión, de nuevo, al federalismo asimétrico, esto es, a la desigualdad de trato y condición entre los ciudadanos españoles según donde se nazca y se viva, es la mosca que se ha posado detrás de la oreja del socialismo andaluz. Los privilegios forales fueron silenciados por razones de interés nacional y maquillados como derechos históricos. Pero ¿cómo tragar el sapo de un neofuero catalán, llámese como se llame luego, sin más historia que una imposición del separatismo?

Está claro que en el PSOE hay ya quienes para salvar la unidad federal están dispuestos a instaurar y legalizar una nueva desigualdad –"asimetría", dicen– entre los ciudadanos españoles. No sería, en mi opinión, más que una aspirina transitoria contra la neuralgia separatista, como la de 1978. Pero esta vez el PSOE de Andalucía tendría que abandonar el claroscuro y elegir entre defender el anhelo histórico andaluz a la igualdad de trato, derechos y deberes o sumarse al enjuague de los privilegios forales y neoforales. La mosca ya está detrás de la oreja, porque esta vez habría que envolverse en la bandera andaluza contra la propia dirección socialista, si no se quiere ceder a PP, C´s y Podemos el abanderamiento blanquiverde. Susanita tiene un moscón, un moscón grandullón.

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