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Hundiendo a los pobres

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Las doctrinas políticas podrán ser diferentes, pero nadie duda que tanto socialistas como liberales, comunistas como conservadores, buscan el progreso económico de sus pueblos. Es inconcebible que una corriente política persiga el atraso. No obstante, algunos socialistas latinoamericanos parecen aspirar para sus pueblos sólo la pobreza compartida.
 
La Pastoral Social que ha organizado una extensa campaña en contra de la creación del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) advierte a la gente que “El ALCA es una propuesta de las multinacionales de Estados Unidos para captar el mercado latinoamericano de 800 millones de personas”. Los promotores de la campaña aseguran que no asumen una posición ciega, sino reflexiva.
 
El ALCA no busca apoderarse del “mercado latinoamericano de 800 millones de personas”. Los latinoamericanos son menos de 500 millones. En todo el continente viven unos 800 millones de personas y más 400 millones ya forman parte del Area de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA). Los otros 400 millones que están fuera son los más pobres y atrasados. Detrás del ALCA están, no las multinacionales que no lo necesitan, sino las pequeñas empresas que ven trabajos y oportunidades en la competencia.
 
Lo que busca EEUU con el ALCA es extender el comercio libre de aranceles y barreras en todo el continente, desde Alaska hasta Tierra del Fuego, para beneficio de todas las personas, especialmente, de los más pobres, que por primera vez podrán acceder a productos más baratos y de mejor calidad, y conseguir mejores empleos. Lo que hace la Pastoral Social es poner a la gente en contra de lo único que puede salvarle de la miseria.
 
EEUU y la Unión Europea saben que la única forma de combatir la pobreza es promoviendo el libre intercambio comercial. Los mercados con capacidad de compra, los “motores de la economía mundial”, no son los mercados empobrecidos de Latinoamérica y África, como creen los socialistas criollos, sino los mercados de EEUU, la UE y Japón. Son los países pobres los que necesitan de estos poderosos mercados.
 
La Pastoral asegura que si el ALCA no tiene en cuenta las oportunidades de crecimiento de los países pequeños, estos no podrán competir con los países grandes. Y pone a México como ejemplo. Olvida que mediante el libre comercio en el NAFTA, México cuadruplicó sus exportaciones y pasó a ser la primera economía de América Latina. Olvida también que Chile, cuyo actual gobierno no es precisamente un paradigma neoliberal, firmó un tratado de libre comercio con EEUU, como pretenden hacerlo los países de América Central.
 
La mejor política para el progreso de países pobres es acceder a mercados ricos y poderosos, como el de EEUU, a los que puedan vender desde artesanía hasta turismo. El temor a que los países pobres no logren competir con los países grandes es ilógico. El cirujano puede ser un excelente jardinero, pero no por eso despedirá a su jardinero. Es más eficiente que ambos trabajen en lo que más les rinda. Esta es la belleza del libre comercio. Aun si un país fuera más productivo en todo, saldría beneficiado intercambiando bienes y servicios con los otros países, incluso con el menos productivo de todos.
 
El temor a la competencia es también de los EEUU, que teme perder inversiones y empleos hacia los países con costos laborales e impuestos más bajos. Pero el NAFTA le ha demostrado que todos salen ganando. A EEUU ya no le conviene producir bienes de escasa tecnología, como alimentos, textiles, electrónicos. Taiwán comenzó produciendo juguetes, pero con el progreso los dejó a Corea y pasó a producir computadoras. Ahora Corea ya no puede producir estos bienes y los deja a países más pobres.
 
El ALCA no es el mejor de los acuerdos. EEUU mantiene absurdos subsidios agrícolas que afectan a los países en desarrollo. No obstante, es el mejor chance de los países pobres de acceder al mercado más grande y atractivo del mundo. Chile abrió sus mercados sin negociar nada a cambio en los años 80 y logró un crecimiento del 7%, reduciendo la pobreza a menos de la mitad.
 
Los socialistas han escrito montañas en contra del ALCA, aunque sin sustancia. Pero, ¿qué futuro tiene el país si sus pastores más creíbles convencen a la gente que el libre comercio traerá la ruina del pequeño agricultor, la explotación y la pérdida de la soberanía? En el afán por proteger a los pobres los estarán hundiendo.
 
Porfirio Cristaldo es corresponsal de © AIPE en Asunción (Paraguay) y presidente del Foro Libertario.
 

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