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El sol volverá a salir

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El mayor desafío, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), es mejorar el clima de los negocios. Esa iniciativa lanzada en toda América Latina no es sino la “economía de la oferta” (supply-side economics), que en los años 80 trajo el auge económico a EEUU en el gobierno del presidente Ronald Reagan y que impulsa un acelerado crecimiento en el de Bush. La reelección de este último depende ahora del bienestar que origine esta política tan resistida por el estatismo.
 
La exitosa economía de la oferta confirma que las sociedades con mejores instituciones y marcos legales generan mayor prosperidad al incrementar la inversión, producción y empleo. Lo que no dijo el BID es que no se trata sólo de reducir la burocracia, la ineficiencia aduanera y fiscal, los costos de legalización de nuevos negocios y la flexibilización laboral. Para mejorar el clima de negocios es indispensable privatizar y abrir la economía, rebajar impuestos, fortalecer el estado de derecho y asegurar una estricta protección a la propiedad.
 
Las economías que crecieron aceleradamente en los años 80 tienen en común, sin excepción, el haber seguido los principios de la economía de la oferta aplicada por Reagan que, a través de la rebaja de impuestos, logró elevar la inversión, la productividad y el empleo. Su éxito radica en crear incentivos para impulsar la demanda y, sobre todo, la inversión. Desde 1985 a 1993, los 50 países que bajaron sus impuestos crecieron cuatro veces más que el resto. En estos años, el mundo vivió una rebelión fiscal que comenzó en California, pasó por Europa y llegó a Japón en una de las mayores reducciones de impuestos de la historia.
 
El economista Arthur Laffer explica que lo admirable de la rebaja de impuestos es que no sólo impulsa el crecimiento y el empleo, sino eleva la recaudación fiscal debido a que refuerza los incentivos para producir, reactiva el poder adquisitivo de la sociedad, aumenta la riqueza, y, sobre todo, estimula a la gente a trabajar más, pagar tributos y a dejar la evasión e informalidad.
 
Todo aumento de impuestos –advierte Laffer– conduce a una caída en la actividad económica, baja la inversión y la demanda, algunos empresarios reducen su producción y otros pasan a la informalidad para evadir los nuevos impuestos. Y a la inversa, toda rebaja de impuestos crea un incentivo a la producción, aumenta la demanda y la oferta de bienes y servicios, y al incrementar la riqueza y disminuir la evasión, se amplia la base tributaria y la recaudación fiscal tiende a aumentar.
 
En los años 90, la política de la Unión Europea, Japón y EEUU fue nuevamente en dirección a la fracasada visión de Keynes y la estrategia de bajar impuestos quedó relegada. Los gobiernos subieron los impuestos y aumentaron el gasto público con el fin, supuestamente, de reactivar la producción. Los países en desarrollo, forzados por el FMI, también se volcaron al keynesianismo, excepto unos 13 países, incluyendo a Corea, Singapur, Malasia, Irlanda y Hong Kong, que crecieron a ritmo acelerado gracias a la mayor eficiencia económica que origina la rebaja de impuestos.
 
El keynesianismo que defienden los estatistas propugna gobiernos más grandes e impuestos más altos porque concede al Estado una función empresarial. Su resultado ha sido el estancamiento, déficit, inflación, derroche estatal y desempleo. La economía de la oferta, en cambio, propugna la rebaja de impuestos porque asigna a empresarios y trabajadores la función social de la creación de riquezas y empleos. Por ello, se trata de gravar el consumo y no el ingreso, la renta ni el ahorro.
 
El presidente Bush retomó la economía de la oferta bajando fuertemente los impuestos, pese a las críticas del FMI y los estatistas. La última rebaja del 2003 produjo un incremento sustancial en los ingresos tributarios en el 2004, como anticipara Laffer. Más importante, la rebaja impositiva impulsó un auge económico con un crecimiento de más del 5% anual y la creación de miles de empleos. En los últimos dos meses se crearon más de 625 mil empleos. EEUU ha crecido tres veces más que las economías europeas en los últimos años.
 
El sol volverá a salir en toda América Latina cuando bajen los impuestos, abran los mercados, privaticen las estatales y acaben la corrupción.
 
 
 
Porfirio Cristaldo Ayala, corresponsal de AIPE y presidente del Foro Libertario.
 

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