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Críticas y falsificaciones

Mi amigo Juan José Calaza me hace a veces críticas sustanciosas. Por ejemplo, sobre el artículo Lavar los pies al bandido, referente a la conducta política del PNV y el PSOE: “Si sólo fuera lavar los pinreles al enemigo, hermano Luis; lo malo es que le besan el culo al diablo, que es, según los especialistas, el más horroroso de los pecados”. Más dura es quizá esta observación, referente a otro artículo sobre algunos vales disparatados de los anarquistas durante la guerra (Seis porvos con la Lola, y similares): “Me asombra que hayas caído en esa trampa. Eso es como lo de “habla la lengua del imperio”, que lo difundían sobre todo los nacionalistas para soliviantar a los buenos catalanes (y lo siguen haciendo). Esos vales son falsificaciones para desacreditar a los anarquistas, así que deberías ejercer el sentido crítico no sólo en una dirección”.

Tiene razón. Lo de la lengua del imperio pudo ocurrírsele a algún falangista desatado, pero sin duda los nacionalistas lo utilizaron como un filón de oro. En cuanto a los vales, me inclino a creer en su autenticidad, pero es sólo una inclinación, y el margen de duda es más que suficiente como para que lo hubiera advertido. Lo señalo ahora y mea culpa. El artículo, de todas formas, sólo quería explotar un suceso pintoresco y llamativo –aunque dudoso, pero hay otros ejemplos más fehacientes– para exponer cómo a menudo una medida bienintencionada, dirigida a acabar con los males del dinero, pero poco meditada, da lugar a resultados prácticos totalmente contrarios a los esperados.

Volviendo a las falsificaciones, la propaganda está tan infiltrada en la política, que un historiador, si no anda con pies de plomo, puede fácilmente caer en cualquier trampa. Puede dar, por ejemplo, con números del órgano del Partido Comunista, Mundo Obrero, de los años cuarenta, adornados con maldiciones tan insólitas contra el franquismo como ésta: “que el sol le niegue su luz y las mujeres su amor…”. En realidad de trataba de un periódico falso. El militante José Satue recuerda cómo “la policía parecía descojonarse redactando el Mundo Obrero. Me llamó la atención el que en alguno de aquellos números “clandestinos”, hechos en Madrid, se citaba por ejemplo a Shakespeare. Unos versos sacados creo del Enrique II, decían… lo ya visto: “El descojone a costa nuestra”. El inventor de aquellas burlas era el policía Conesa, que llegó a hacerse famoso en el secuestro de Oriol y Villaescusa, y que, por lo visto, no era el tipo simplón, eficaz a fuerza de bruto, pintado por la izquierda.

Otras trampas son fabricadas por los mismos historiadores. Ya expuse en Los mitos de la guerra civil, tan mal acogido en ciertos medios políticos, cómo se crean falsas imágenes de tales o cuales políticos a base de ocultar sus contradicciones y de olvidar relacionar sus palabras con sus hechos. Salen imágenes de cartón piedra, pero ese es precisamente el material con que trabaja la propaganda.

Disculpen ustedes cierta frivolidad en estas líneas, pero las tensiones de estos días me tienen la cabeza un poco más cargada de lo habitual.

Lea también en la sección de Cartas las puntualizaciones de Pío Moa a una nota de PSOE y IU sobre su intervención en el programa de TVE "El Tercer Grado".