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Franco y Auschwitz o la historia según El País

Leo unos textos del ilustre historiador Jorge Martínez Reverte exigiendo que la Iglesia pida perdón por no sé qué fechorías presuntamente pedófilas del "cura Bolita", que por lo visto le dio clase a él. Y no sólo por eso, pues la Iglesia española parece no haber hecho lo que, según don Jorge, tenía que hacer ante los crímenes nazis, además de azuzar al franquismo contra comunistas, masones y judíos. Por la religión católica, asegura, se han cometido inmensas tropelías contra ciudadanos indefensos. Y, para colmo, la Iglesia apoyó al franquismo, crimen de los crímenes. Así que, en nombre, supongo, de comunistas, masones, judíos y niños víctimas de la pederastia, nuestro historiador exige que la Iglesia pida perdón, aunque "ya veremos si se lo concedemos". Todo esto, como es natural, en El País (aunque podría haber sido también en el abiertamente pro chekista Público), un periódico fundado e inspirado por personas que tuvieron altos cargos en el denostado franquismo pero que después cambiaron de opinión, sin molestarse en explicarlo, aunque tampoco hacía falta, todos intuimos sin dificultad el porqué. Un cambio de opinión que no fue de estilo pues, entre otras cosas, ese periódico sigue preconizando y aplicando la censura contra opiniones discrepantes.

Ya en alguna otra ocasión me he ocupado de este brillante historiador lisenkiano, con quien coincidí en la Escuela Oficial de Periodismo, donde él militaba en otro de los grupos comunistas de la época. Supongo que desde entonces habrá cambiado algo, aunque no mucho, a juzgar por sus tiradas. Y como buen historiador de su género –o tal vez se deba a la edad–, demuestra unas lagunas de memoria en verdad preocupantes. Así, aunque haya curas pedófilos, qué se le va a hacer, la Iglesia se ha opuesto siempre a la pedofilia, mientras que la gente del estilo de El País cultiva todos los argumentos previos a favor de ella, y seguramente esa aberración prolifera mucho más en medios progres que en los clericales. Una mínima reflexión le haría ver a mi antiguo amigo Jorge estas evidencias.

Con respecto a los comunistas, masones y judíos, un historiador medianamente serio no puede plantear las cosas con tal tosquedad. Los comunistas y muchos masones participaron de forma destacada en la más sádica y sangrienta persecución religiosa de los tiempos modernos, por lo cual nadie sensato puede esperar que la Iglesia, aunque perdonase, tuviera hacia ellos una actitud masoquista. Por la misma razón, la Iglesia sólo pudo apoyar al franquismo, que la salvó muy física y directamente del exterminio. Un exterminio, tampoco debe olvidarse, acompañado del robo masivo de bienes propiedad de todos los españoles. Es sorprendente, o más bien debiera serlo, pero a estas alturas nada nos espanta, que un historiador de izquierda no sólo haya perdido la memoria de estos hechos sino que, donosamente, exija a las víctimas que pidan perdón a sus verdugos. Llego a pensar que siguen secretamente, y no tan secretamente, orgullosos de sus viejas matanzas y saqueos.

Respecto a los judíos, hace poco publicaba El País, en su estilo patrañero, un amplio reportaje sobre la actitud de Franco ante la Shoah. Que Franco mantuvo a España fuera de la guerra mundial y que salvó a miles de judíos son dos hechos indiscutibles que la izquierda simplemente no puede asimilar, porque rompen todos sus esquemas. Por ello trata de desvirtuarlos con retorcimientos que llegan a la comicidad: la neutralidad española no habría sido mérito de Franco, sino de Hitler, o bien "un milagro"; el salvamento de judíos no respondió a una política deliberada, sino a acciones particulares de algunos diplomáticos al margen o incluso contra las directrices del Gobierno (es sabido que a Franco no le hacían el menor caso sus funcionarios), o bien a la codicia, para rapiñar los bienes de los perseguidos por los nazis.

El reportaje abunda en errores como hablar de masas de judíos enviadas "directamente al crematorio", o de que Eichmann había negociado con los Aliados la liberación de un millón de judíos a cambio de "dinero que les permitiese continuar la guerra". Nada más falso. La oferta, nunca bien aclarada, fue de ese número de judíos a cambio de sólo diez mil camiones, y los Aliados la desestimaron. Al respecto habría estado bien que el reportero citase las palabras de Ariel Sharon, en su visita a Auschwitz, sobre la extraña inoperancia de los Aliados en relación con el Holocausto. Asimismo, el reportaje ofrece una foto imposible de supervivientes de Auschwitz, niños sobre todo, de aspecto físico bueno y hasta rollizo. O explica: "Sanz Briz era un tipo elegante, joven, de misa diaria"... y franquista a lo largo de toda su carrera, detalle significativo que significativamente pasa por alto el informador.

La tesis esencial de El País sostiene que Franco supo lo que ocurría en Auschwitz por los informes de Sanz Briz, pero lo ocultó y no hizo nada: "El tema del Holocausto quemaba a Franco, le traía muchos dolores de cabeza. Casi tanto como a la propia Iglesia". Desde luego, Franco tenía constancia de la política persecutoria de los nacionalsocialistas hacia los judíos, por informes de médicos y diplomáticos españoles, como he expuesto en Años de hierro, aunque no podía sospechar la amplitud de la misma. Pero insiste el reportero, citando al historiador alemán Bernd Rother: "Ahí se demuestra que Franco conocía con exactitud el tamaño de la matanza. No admite dudas". Historiador al estilo de Martínez Reverte, según vemos. Lo que conoció Franco fueron informes parciales, imposibles de comprobar desde Madrid, a los que pudo dar más o menos crédito, dada la proliferación de las "mentiras de guerra" y que, como admite el periodista, "incluso para la resistencia antinazi era difícil imaginar que algo así estuviese pasando con los judíos". Pero con todo descaro concluye El País que dichos informes "sirven para confirmar hasta qué punto el Gobierno de Franco, simpatizante de Hitler en la Segunda Guerra Mundial y ambiguo en sus posiciones hacia el final de la contienda, conocía con todo detalle el plan que los nazis estaban llevando a cabo para exterminar a los judíos". Las simpatías de Franco por los nazis fueron muy relativas, nunca se supeditó a ellos, y no conoció con todo detalle ningún plan nazi respecto de los judíos ni de cualquier otro asunto, sino, como queda dicho, sólo informes parciales e incomprobables.

Redondea el periódico la patraña acudiendo a otros historiadores por el estilo, como Antonio Marquina, que ha dado explicaciones en verdad pintorescas sobre la neutralidad española, o el también muy "olvidadizo" Julián Casanova, los cuales, con típica hipocresía, elogian a Sanz Briz sugiriendo, casi, que obraba contra Franco. O, afirma el reportero, "Con Serrano Súñer, un ministro pro nazi, lo que hizo Sanz Briz hubiera sido un suicidio". Con Serrano Súñer se inició precisamente la política de protección a los judíos sefarditas y de autorización o vista gorda ante los perseguidos que cruzaban los Pirineos hacia España, incluso ilegalmente. En fin, cosas de El País, que también podría titularse El Chafardero Indomable, como otro periódico célebre.

Pero el hecho histórico real, contra el que se estrellan todas las retorcidas especulaciones habituales, es que, tuviese Franco la opinión que tuviese de los judíos y le "quemase" el Holocausto más o menos, a él y a la Iglesia, tanto uno como la otra salvaron a muchos miles de hebreos. Lo que no puede decirse de muchos más regímenes, incluyendo los Aliados.

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