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La mala estrella del Ateneo de Madrid

El Ateneo de Madrid fue en otro tiempo una institución española de notable originalidad, que, cosa rara entre nosotros, hizo escuela y dio origen a otros numerosos ateneos en España e Hispanoamérica, desde Barcelona a Puerto Rico. Fue sin duda un gran centro intelectual, el mejor y más influyente que haya funcionado en nuestro país, tan poco dado a instituciones de este género. E influyó notablemente, aunque de modo indirecto, en la política, sobre todo durante la Restauración (Cánovas lo apoyo mucho).

Contra lo que suele creerse, tuvo carácter liberal conservador (“liberal templado”, escribió Azaña). Ese carácter varió en vísperas de la república, cuando pasó a centro de agitación y vocerío político. El propio Azaña favoreció esa transformación, que le convino al principio, hasta volverse contra él. Siendo ya ministro de la república, no ahorra invectivas a la “docta casa”, poblada por “una gran masa de socios anodinos”, junto con los “inútiles y fracasados que en todo tiempo se han refugiado en el Ateneo”, pero que se habían vuelto los amos del lugar: “pobres diablos, torpes casi todos, pedantes ratés algunos, grillados otros. Alguno se hace el comunista tremebundo”. En resumen, “Parece ya imposible que el Ateneo vuelva a ser una gran sociedad literaria”.

Me viene esto al recuerdo al leer el boletín de actividades de la institución: “Cine y lucha de clases”, “Comité de Solidaridad con la Causa Árabe”, “Asamblea feminista”. Presentación de libros: “Lo que oculta la Iglesia (El Credo a examen)”. Izquierda Unida “contra la represión policial”. Más “Cine y lucha de clases”, “Todos somos emigrantes”, “La nueva izquierda para una alternativa progresista”, más “Cine y lucha de clases”, etc. Quizá se introduzca, al margen del programa, algún acto “abertzale”, como otras veces.

Casi nada de esto es actividad intelectual, sino mera propaganda de la izquierda radical, que ha convertido el Ateneo en plataforma de su activismo, bajo la dirección de Carlos París, ilustre preboste del “marxismo cañí”. La cosa aún podría pasar si, al lado de este programa de charlatanería, permitieran la charlatanería del extremismo contrario. Pero no. En eso son muy estrictos. Hace tiempo, como muestra de su pluralismo, el señor París comentaba que si había actos proetarras, también había permitido una conferencia de un político del PP (supongo que con vistas a pedir subvenciones). Para él, el PP equivalía, por el otro extremo, a Herri Batasuna o Euskal Herritarrok, o como se llame ahora. En fin, como la cosa tiene su enjundia, ya hablaremos más de este centro intelectual que dejó de serlo y que desde tiempos de Azaña no se ha recuperado.