Opinión
Noticias y opinión en la red
Opinión

Arzalluz odia (casi) todo lo vasco

Los comunistas se proclamaban representantes de la “clase obrera”, y lo primero que hacían donde triunfaban era privar a los obreros reales de cualquier derecho, eso sí, entre una nube cegadora de incienso al “proletariado” y su “misión histórica”. De modo similar, Arzallus y sus nacionalistas, convencidos de que Vasconia es una finca que les pertenece, quieren embaucar a sus habitantes con literatura ultravasquista. A quienes no pasan por el aro les llaman, no adversarios suyos sino enemigos “del pueblo vasco”, tal como los comunistas los llamaban “antiobreros”.

Arzallus acaba de decir que el PP “odia todo lo vasco”, porque quiere acabar con tétrica situación creada allí por los nacionalistas. En el fondo de estas actitudes, hay un desprecio y odio profundos a aquellos que dicen representar. El PNV define el “ser” vasco a partir del idioma vascuence, cuando la lengua materna de la gran mayoría de los vascos es el castellano. Discrepar de los aranistas no significa despreciar u odiar el vascuence y su cultivo, pero Arzallus y sus maníacos sí odian el idioma de la mayoría de sus paisanos, el castellano, y aspiran a que esa mayoría se sienta acomplejada, y abandone o postergue uno de los idiomas más hablados y útiles del mundo, al que tantas contribuciones han hecho los vascos, entre los cuales ha estado presente desde su formación a partir del latín.

¿No significa eso despreciar un elemento consustancial de la cultura y la expresión del pueblo vasco durante siglos, prácticamente desde que puede hablarse de una cultura superior, más allá de las costumbres populares? ¿No es una chifladura aspirar a infligir a ese pueblo tan tremenda mutilación espiritual? La cosa merecería una carcajada, si la experiencia del siglo XX no demostrara que tales chifladuras han causado a veces en tragedias.

Ese odio gratuito y obsesivo hace, desde luego, el peor servicio posible al vascuence. Julián Marías ha recordado cómo en los años 30 llegó a sentir despego por el alemán, tan apreciado por él antes y después, al convertirse en vehículo de la brutalidad nazi. Para muchas personas, el vascuence se está desprestigiando como signo de la opresión y violencia nacionalista.

La perversión del lenguaje tiende trampas difíciles de evitar. La identificación del PNV con “lo vasco”, es una de ellas. En realidad, los nacionalistas perjudican a sus supuestos representados, a quienes han privado de buena parte de la libertad y la seguridad de que gozan el resto de los españoles. Aquellos aman una “Euskadi” ficticia desde el nombre, y odian a la Vasconia real y a la mayoría de sus habitantes. En eso hay que insistir.