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Pedro Sánchez y la metamorfosis

Esta es la victoria de Podemos: haber encajonado a un Pedro Sánchez que ni podrá representar el papel de Susana Díaz ni el de Pablo Iglesias.

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Hay quien cree que todo lo que ha hecho Pedro Sánchez hasta el momento no es otra cosa que una batalla personal por el poder en el PSOE. En esta hipótesis de raíces psicológicas, el largo caballero defenestrado habría reaccionado con rencor y ansias de venganza contra quienes le expulsaron de la primera línea política en el famoso Comité Federal de 2016. Una de las consecuencias de esta creencia es que, en realidad, Pedro Sánchez no defiende ideológicamente nada y que, en realidad, se apresta a usurpar las ideas de Susana Díaz y los barones a la primera oportunidad. Es decir, estaría simulando unas posiciones de izquierda para succionar a Podemos los votos que considera propiedad del socialismo y luego tararí que te vi, Pablete, míralo y vete. Si fuese así, habría que considerar que Pedro Sánchez es un frívolo atrevido que no habría tenido inconveniente en destrozar su partido para conseguir sus objetivos políticos.

Pero es que no se trata sólo de él. Hay todo un grupo de dirigentes socialistas que tuvo que ver en él un peligro muy grande, aunque ya se sabe que los análisis objetivos de los políticos son efímeros. De hecho, Guillermo Fernández Vara, que acaba de aceptar ser miembro de la Ejecutiva de Sánchez, dijo que lo peor que podría ocurrirle al PSOE era precisamente Pedro Sánchez. ¿Hubiera desencadenado aquellos acontecimientos Susana Díaz si no hubiera estado convencida de que la posición de Pedro Sánchez sobre España y su futuro era peligrosa para el PSOE? ¿O es que Felipe González, Alfonso Guerra y todos los demás que apoyaron su caída no son más que, como el propio Sánchez, elementos de una lucha interna por el poder?

Mi convicción es que algo detectaron, algo intuyeron o algo conocieron de Pedro Sánchez que les llevó a considerar que era mejor quitarlo de en medio que seguir el camino que proponía. A las primeras de cambio, ya se ha comenzado a tener la percepción de que el nuevo secretario general, aupado a los altares socialistas este fin de semana, está firmemente convencido de que va a ser capaz de gobernar con el apoyo de Podemos y otras fuerzas, entre las que tendrá que contar necesariamente con los separatistas de todos los pelajes. Esto ya le está llevando a estar maniatado ante Podemos, puesto que sólo podrá gobernar España plegándose a las tesis políticas de Podemos, y aún así ya lo veremos, que Ciudadanos no pablea.

Mientras Pedro Sánchez plagie a Podemos, Pablo Iglesias no podrá recuperarse del batacazo de la moción de censura. Pero en cuanto se desvíe un poco, que lo demostrará en el desafío separatista de octubre en Cataluña, volverán las uñadas y los puñales de un populismo de izquierdas que no le va a permitir moderarse, dejando el espacio de centro a Ciudadanos. Y al PP, por ese orden.

Esta es la victoria de Podemos: haber encajonado a un Pedro Sánchez que ni podrá representar el papel de Susana Díaz en el futuro, tierra quemada, ni puede representar el de Pablo Iglesias, salvo que se convierta en él. Menuda metamorfosis. (Y Rajoy, el maldito, con la llave de la anticipación de las elecciones sonando en la cerradura).

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