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Palacio de San Telmo

Romance de Manolito

Manolito, Manolito,
caballa de Andalucía,
el día que tú llegaste
qué malo se puso el día.
Borbolla quedó estrellado,
Escuredo no existía,
Alfonso tenía a su hermano
a punto de fiscalía
y tú, que antaño bregaste
junto a la sindicalía,
y tú, candidato a palos
tras una huelga bravía,
tú, esquirol de los contratos
basura de tó la vía;
tú, el amigo de Isidoro,
el de la leche poría,
tú, la cabeza más grande
de toda la oligarquía...
tú tuviste que venir
hace ya una coconía
para que a los andaluces
nos diera una alferecía.
Manolito, Manolito,
el que en Ceuta adolescía
en los cuarteles que Franco
tras su victoria imponía,
no en exilios dolorosos
ni reo de la tiranía
(el autor de este romance
sí estuvo en celdas umbrías
cuando todo el PSOE junto
en una mano cabía),
el que soñaba en las noches
que con Cuarto no podía
(era Cuarto de Derecho
y eras tú quien no dormía)
el del escudo del Barça
en la cara enmorecía,
el que cayó una mañana
de boca cuando corría
en la cinta del gimnasio
donde pasa medio día...
Pobre cinta, pobre cinta,
que, aplastada, se dolía
de aquel cabezazo récord
de cualquier anatomía.
(Natural, que los asuntos
de toda la Andalucía
exigen musculatura
más ración de ideología).
Ay, Manolito, Manolo,
con lo lejos que vivías,
¿quién iba a decirte a ti,
que eras una medianía,
que ayudado por un juez,
por puestos, por regalías,
por Canal Sur, por tu Prisa
y otros de la mamelía,
burocracias, lagartijos,
subvencioneros, guarrías,
productores patanegra,
plumas de la hipocresía,
empresarios de la cuerda,
por una legión de arpías,
por el lobby gaditano
del préstamo que debías
y que debes, oh, moroso,
de toda la morosía,
ayudado por traidores
como el infame Zarrías
y por los renovadores
de la nada nadería
(avispados pizarrines
y sectarias peralías
del clan de Alcalá, famoso
por su red de anomalías)
quien te iba a decir a ti
cuando la fotografía
famosa de los pioneros
de la tortilla manía,
que ibas a ser el gran capo
de toda esta progresía
y que, como Franco, pides
cuarenta años y un día
para remodernizarnos
el alma y la economía.
Ay, que somos tela antiguos,
ay, que somos parvulía,
ay, que somos retozones,
y tú, Manuel, plusvalía,
valor añadido, magro,
apabullante utopía,
el segundo advenimiento
–modernización sería
de no ser gran bobería
y algo de majadería–,
tú, compañero , Manolo,
tú, líder, jefe, "Mesías"
tú, alegría de la huerta,
oh, rey de la Andalucía,
el que a los ricos robaba
y a los pobres socorría,
¿o es al revés? Bueno, vale,
que algo de robar había
en aquellos casos, muchos,
Olleros con Autovías,
Guerras con despachos, Expos
y Filesas raterías.
Y no se olvide la compra
de El Correo de Andalucía,
con tu Polanco y las Cajas
negociando a aparcería.
Manolito, Manolito
déjate de tonterías.
No pedimos que te vayas,
que es una descortesía,
y es algo que hará la gente
en la urnas cualquier día.
Pero que sepas, Manolo,
y toda tu sacristía
que cuando viniste al Sur
vino la melancolía,
un esfuerzo inútil, años
perdidos, galimatías
y desde entonces, qué chungo
le va a nuestra Andalucía.
Siempre a la cola de España.
Siempre de mitomanía.
Siempre de mentira y coro.
Siempre palabras vacías
(Por cierto, Manolo, tienes
una lengua de acedía
que donde dice Teófila
pronuncia Teorofilía
o doña renta per cápita
que eso ya es psicopatía)
Y por si faltara algo,
nos jartas de asimetría
y tapas que Maragall
nos afana la alcancía.
(Por cierto, ya viene Otegui
borracho de chulería
a robarnos la nación
y nuestra soberanía)
Y tú, Manolo, callado
ante tanta villanía,
cómplice de los entuertos
que un Quijote desharía.

Estrambote obligatorio
ante otra salvajería

Y ahora, encima, tu palacio
nos cuesta una economía.
Son 52 millones
de euros, qué truhanería
cuando están los mileuristas
haciendo bellaquerías
para pagar unos préstamos
que sí se pagan. ¿Sabías
que todas sus hipotecas
las paga la mayoría?
Como tú no pagas nada,
ni pagas lo que debías,
es natural que no sufras
por tu megalomanía.
Es que son ya nueve mil
millones de las manías
pesetas, que para hacer
tres palacios nos daría.
Es que nos cuesta a nosotros
y le cuesta a Andalucía.
¡Qué pasote, Manolito!
¡Qué fuerte, qué bordería!
Aunque nos sigas poniendo
cara de no velería
ya sabemos todos que
esto es una golfería.
 

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