Opinión
Noticias y opinión en la red
Ángel Viñas

Entre Negrín y Besteiro

La piedra angular de toda la historiografía lisenkiana sobre la España reciente consiste en el dogma de que el Frente Popular representó la legitimidad democrática. Como he expuesto en otras ocasiones, a partir de ese grotesco disparate solo puede construirse un cúmulo de despropósitos y pasar de la historiografía seria a la propaganda stalinista. Ello lo percibimos claramente en Viñas y su defensa de Negrín, incluso en la actitud común del defensor y el defendido de supeditar los intereses españoles a los soviéticos, como vimos en el artículo anterior.

Tanto la convicción como el método de Viñas se ponen nuevamente de relieve al tratar otra acusación hecha comunmente a Negrín: "Fue el hombre de Moscú. Falso. Negrín diseñó una estrategia que contó al principio con un amplio consenso, pero que fue rompiéndose poco a poco. Hubo de jugar con unos y con otros hasta descansar en los comunistas y en un sector socialista. Azaña, algunos republicanos burgueses, el PNV y ERC le aislaron mientras asestaban puñaladas traperas en Londres y París a la credibilidad de la resistencia. La idea de que Negrín fue un juguete de los comunistas es una construcción ideológica".

Muy bien, pero Negrín y los comunistas coincidieron en todo lo fundamental, qué casualidad. Difícilmente podría ser de otro modo, habiendo entregado Negrín a Stalin el control del oro español. ¿Y por qué "fue rompiéndose ese consenso"? Pues justamente porque la estrategia de Negrín se traducía, en la práctica, en la plena imposición de la estrategia comunista. Que en realidad era la única coherente dentro del Frente Popular; aunque, claro, tan "democrática" como el propio Stalin. Azaña y compañía asestaban "puñaladas traperas" a Negrín no sin un poderoso motivo, que el propagandista Viñas ni se molesta en considerar: porque la posibilidad de ganar la guerra bajo hegemonía staliniana-negrinista les iba pareciendo una pesadilla peor que el triunfo de Franco. Al final –también lo olvida Viñas, historiador singularmente desmemoriado– los descontentos e inquietos se sublevaron a la desesperada, organizándose dentro del Frente Popular una nueva guerra civil cuya alternativa era: "Negrín o Franco". A aquellas alturas Casado, Besteiro, Mera, el padre de Carrillo y tantos más, prefirieron la victoria de Franco. Nada más ilustrativo de la verdadera situación. Pero al negrinista-stalinista Viñas estos "detalles" se le escapan.

Las razones del creciente pánico de Azaña, la CNT, un sector del PSOE y muchos otros a un triunfo bajo el poder negrinista-comunista quedan indicadas, aunque muy vagamente, por otra acusación que Viñas presenta así: "No hizo nada para impedir el rapto y asesinato de Andreu Nin. Falso. Ambos fueron una operación diseñada y ejecutada por Alexander Orlov, de la NKVD, que llevó a cabo con agentes soviéticos y comunistas españoles, sin conocimiento de Negrín. Nin fue asesinado a los pocos días de su detención". Muy bien, pero ¿fueron los asesinos debidamente investigados y castigados, o amparados de hecho? ¿Fue el de Nin el único asesinato de ese tipo? ¿Cómo fue posible que el NKVD operase en España de esa forma, al margen de las autoridades españolas? ¿Y cómo, a continuación del asunto Nin, Orlov se convirtió en el inspirador del tenebroso SIM negrinista-prietista, una policía política con el patrón de la Cheka? Estas preguntas y otras parecidas tienen la mayor relevancia, aunque Viñas ni se las plantee. En realidad, la España de Negrín era un régimen de estilo cada vez más soviético, y Azaña y tantos más tenían todas las razones para alarmarse e intentar "puñaladas traperas" contra él. No por su carácter sanguinario, pues el Frente Popular lo tuvo desde las mismas elecciones del 36, sino porque cada día veían con más claridad que las víctimas no iban a ser solo de derechas. De todo esto no suele hablar la historiografía lisenkiana, pero, nuevamente, sin tenerlo en cuenta la historia se convierte en galimatías.

Volviendo al primer punto, la elección entre Franco y Negrín (o entre Franco y Stalin), que motivó la guerra civil dentro del Frente Popular en marzo de 1939, vale la pena recordar las frases de Besteiro: "La línea bolchevique es la aberración política más grande que han conocido quizá los siglos (…) La reacción contra ese error de la República de dejarse arrastrar a la línea bolchevique la representan genuinamente, sean cuales sean sus defectos, los nacionalistas [los nacionales] que se han batido en la gran cruzada antikomintern". Para los negrinistas, Besteiro es el traidor.

Besteiro representaba en el PSOE justamente lo contrario de Negrín: la democracia frente al totalitarismo, la paz civil frente al guerracivilismo, la independencia nacional frente a la supeditación a otras potencias, la honradez real y sin exhibiciones frente a la honradez ficticia como fachada de una corrupción rampante. Viñas –como el Gobierno y el grueso del PSOE actual– ha optado por Negrín. Con lo cual se retrata, y de paso degrada la historiografía al nivel de una propaganda barata.

Lo más popular