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Libre comercio unilateral

Los gobernantes, funcionarios y sindicalistas pierden poder con el libre comercio dado que éste libera al mercado de la influencia política. Los políticos ya no pueden dirigir el comercio, ni otorgar subsidios y protecciones a cambio de votos o coimas.

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La unión aduanera formada por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay hace 15 años resultó un fiasco. Brasil y Argentina continuaron con sus mercados cerrados y protegidos. El mercado ampliado de 200 millones de personas fue un engaño para Paraguay y Uruguay, que perdieron competitividad y se estancaron. Por temor a contradecir a Lula y Kirchner, Uruguay decidió no negociar un TLC con EE UU., y al igual que Paraguay, sólo busca algunas concesiones comerciales y de inversiones.

Uruguay y Paraguay, sin embargo, no necesitan negociar tratados de libre comercio con los grandes bloques del mundo ni seguir sometidos al Brasil y Argentina. Los beneficios del libre comercio que no encontraron en el Mercosur los pueden lograr de inmediato, sin protocolos bilaterales ni negociación alguna, con solo eliminar unilateralmente sus propios aranceles, trabas y protecciones. Las ventajas para sus pueblos en término de crecimiento económico serían inmensas.

Esto fue lo que hizo Gran Bretaña en 1840. Los ingleses, hartos de intentar la liberación recíproca de sus mercados con Francia y otros países, decidieron eliminar unilateralmente sus barreras arancelarias. Gran Bretaña pronto se convirtió en la primera potencia y el centro del mundo financiero, podía comprar materias primas a bajo costo para su industria y los consumidores accedían a productos y alimentos más baratos. El resto del mundo los imitó después.

Los más favorecidos por el libre comercio unilateral son los pobres, los jóvenes y los desocupados. El auge de las exportaciones crea abundantes oportunidades de trabajo y se pueden adquirir bienes importados de mejor calidad y a menor precio que los nacionales. Pronto aumenta la producción, la inversión, los ingresos y el nivel de vida, mucho más que con un TLC.

El libre comercio unilateral beneficiaría particularmente a Paraguay, país que no tiene costas sobre el mar, reduciendo drásticamente el costo de bienes de capital y materias primas, y mejorando la competitividad de su economía. De ahí la prosperidad está a un paso, solo requiere ampliar las libertades económicas, dar una sólida protección a los derechos de propiedad y fortalecer el estado de derecho.

Pero si el libre comercio unilateral es tan bueno, ¿por qué es poco menos que imposible aplicarlo? Porque afecta los intereses de poderosos grupos, incluyendo a políticos, funcionarios públicos, empresarios y sindicalistas privilegiados. Los gobernantes, funcionarios y sindicalistas pierden poder con el libre comercio dado que éste libera al mercado de la influencia política. Los políticos ya no pueden dirigir el comercio, ni otorgar subsidios y protecciones a cambio de votos, favores o coimas.

Pero los que más se oponen al libre comercio son los grandes empresarios. Estos dicen querer el libre comercio, pero se refieren solo a la exportación, no a la importación. Se niegan a competir con bienes importados, temen perder sus privilegios, subvenciones y la tutela estatal. Solo buscan que el gobierno les consiga el acceso "preferencial" de sus productos a los grandes mercados y advierten que la eliminación de los aranceles traerá la "invasión" de importados, la destrucción de la producción y la pérdida de numerosos empleos.

¡Mentiras! No puede haber "invasión" ni destrucción de la producción, ya que para importar es preciso exportar. No habrá importación si no se exporta. Las empresas que no pueden competir cerrarán, pero sus trabajadores encontrarán otros empleos mejor pagados. Los empresarios que pronostican catástrofes si se eliminan las protecciones y pierden sus mercados cautivos, no son realmente capitalistas, sino mercantilistas. No entienden que en una economía de mercado la razón de ser de la producción es el consumo, no la producción. La economía busca el beneficio de los consumidores, no de los productores.

El arma más potente que tiene la humanidad para acabar con la pobreza y el atraso es el libre comercio. No es necesario esperar que EEUU y la UE accedan a liberar el comercio, se puede y se debe establecer unilateralmente. Pero solo podrán hacerlo los pueblos, porque sus gobernantes jamás lo harán.

 

© AIPE
 
Porfirio Cristaldo Ayala es corresponsal de la agencia AIPE en Paraguay y presidente del Foro Libertario.

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