
El dedismo es una manera de robar porque se roba el futuro que corresponde a quien lo merece en igualdad de condiciones, por mérito y capacidad y se le entrega a un cómplice que usurpa la vida de quien debió vivirla por derecho.
España, interior, noche. Joven familiar de Juan Nadie, sin padrinos ni conseguidores, desuella sus ojos debajo de un flexo de luz macilenta machacando sus neuronas con letras, palabras y construcciones, tal vez números, fórmulas y ecuaciones. Está, lo habrán adivinado, opositando. Desde un plano general, no se aprecia su contenido pero estamos seguros de que quiere opositar a algo relacionado con la administración pública, organismo público o empresa pública. Lleva esperando meses a que salga la convocatoria, pero no sale. Cuando se acuesta, a las cinco de mañana, con el rostro cadavérico y los tendones colgando, teme sufrir la misma pesadilla en tres secuencias de cada noche: que no hay convocatoria porque las plazas ya habían sido dadas a dedo; que hay convocatoria pero restringida a quienes, previamente sobrepuntuados, tienen derechos adquiridos por haber sido metidos a dedo en calidad de interinos o laborales u otras especies derivadas y que hay convocatoria, se presenta, hace un fantástico examen pero llega la hora de una fatídica entrevista que nadie sabe por qué se realiza y que, en ella, por haber dicho que tenía un talante liberal, ha sucumbido ante la feroz "objetividad" del "experto".
España, interior, día. El joven, o la joven, salta de la cama con la mirada perdida, grita salvajemente mientras se dirige a su exigua biblioteca, toma de sus pocos anaqueles un libro, coge un mechero y le prende fuego. La cámara se acerca lentamente y podemos ver que el título es "Constitución española". El fuego se extiende, afecta a las cortinas, luego a los muebles, pero el joven, o la joven, no se inmuta. Lo ha decidido. Morirá si todos sus esfuerzos ha sido inútiles y si su patria, una democracia dicen, lo ha traicionado.
España, interior, noche. El joven, o la joven, despierta de pronto sudando copiosamente. La cámara hace un zoom muy lento hacia su cara. Ah, no. No, no es sudor. Son lágrimas. Llora y llora desconsoladamente mientras lentamente la cámara se va a negro. Mientras aún se está en los grises, se adivina la cara de Marlon Brando vestido de padrino de Francis Ford Coppola, que se le acerca con un cartel: "Yo soy el camino, la verdad y la vida".
(Según algunos expertos, el dedismo es una manera de robar porque se roba el futuro que corresponde a quien lo merece en igualdad de condiciones, por mérito y capacidad y se le entrega a un cómplice que usurpa la vida de quien debió vivirla por derecho. Estos expertos piden una pena larga para estos ladrones de porvenires en el Código Penal y un Tribunal Nacional de Revisión de Pruebas y Oposiciones compuesto por viejo y viejas eméritos profesionales en cada rama y sector, muy bien pagados, pero hasta ahora tampoco han tenido fortuna).
Y ahora, para solaz y olvido, reproduzco, porque es genial, la clasificación que un paisano de Jerez –¡fenómeno paisa!–, ha hecho de estas afrentas a la moral democrática y a cualquiera que sea normal, y, desde luego a la eficacia de unos organismos, instituciones y estamentos donde deberían estar los mejores, pero están otros (demasiado frecuentemente). Con la gracia propia de la tierra, el blog Aitojere hacía un repaso de la tipología del enchufe municipal, cuya selección estaba tomada, dice, de una muestra de 2.000 empleados contratados durante un largo gobierno de un partido (bueno, mejor dicho, de una persona) y dos breves gobiernos de los otros dos partidos mayoritarios:
Los procedimientos para el enchufe son varios:
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