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El papel de Negrín

Una vieja y siempre actual polémica

Hojeando un libro sobre la guerra civil escrito por un grupo de estudiosos, casi todos anglosajones y afines a P. Preston, me topo con la vieja polémica sobre la significación histórica de Negrín, en la que Southworth intenta rebatir a Bolloten. Como se sabe, Bolloten consideró a Negrín un agente de la URSS a efectos prácticos, cuya política llevaba a imponer en España un régimen al estilo de las “democracias populares” del este europeo. Hay en la tesis dos partes: una, la plena concordancia de la política de Negrín con la soviética, y otra, el carácter y dirección de esa política. En cuanto a lo primero, no hay ni puede haber discrepancia entre personas medianamente enteradas. Negrín, por propia convicción o por otras razones –eso es aquí lo de menos—, obró como el mejor agente posible de Stalin, entregándole el tesoro español, que puso en manos del soviético el destino del Frente Popular, y facilitando la infiltración del PCE en el ejército y la policía, dos instituciones claves y las únicas que funcionan bien bajo aquel régimen.

El fondo de la polémica, lógicamente, es la segunda parte de la tesis, aunque ello quede disimulado por la hojarasca que tan bien maneja Southworth. Para este, decir que el triunfo del Frente Popular habría llevado a una dictadura como las del este europeo, supone hacer historia-ficción. Tal vez, pero en realidad no es ese el asunto. El polemista pretende convencernos de que la política de Negrín y de Stalin no perseguían otra cosa que defender la democracia. Resultaría de ello que el Partido Comunista –siempre uno de los peores enemigos de la democracia por su ideología, fines, organización y conducta— y Stalin –uno de los tiranos más sangrientos de la historia, sino el más—, habrían defendido la libertad de España. Mejor aun, ¡ habrían sido los más consecuentes y abnegados defensores de nuestra libertad!. Tal rueda de molino requiere unas tragaderas en verdad privilegiadas, y tiene algo de admirable que a Southworth –o a Preston, que le apoya— no lo produzca, aparentemente, indigestión alguna.

La tesis de Bolloten es en lo fundamental muy sólida, y el enorme cúmulo de datos, testimonios y fuentes primarias en que la apoya, probatorios de sobra. Pero su misma acumulación ofrece, de modo inevitable, puntos flacos. El método de Southworth consiste precisamente en buscar algunos detalles erróneos o testimonios dudosos, y remachar incansablemente en ellos con la pretensión de destruir la tesis entera. ¡En fin!. En un robledal puede haber algunos pinos, y los southworth, llamando con insistencia la atención sobre estos últimos, pueden hacer creer a algunos que se encuentran en un pinar. Pero basta extender la mirada sobre el conjunto para apreciar la falacia.