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Manifestación contra el paro

Por el cambio

Pedro de Tena

&quote&quoteNo hay paraísos. Pero hay gobiernos mejores y peores para mejorar nuestra vida sin intervenir en ella de manera obsesiva y peligrosa. Lo dicho: a Málaga.

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Los ideólogos marxistas de la izquierda han dicho siempre, resumido en pastillas Coqui, que ser obreros y de derechas es la expresión de la máxima estupidez intelectual y política. Consecuentemente, ser obreros y de izquierda es lo razonable, lo racional y lo real, para atender al viejo Hegel, el principio de la enfermedad del Estado en su más sólida expresión. Pues salvo que la experiencia no sea madre de la ciencia y que se abandone toda investigación empírica, lo contrario es hoy más verdadero que nunca. Ser obreros, trabajadores, empleados y de izquierda es de auténticos pardillos porque los datos de la realidad son abrumadores. Esto viene a cuento de la manifestación del próximo día 15 de febrero en Málaga convocada por el presidente del Partido Popular, Javier Arenas. Su fin es reivindicar un pacto sociopolítico por el empleo en la región más castigada de España –22 por ciento de tasa de paro y subiendo–, por la ineptitud socialista tras casi 30 años de Gobierno ininterrumpido. 

Se me dirá: "Sea justo". Esto es por la crisis. Bien. Seré justo y riguroso. Cuando el PP llegó al Gobierno en marzo de 1996, la tasa de paro de Andalucía estaba en el ¡33%! después de 14 años de gobiernos socialistas en España y en Andalucía. Más de 900.000 parados andaluces se encontró Arenas cuando se sentó por vez primera en su despacho de Nuevos Ministerios. Cuando el PP dejó el poder, los parados andaluces habían bajado a 552.000. Al contrario, Zapatero se encontró con los 552.000 parados que dejó el PP y los ha convertido de nuevo en más de 900.000. Visto así, ser obrero en España y, desde luego, en Andalucía y ser de izquierdas, es un contrasentido que se estrella contra la experiencia directa. La única riqueza de un obrero, de un asalariado, de un autónomo es el empleo, su empleo y su única esperanza es la igualdad democrática de oportunidades efectivas. Pero, ¿qué igualdad puede obtenerse sin empleo?

En mi adolescencia, cuando jugábamos a la revolución –una expresión tan freudiana como otra para explicar el eros generacional–, se decía que los obreros entrarían en el paraíso de la mano del comunismo. Cuando todos los medios fueran del Estado, los obreros estarían en el Edén. Pero los comunistas rusos y chinos se apoderaron de todos los medios y los obreros siguieron yendo a fábricas, oficinas y campos. El paraíso no llegó salvo para los miembros de la oligarquía soviética. Cuando el socialismo real se descompuso en 1989, toda la miseria real volvió a caer en manos de los obreros y trabajadores y las riquezas se las reparten fifty -fifty la vieja guardia ex bolchevique y las mafias. En China, ya más ilustrados y aleccionados por la historia, el capitalismo puede ser el paraíso del obrero siempre que el sistema lo dirijan... ¡los comunistas! Ser obreros y de izquierdas a la vista de este panorama es un intelectualmente inexplicable. 

Pero, claro, luego estaba y está la socialdemocracia, centrémonos en la española para no divagar. Bueno, ya el paraíso como tal no se ofrecía. Pero se ofrecía bienestar, el Estado del bienestar. Pero la realidad diverge de este aserto publicitario. Se convendrá que si hay bienestar debe haber al menos recursos económicos propios y personales libres para desarrollar un proyecto de vida en libertad, debe haber una educación rigurosa y crítica de modo que se fundamente intelectualmente la elección por dicha vida, la que sea, y ha de haber unas oportunidades sanitarias básicas que permitan la persistencia en la vida el tiempo necesario para que el proyecto cuaje. Por lo menos. 

Sobre las dos primeras no hay ninguna duda. Los obreros, trabajadores asalariados en general y autónomos, no tienen ni han tenido bajo los mandatos socialistas más oportunidades efectivas en el empleo. Y consecuentemente en otros campos de la vida como la vivienda. Al contrario, fue en tiempos del PP cuando se crearon cinco millones de puestos de trabajo, se bajaron los tipos de interés y pudo aspirarse a una vivienda digna. Igualmente, ya había advertencias internacionales sobre el desastre que se cernía sobre la educación española –además del sobrevenido autonómico y nacionalista– y sobre el deterioro cultural de las generaciones actuales. Esto ya es un hecho consumado. España tiene una de la peores educaciones de Europa y estamos en el camino de empeorarla aún más. Y en Sanidad, bueno, tal vez en algunas regiones se haya hecho mejor que en otras, pero en general podría considerarse que su financiación descansa sobre los hombros del IRPF que pagan mayormente los obreros y asalariados españoles de todas las clases y que la "universalización" del servicio beneficia a quienes podrían pagar un poco más, esto es, las clases medias. Pero dejemos ese asunto por ahora. Es decir, ser obreros y de izquierdas, cuando lo único que se ha hecho desde los gobiernos socialistas es ofrecer como máximo el PC y adobarlo con decenas de miles de liberados sindicales afines –200.000 en España se ha calculado–, que pagan los impuestos de los obreros y asalariados, es sublime. 

Si adoptamos la perspectiva andaluza, ser obreros y de izquierda puede llegar a ser, incluso, de psiquiatra. 30 años de gobiernos del PSOE, con el apoyo expreso al alimón de andalucistas –Dios los tenga en su gloria– y comunistas de la IU que no dirigió Anguita, no han dado más que coces a los millones de obreros, asalariados y autónomos que hay en Andalucía. Socialistas y sindicalistas se han "colocado" muy bien durante estos años, pero los obreros y asimilados de a pie, lo único bueno que han conseguido es que sus salarios no se vean atacados por el PC, como máximo. Los cierres de empresas, el paro asfixiante casi durante toda la vida –hoy camino ya del 23 por ciento–, la Junta socialista omnipotente mandando en las cajas que no dan créditos a los autónomos y gastan dinero a espuertas sin crear ni un empleo... ¿Obreros y de izquierdas?

Y, bueno está que no se olvide, la peor educación de España, las pensiones más bajas que la media nacional, igualmente los salarios e incluso las prestaciones por desempleo, no digamos nada de las mujeres obreras y asalariadas, que están entre las más discriminadas de España, menos servicios sanitarios por habitante que otras regiones desarrolladas... Es un pozo sin fondo este memorial de agravios a la clase obrera y trabajadora que se ha hecho y se hace desde la Junta de Andalucía en nombre de la ¡justicia!, de la "solidaridad" y del socialismo mientras hay muchos socialistas de la oligarquía que se hacen empresarios y se especializan en vivir del erario público. Lean nuestra Tela de Araña, que esa sí es una investigación empírica.

¿Obreros, asalariados y autónomos de izquierda en Andalucía? Pues deben estar locos. Si estuvieran cuerdos, cogerían a la familia y se irían a Málaga el próximo domingo 15 de febrero a la manifestación que el PP convoca. ¿Entusiasmos? No, ninguno. Nadie hace más por uno mismo que uno mismo, soberbia lección de la vida y principio liberal por excelencia. Pero, al menos, forjemos un cambio que permita a quienes resolvieron de manera eficiente la crisis que heredaron en 1996, que ensayen sus propuestas en esta Andalucía anestesiada por un régimen despótico e ineficaz. No hay paraísos. Pero hay gobiernos mejores y peores para mejorar nuestra vida sin intervenir en ella de manera obsesiva y peligrosa. Lo dicho: a Málaga.

Y a los sindicalistas de bien, USO, CSI-CSIF e incluso CGT e independientes, que siempre quedan, hagan sindicalismo, defiendan el trabajo y a los trabajadores de los abusos, de las injusticias, de las canalladas. Pero, ¿es que hay mayor abuso, mayor canallada, mayor injusticia que 300.000 familias andaluces en las que no entra siquiera el seguro de desempleo? ¿Hay vergüenza mayor que guardar silencio ante lo que está pasando a cambio de un plato de lentejas? Lo dicho, perder el miedo, dejar los prejuicios, defender lo propio, el trabajo, y a Málaga, que la calle no es del PSOE ni de IU, ni de CCOO ni de UGT. La calle es de los andaluces y andaluzas. De todos. Y nuestros obreros, autónomos y asalariados, tampoco son de nadie. Son de sí mismos. Y el día que la una y los otros no sean de todos estaremos en una dictadura. Y de eso, nada, monada.

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