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Andalucía

Rubalcaba, persona non grata

La verdad no se averigua o tarda año y medio en averiguarse. Cuando se averigua, los responsables de los hechos, por acción, omisión o encubrimiento, siguen en sus casas mientras los pequeños rateros soportan cárcel preventiva durante meses por el hurto de una radio o una bicicleta. Cuando no se averigua, comienza a extenderse la especie de que hay cosas que son inaveriguables en sí mismas y que, aunque el criminal nunca gana, a veces lo hace durante años. Y se abandona toda búsqueda, toda pesquisa, toda investigación esperando que la suerte o el milagro resuelvan lo que ha quedado sin resolver. En ninguno de los casos se dan explicaciones suficientes a las familias implicadas. Tampoco se le dan a la ciudadanía. Se pone la radio y Rubalcaba habla sobre la Gürtel. El que fuera portavoz del Gobierno de los GAL, el que fuera infractor de la normativa electoral el 11-M, el primer ministro del Interior que ha visto convertirse a la policía en traidora de sí misma con un infame chivatazo a ETA. Rubalcaba debiera ser persona non grata para los españoles, especialmente para los andaluces.

Los andaluces estamos soportando que unos niñatos, por el hecho de que hay un menor entre ellos o porque hay una de ellos que es hija de una distinguida dirigente socialista andaluza, se estén cachondeando de la ciudadanía y de una familia de bien que, tras nueve meses de la desaparición de su hija, aún no saben dónde está su cuerpo a pesar de haber confesado el mal nacido Carcaño que la mató y, en ocasiones y según le haya convenido para que hubiera jurado o no, que la violó. Lo único verdadero que la policía ha podido comunicar en este caso es que no tenía "ni puta idea" de dónde estaba el cadáver de Marta y de cómo sucedieron en realidad los hechos. Si ello es cierto tras tantos días de angustia y tortura para una buena familia es porque las cosas tienen que haberse hecho muy mal, hasta el punto de que muchos recuerdan a la Guardia Civil, menos permeable que la Policía a presiones, divisiones e incluso traiciones.

Es decir, que no se puede hacer nada. Los jóvenes delincuentes se mofan del juez, de la familia, de la policía, de los ciudadanos profanando con su silencio el derecho al descanso de la asesinada y Rubalcaba nos quiere hacer creer que no se puede hacer nada. El abuelo, por sí mismo y con sus medios, se va a una zanja de la localidad sevillana de Camas a confirmar o desechar una de las hipótesis y la policía le acompaña unas horas y luego se retira. De ese modo, Marta se pudrirá en el infierno del olvido y la desesperación hasta el fin de los días. Y no podemos hacer nada, repite Rubalcaba. Debemos garantizar los derechos de los asesinos, cierto. Pero, ¿quién garantiza los derechos de las víctimas? No debemos torturar a los delincuentes como en los tiempos del franquismo, se dice. ¿Y cómo evitamos que unos delincuentes torturen a los padres de Marta con su silencio y, lo que es más grave, con su cachondeo cínico y chulesco? Pues si la Policía no puede hacer nada, tendremos que hacerlo los ciudadanos. Si la instrucción del caso se ha hecho de forma deficiente o insuficiente, que se haga una nueva, por ejemplo, lo que permitiría interrogar de nuevo y a fondo a todos los implicados.

Y luego está el esperpento del robo de las drogas en ese patio de Monipodio que parece ser la Comisaría General, un sitio público y policial donde álguienes son capaces de robar 150 kilos de drogas haciendo posible que siete delincuentes encarcelados a la espera de juicio por tráfico de estupefacientes salgan en libertad por, sencillamente, la desaparición física de las pruebas que los imputaron. Eso ocurrió en marzo de 2008. No se supo hasta dos meses más tarde. Se comenzó a investigar, dijo Rubalcaba, en junio de 2008 y hace bien poco tiempo, se localizó a algunos de los participantes, policías de la UDICO en excedencia y socios. Este fin de semana nos desayunamos con tres mandos policiales imputados por el juzgado, al parecer, por encubrimiento.

Pero siguen en su casa. No hay cárcel preventiva para tres sujetos que sabían quiénes habían robado las drogas porque el presunto delito de encubrimiento será debido a que estaban encubriendo a quienes ellos sabían eran los autores de las drogas. No hay castigo preventivo para quienes han guardado silencio mientras el escándalo anidaba en el corazón de todos los españoles que no salían de su asombro al comprobar que se había puesto a unos zorros a cuidar de unas gallinas. No hay nada para quienes ni siquiera sabemos si han cobrado o no por su silencio. Nada. En casita y a respetar el secreto del sumario, en este caso, claro, porque en otros muy conocidos, el secreto del sumario es un cachondeo y los informes policiales van y vienen por las redacciones de los periódicos amigos, ¿verdad, Rubalcaba?

Lo dicho. Persona non grata.

 

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