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Paraguay

Corrupción

A veces las políticas económicas fallan porque confunden la relación causa-efecto. Dionisio Borda, coordinador del equipo económico del nuevo gobierno paraguayo, señaló que se debe reformar y modernizar el Estado, pero a mediano plazo, dado que el problema económico paraguayo radica principalmente en la corrupción y la informalidad.

La causa de estos males, sin embargo, radica en un exacerbado estatismo, cuya solución requiere la reforma. El Dr. Borda tiene razón en cuanto a que la corrupción y la informalidad son problemas apremiantes. Paraguay, según Transparencia Internacional, es el país más corrupto de América Latina. Poco o nada funciona en la administración pública sin mediar la coima. Para evadir tributos se pagan coimas y también para abonar tributos. La corrupción fomenta el derroche en fraudulentas compras y contrataciones del Estado, así como también el contrabando, la piratería, el narcotráfico y la delincuencia.

La corrupción no solamente quema los escasos fondos públicos que se precisan para mejorar la educación, la salud y la policía, sino también frena el avance de la industria y el comercio, dado que introduce una pesada carga sobre la economía. La corrupción en Paraguay actúa como un perverso impuesto a la producción, con una tasa del orden del 30% o más que se aplica a toda la actividad económica. Esa excesiva carga explica el rápido aumento de la informalidad y la falta de incentivos a la inversión.

Se estima que la informalidad y el mercado negro afectan al 70% o más de la economía. Esta actividad subterránea ahuyenta a los inversionistas, destruye empleos, no contribuye al fisco y compite duramente con el postrado sector formal. Paraguay no es un caso especial. La informalidad y la corrupción son males que caracterizan a los países atrasados del mundo. Y la correlación de las mismas con la pobreza es directa.

El Dr. Borda se equivoca, sin embargo, cuando supone que la reforma y modernización son cuestiones diferentes y separadas de la corrupción e informalidad. No es así. Existe una relación de causa y efecto entre el estatismo y la corrupción e informalidad. La causa primigenia de la corrupción es el estatismo. A su vez, la informalidad es una forma de supervivencia contra el estatismo. Los exagerados trámites, regulaciones e injerencias del gobierno en la economía crean el caldo de cultivo para el desarrollo explosivo de la corrupción e informalidad.

La solución de estos males, por ende, exige la reforma y modernización. En países con robustas economías de mercado y justicia independiente, la corrupción y la informalidad sólo surgen de modo circunstancial. En cambio, en todos los países estatistas y sin estado de derecho, la corrupción e informalidad son problemas endémicos. Por eso, si se pretende realmente liquidar de raíz la corrupción y la informalidad, no pueden quedar para más tarde la reforma y la modernización.

La lucha contra la corrupción debe comenzar por atacar la impunidad, como sostiene el Dr. Borda. También es necesario realizar una vigorosa campaña de educación a los jóvenes sobre la integridad y la moral en el manejo de la cosa pública. Todo ello traerá algún progreso, pero no solucionará el problema de fondo que nace de las arraigadas estructuras estatistas. Los incentivos a la corrupción y a la informalidad se destruirán únicamente con la apertura a la competencia de los sectores monopólicos (agua, luz, teléfonos, petróleo, cemento), la privatización y capitalización de las empresas estatales, la concesión de las obras públicas, reducción drástica de los costos de legalización y la burocracia en las gestiones, y la anulación del cúmulo de nocivas regulaciones y leyes innecesarias.

El futuro ministro de Hacienda también aseguró que la prioridad del nuevo gobierno será la reactivación económica. Pero no reveló cómo proyecta reactivar una economía que arrastra más de cinco años de recesión. La producción total (PIB) por habitante no ha crecido significativamente en los últimos 18 años. Eso se ve en la penuria que padece la gente. Y si la reactivación no puede esperar, tampoco debiera postergarse la reforma, dado que las mismas políticas de liberalización económica que pueden acabar con la vieja cultura del trámite y la coima son las que pueden impulsar el crecimiento y traer prosperidad al país.

Porfirio Cristaldo Ayala es corresponsal de la agencia © AIPE en Asunción.

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