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Inversión y prosperidad

En la actualidad, los países no necesitan comenzar de cero a ahorrar, desarrollar tecnologías e invertir. Todo lo que precisan es crear las condiciones políticas y jurídicas de un mercado libre que incentive la llegada de capitales extranjeros.

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El esfuerzo que realiza una familia durante largos años para alcanzar la prosperidad no es muy diferente al empeño que debe poner un país para crecer y desarrollarse. Los colonos recién establecidos trabajan de sol a sol cultivando, primero con caballos y luego con tractores y maquinarias que le permiten producir mucho más en menor tiempo. Para eso tienen que ahorrar, y se abstienen de consumir. El ahorro para la compra del caballo, el tractor y otros bienes es la inversión. Ni la familia ni el país progresa sin aumentar su capital. Este proceso requería antes el sacrificio de varias generaciones. Hoy puede lograrse en pocos años.
 
La clave del desarrollo y de la mejora de la calidad de vida es el ahorro. Se ahorra para más tarde invertir y poder consumir más. El ahorro que se invierte en la fabricación o adquisición de bienes de capital –herramientas, instalaciones– aumenta la capacidad de producir más bienes y servicios en menos tiempo; es decir, incrementa la productividad de la mano de obra. En relación con el caballo, el tractor mejora la producción quizás 20 veces, aumentando los ingresos en similar proporción.
 
Capital y trabajo no son factores opuestos o que estén en pugna permanente como denuncian los socialistas, sino que son factores que se complementan. El capital no es sino “trabajo almacenado” que surge del esfuerzo y del conocimiento humano sobre los recursos naturales. Por ejemplo, el capital invertido en una maquinaria aumenta la productividad del trabajador, lo cual hace posible los aumentos de salarios. El capital no desplaza al trabajador, sino que lo beneficia al darle mayor valor a su aporte.
 
En la medida que aumenta la tasa de capital, el salario tiende a incrementarse. Lo primero que suelen hacer los inversores es solicitar un crédito para comprar nuevas máquinas e instalaciones. La segunda inversión consiste en contratar el personal necesario para desarrollar sus negocios. La selección de estos empleados aumenta la demanda de trabajadores y tiende a incrementar los salarios medios vigentes en el país. Con cada nueva inversión, los salarios suben en todos los sectores.
 
En los países ricos y desarrollados, los salarios son mucho más elevados que en los países pobres y subdesarrollados. En estos últimos, los sueldos son más bajos debido a la falta de capital. Pero, a medida que la tasa tiende a subir, con la mayor acumulación de capital, el aumento del salario se limita solo por el incremento de la población y la oferta de trabajadores. Esto se evita incrementando la tasa de capital invertido más rápidamente que el crecimiento de la población.
 
Ni el gobierno ni los sindicatos pueden incrementar los salarios reales por encima de los valores establecidos por la tasa de capital. La única manera de aumentar los salarios y mejorar la calidad de la vida de la gente es tener más capital y poder disponer libremente del mismo en las decisiones empresariales. Para aumentar el empleo y los salarios es necesario aumentar las inversiones y el ahorro, y para aumentar las inversiones y el ahorro hay que eliminar la inflación, proteger los derechos de propiedad y garantizar la estabilidad política y jurídica.
 
El aumento del ahorro y las inversiones es un proceso largo y engorroso que a muchos países desarrollados les tomó más de 200 años. ¿En cuántos años lograrían nuestros países aumentar la inversión de capital por habitante a un nivel mínimo, capaz de incrementar radicalmente la productividad del trabajo, mejorar los salarios reales de la gente y sacar a nuestros pueblos del atraso y la miseria? La respuesta es sorprendente: en pocos años.
 
La explicación de ese milagro alcanzable está en la inversión extranjera. En la actualidad, los países no necesitan comenzar de cero a ahorrar, desarrollar tecnologías e invertir. Todo lo que precisan es crear las condiciones políticas y jurídicas de un mercado libre que incentive la llegada de capitales extranjeros. Los países que siguieron este camino hoy son desarrollados. Algunos lo lograron en 40 años y otros en poco más de una década. Varios países latinoamericanos avanzaban por ese camino, pero fueron desviados por el socialismo y el intervencionismo.

 

© AIPE
 
Porfirio Cristaldo Ayala es corresponsal de la agencia AIPE en Paraguay y presidente del Foro Libertario.

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