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Lo que no es España

Como los nacionalismos, especialmente el vasco, se han mostrado totalmente desleales a la democracia, el PP ha lanzado, para combatirle la consigna oportunista y seudodemocrática del "patriotismo constitucional", como si España hubiera empezado a existir con la Constitución del 78, o antes de esa fecha el patriotismo no tuviera razón de ser, o resultara inconfesable. Creo que Zapatero ha reclamado la idea, y, la verdad, la siniestra bobada parece más propia del PSOE, el cual tiene y cultiva, efectivamente, una visión muy negativa de la historia de España, atribuyendo a nuestro país un triste pasado, al cual pondría remedio ahora ese partido con su mesianismo progre.

Bobada siniestra, repito, bien visible en la base de aquella célebre lamentación de Azaña: "Lo que me ha dado un hachazo terrible es, con motivo de la guerra, haber descubierto la falta de solidaridad nacional. Ni aun el peligro de la guerra ha servido de soldador. Al contrario, se han aprovechado para que cada cual tire por su lado". Azaña también creía que hasta su república, España y su historia no valían nada, y de manera similar pensaban los demás partidos izquierdistas, cada uno con su solución. Nada tiene de extraño que, llegado el momento, cada cual tirase por su lado.

Como las estupideces tiran unas de otras como las cerezas, ahora el PP de Baleares ha inventado el "patriotismo estatutario", según el cual España "es la suma de la historia, cultura y lenguas" de sus "nacionalidades". Pero si hacemos esa suma, solo resulta un montón de historias, culturas y lenguas regionales, domésticas, de muy escasa proyección, mientras que España ha tenido, evidentemente, una influencia crucial en la historia del mundo, y es, por tanto, mucho más que una adición de valores estimables, pero en definitiva mediocres.

La diferencia resalta en el idioma. El castellano no puede sumarse al gallego, el vasco y el catalán, pues constituye el idioma común y uno de los soldadores principales de la nación española, función incumplible para los otros. Ya me gustaría, como gallego, que fuera éste el idioma común de los españoles y de veinte naciones más, pero la historia ha sido distinta, y sería tan ridículo lamentarlo como pretender una equiparación, salvo en el plano regional, con el español común, que ha resultado ser el castellano. Este idioma es también propio de Galicia, y lo mismo ocurre en Cataluña, Baleares o Vasconia. A formarlo no sólo ha contribuido Castilla, aunque fuera su origen, sino el conjunto de las regiones, y cada vez más el conjunto de países hispanohablantes. Lo más y probablemente mejor de la literatura gallega, como de la catalana, y no digamos la vasca, está escrito en ese español común, que por serlo no puede "sumarse" a los otros.

Se entiende que un objetivo fundamental de los nacionalistas consista en hacer del idioma español por antonomasia "uno más", y ajeno a las respectivas regiones. Se entiende también que el proceso disgregador ha avanzado ya demasiado y va siendo hora de ponerle coto.

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