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Breve resumen

Por una historia veraz del PSOE

Al llegar la transición cundió en España y fuera de ella el temor de que el PCE se alzase como el gran partido de la izquierda. Tenía para ello buenas bazas: salía del franquismo bien organizado y disciplinado, con muchos más militantes que cualquier otro y con el prestigio –en ciertos medios– de ser el único que desde el final de la guerra había luchado contra la dictadura. Para cortarle el paso, todo el mundo se volcó en apoyo al PSOE, que, muy débil y dividido, sin apenas militancia ni historia de oposición al franquismo, recibió mil apoyos mediáticos y financieros ¡hasta de la extrema derecha alemana y de la UCD! No digamos del opulento socialismo alemán y otros.
 
El mito del PCE heroico combatiente por la libertad sufrió un durísimo golpe con la publicación de la Autobiografía de Federico Sánchez, de Jorge Semprún, un libro que recibió el premio Planeta en 1977 para aumentar su difusión e influencia. El relato hacía trizas la leyenda, y marcó el principio de la progresiva disgregación comunista en España, pese a no profundizar en las que el mismo Semprún llamaba "historias de sangre y mierda" del partido.
 
Sin embargo, historias de ese tipo podían relatarse aún más del PSOE. Así, cuando todavía no existía el PCE, los socialistas organizaron la huelga insurreccional de 1917, en compañía tan heterogénea como la del pistolerismo ácrata y los militares levantiscos, y entre sus acciones se cuenta el atentado socialista contra un tren en Bilbao, que causó numerosos muertos y heridos. El PSOE, dominado por la ideología totalitaria de Marx, atacó sin tregua a la liberal Restauración, y cuando entre todos consiguieron derribarla, pasó a colaborar con la dictadura de Primo de Rivera. Luego, durante la República, el PSOE, mucho más que el PCE, se convirtió en el partido más enemigo de la democracia republicana o burguesa, cometió innumerables actos de terrorismo y protagonizó, con los nacionalistas catalanes, la insurrección de 1934, concebida directamente como guerra civil. A continuación tuvo el papel principal en la formación del Frente Popular y en la aceleración del proceso revolucionario tras las elecciones de febrero del 36, hasta llegar al asesinato de Calvo Sotelo, nueva declaración de guerra a la derecha en particular y a la república burguesa en general.
 
Durante la guerra, el PSOE perdió la hegemonía de la izquierda a favor de los comunistas, pero fue él quien envió el oro español a Rusia, el que organizó el saqueo sistemático de bienes del patrimonio artístico e histórico español, desvalijó las cajas de seguridad de los bancos y los montes de piedad y, de paso, causó enormes destrozos al acervo cultural español. Fueron socialistas, aunque no sólo, quienes establecieron una enorme corrupción con los suministros de armas, intentaron quedarse con todos los bienes del estado español en el extranjero y se disputaron el tesoro del Vita al terminar la guerra. Y quienes, de acuerdo con el PCE, intentaron enlazar la guerra civil con la mundial, que habría multiplicado los desastres y los muertos.
 
Bajo el franquismo, el PSOE no llegó a colaborar con el régimen como había hecho con el de Primo de Rivera, pero se distinguió por su pasividad, al contrario que los comunistas. Puede decirse que solo se comportó con moderación durante las dictaduras –al igual que los separatistas salvo la excepción tardía del terrorismo etarra–, mientras que torpedeó las etapas de libertades con empeño realmente fanático. Al llegar la transición era un partido insignificante, y sin la cuantiosísima ayuda recibida de todas partes sus posibilidades habrían sido mínimas. Tampoco le salió al paso un Jorge Semprún que clarificase su auténtico historial, y pudo inventarse, sin más oposición que algunas gracietas, aquello de los "cien años de honradez", una de las mayores estafas ideológicas e historiográficas que quepa recordar, paradigma de su "memoria histórica". Lo que vino después, ya lo sabemos.
 
Y he aquí que este partido, sin duda el más nefasto de la historia contemporánea de España, incomparablemente más nefasto que el PCE, en cualquier sentido que se le trate, pretende hoy destruir la herencia de la Transición, tan ventajosa para él, mientras llena el país de corrupción –intelectual, económica, sexual– y, como en la república, se conjura con otros terroristas y separatistas para liquidar la Constitución. Y, elemento clave de su programa, organiza con el dinero de todos los ciudadanos la mentira sistemática sobre nuestro pasado, recuperando las peores propagandas que llevaron al enfrentamiento civil.
 
Por todo ello sería muy conveniente que alguien abordase en serio una historia veraz de este partido en una síntesis capaz de llegar al gran público. Existen bastantes historias parciales. César Vidal la ha tratado, así como Andrés de Blas y bastantes otros, pero falta, ya digo, el manual de síntesis, bien documentado y ágil. Lo propongo a los historiadores jóvenes. Alguno debe asumir el reto.

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