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Partido Socialista

El más nefasto de la historia de España

Al llegar la transición, el chalaneo oportunista de Suárez se empeñó en fomentar al PSOE y los separatismos: ¡todos eran demócratas, más aún, puntales de la democracia! Se pretendía utilizarlos de barrera frente a los comunistas y la ETA (los verdaderos antifranquistas, por otra parte). Y solo pudo hacerse a base de borrar la historia, confirmando el dicho de que pueblo que la ignora se condena a repetir lo peor de ella.

Pocas cosas hay en España más desconocidas que el pasado del PSOE, un partido surgido en una Restauración que le permitía vivir (organizarse, ganar diputados, alcaldías y cargos diversos), mientras que él decidió desde el principio no dejar vivir a la Restauración, precisamente por ser esta liberal. Así, se compinchó con el pistolerismo anarquista, justificó el atentado contra líderes de la derecha, organizó la llamada huelga revolucionaria de 1917, mezclada con terrorismo. Su demagogia y violencias fueron una causa mayor del derrumbe de la Restauración y de la dictadura de Primo de Rivera. Después, en la república, socavó sin tregua y, nuevamente con terrorismo, la legalidad y organizó directa y textualmente la guerra civil. Una leyenda urbana derechista culpa de la guerra al PCE, cuando fue realmente el PSOE el factor principal. Luego, tras robar a mansalva a todo el país y ser derrotado por Franco, quedó como un grupillo inane. Puede decirse que lo único bueno que hizo el PSOE en su historia fue colaborar activamente con Primo de Rivera y pasivamente con Franco, a quien no hizo oposición real: con dos dictaduras infinitamente mejores que la que siempre quisieron imponer los socialistas y que tanto contribuyeron estos a provocar como último remedio.

En la transición, lo he recordado en mi libro, al olvido de la historia se sumó un derroche de promoción y dinero a favor de aquel grupúsculo, hasta convertirlo en un partido de masas. Y desde entonces hemos tenido un par de experiencias de tales "demócratas". La primera, bajo el lema fraudulento de los "cien años de honradez", dio paso a oleadas de corrupción, ataques a la independencia judicial, mezcla de colaboración y terrorismo gubernamental con respecto a la ETA, y a 3 millones de parados (del franquismo había salido el país con un paro insignificante). La segunda experiencia agravó aún más el balance, rescatando a la ETA de una situación comatosa, creando una crisis institucional de separatismo, de la justicia y de todo el estado de derecho, junto a cinco millones de parados (esto, el partido "obrero"). No obstante, muchos insisten en el cuento ridículo de un PSOE "demócrata y necesario". Pero, ya lo dijo, Schiller, contra la estupidez los mismos dioses luchan en vano, y la estupidez es una de las fuerzas rectoras del mundo, con magnífica representación en España.

Obviamente, los socialistas son personas como las demás. ¿Por qué, entonces, su balance histórico es tan trágico en unos casos y calamitoso en todos? Porque sus concepciones ideológicas llevan necesariamente a eso. El PSOE nació como partido de "lucha de clases", una teoría no solo falsa, sino directamente guerracivilista, lo cual se refleja en su programa máximo y en toda su actuación. En 1979 no renunció al marxismo, la doctrina más totalitaria del siglo XX, sino que, debo recordar, lo mantuvo como "instrumento crítico y método de análisis". Se dirá que su marxismo fue siempre pedestre y que ni ellos mismos sabían qué era eso de la crítica y el análisis. Cierto, pero queda la motivación e intencionalidad esenciales: socavar de un modo u otro la sociedad actual: la familia, las libertades, la raíz cultural cristiana, el espíritu de empresa y la nación española. Su balance histórico no es casual, corresponde a tales premisas, que en la mayoría de los socialistas se han vuelto inconscientes.

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