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Por qué dejé de ser de izquierdas

Tres propuestas adicionales

Estaba el otro día hablando con nuestro colaborador y amigo Rafael Quirós acerca del libro Por qué dejé de ser de izquierdas, de otro amigo, Javier Somalo, y de Mario Noya, cuando se nos vino a la cabeza una idea. Las ideas mejores son las que se realizan, me enseñó una vez un, válgame Dios, realizador de televisión bien acostumbrado y hastiado de bregar con ideas imposible, banales o menores. Tacho de la Calle, así se llama, tuvo el infortunio, luego lotería del destino, de dar forma televisiva al Campeonato del Mundo de Ajedrez de Sevilla de 1987, en el que un servidor fue humilde guionista. Aun no sé muy bien cómo lo hicimos, pero se convirtió en el programa más visto del fin de semana de la Uno. Mira que era difícil: dos culos sentados, dos cocos invisibles y dos personalidades comprimidas alrededor de un tablero. Pero los gestos, las miradas, los movimientos de las manos y los pies, los sentimientos del aire, los ojos del público –algunos comprados por los jugadores para incordiar al adversario–, sus reacciones, las ideas de los compañeros, la música y el deseo común de ayudar al ajedrez en España, convirtieron lo que podría haber sido un peñazo en algo digno de verse y disfrutarse. Aquella idea se realizó. Fue buena idea.

Pues bien, vamos a la propuesta decente. He estado repasando en estos días el blog que se abierto en la Editorial Ciudadela sobre otros testimonios de personas que fueron de izquierda y ya no lo son. Es de una riqueza humana apasionante, pero cuenta con el desorden de la ocurrencia y la circunstancia. En opinión de Rafael Quirós, responsable de Solidaridad Directa y militante de la izquierda en los tiempos difíciles por los que fue detenido en Rota hace ya más de 30 años, y en la mía propia, la buena idea del libro, de Javier y Mario debe continuarse y ser más fecunda de lo que ya ha sido. Se trataría, por orden, de hacer tres cosas sucesivas:

1. Además de este libro, ya en la suerte donde manda el público, podría comenzar a escribirse otro donde otros protagonistas continuaran el relato de cómo una idea del mundo, de la vida, de la moral y de la política puede convertirse en otra bien distinta cuando el tiempo, ese realizador fundamental, opera en los pliegues de la piel y del espíritu. Federico, César, José María, Juan Carlos, Javier y los demás están, estamos muy bien así. Pero hay otros muchos que podrían contar lo mismo. Haciendo recuento rápido de los más amigos y más próximos, contabilizamos no menos de 20 personas por provincia que podrían contar casos parecidos. Su renombre es menor, sí, pero el valor humano de sus testimonios en absoluto será inferior. La editorial Ciudadela podría, o no, recoger el guante de esta idea, pero en cualquier caso podríamos confeccionar una relación, ahora sí, con nombres, apellidos y DNI, de muchas personas, hombres y mujeres, artífices en gran medida de la "realidad" de la transición y de los cambios hacia la democracia, que han sido ensombrecidas, orilladas o sepultadas por esa mala historia oficial, siempre historia de los que han tenido el dinero, el poder y la gloria. Aquéllos, no tengo duda alguna, fueron bien valerosos, bien generosos, bien sacrificados y si ahora tienen silencio y olvido es por culpa de muchos factores, entre ellos el factor propio, el falso sentimiento de modestia y pudor que les ha llevado a callar una experiencia que puede ser rica y hermosa para las presentes y futuras generaciones de españoles.

2. Pero, claro, esto es insuficiente. Podremos tener uno, dos, tres libros, un blog, una página web para quienes dejaron de ser de izquierdas. Pero en ese colectivo hay toda una experiencia, toda una fe –perdida en alguna causa pero no en todas–, un caudal de emociones, de experiencias y de capacidad crítica que debe ser aprovechada. Por ello, proponemos decentemente que se celebre un Encuentro Nacional de personas que fueron de izquierda –ya vendrán los reglamentos–, de modo que cada año podamos reunirnos, dar nuestro punto de vista, que no tiene que ser único ni unívoco, sobre la realidad nacional española y europea. No se trata de dar a luz un pensamiento cerrado acerca de nada sino una reflexión abierta acerca de todo. Hay una cosa que tenemos clara: sabemos cuál fue nuestro error y sabemos lo que no queremos. Lo que queremos no tiene por qué ser idéntico, pero ya sabemos que eso no es lo importante. Lo importante en una democracia sana es el pluralismo intelectual e ideológico. de modo que sobre un mismo problema pueden aportarse soluciones concretas. ¿Difícil? Sí, lo es. Como el Karpov-Kasparov de Sevilla. Incluso más.

3. Por último, y si todo lo anterior funcionara adecuadamente, podríamos reflexionar sobre la oportunidad y conveniencia de constituirnos los que quisiéramos en una asociación civil, de modo que desde ella pudiéramos combatir el sectarismo, la intransigencia, el despotismo, la mentira y la estupidez. En España no nos parece que hagan falta más partidos. Lo que hace falta es más sociedad, más ideas, más crítica en tanto que discernimiento y comprensión de las realidades, más valores democráticos, más liberalismo (en el mejor sentido de la palabra liberal). No hay por qué tener muchas ideas en común, sino sólo las fundamentales y vitales en las que cupiéramos todos, incluso nuestras diferencias y matices.

Bueno, ésta es la propuesta. Es decente y para ponerla en práctica no haría falta dinero, salvo el de los propios interesados. Hoy, con Internet de por medio, podemos mantener una relación horizontal sistemática y vertical en lo que acordemos. Sé que toda idea o propuesta que parte sólo de algunos es imperfecta en alto grado. Bien. Pónganse a ello, denle vueltas y dígannos en libro2008@gmail.com. ¿Y si puede realizarse?

 

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