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Naciones Unidas en el Estatismo

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El “Informe Anual Sobre Desarrollo Humano” de las Naciones Unidas señala que el auge económico de los años 90 dejó a más de medio centenar de países más pobres. La conclusión lógica es que el auge económico es nefasto para los países pobres, o que el crecimiento económico de unos pocos países durante la “gran década” se dio gracias al empobrecimiento de otros. No es así.

Las Naciones Unidas en el Estatismo, como suele decir un amigo, no acierta una. Si en el tiempo que disponen para elaborar su informe anual los bien pagados burócratas de la ONU solo cavilaran unos minutos, frente a su lista de los países favorecidos y de los desfavorecidos, podrían darse cuenta que los más favorecidos son los países de mayor libertad económica y los desfavorecidos son los más estatistas o de menor libertad económica.

Las Naciones Unidas obviamente desconoce el “Indice de Libertad Económica” que publican todos los años la Heritage Foundation y el Wall Street Journal, o el “Informe Anual de Libertad Económica del Mundo”, que publica el Cato Institute y el Fraser Institute. En éstos se ve claramente que los países que no aprovecharon el auge de los años 90 son precisamente los que tienen menor libertad de producir, comprar, vender, ahorrar e invertir. En cambio, los más favorecidos son los países que abrieron sus mercados y liberalizaron sus economías.

El “Informe Sobre Desarrollo Humano” repite –con otras palabras– el discurso de barricada de la izquierda que mantiene que la globalización neoliberal que enriqueció a las multinacionales sólo provocó pobreza al Tercer Mundo. Por temor al ridículo, los burócratas de la ONU no caen en la desacreditada retórica anti-globalización. La globalización tiene sus complicaciones, pero no incluyen el empobrecer a nadie. El empobrecimiento de los países no se debe a la explotación por parte de otras naciones ni por cuestiones culturales, exceso de población, falta de recursos o la mala suerte, sino por las malas políticas de sus gobernantes.

En la década de los 90, que la izquierda condena por ser de la globalización, 24 países pobres crecieron y mejoraron el nivel de vida, el ingreso de los trabajadores, la educación y la expectativa de vida de su gente. En estos países favorecidos por el auge, incluso más que los países ricos, viven 3.000 millones de almas. Lo único que los diferencia de los más de 50 países desfavorecidos es que sus gobernantes abrieron sus mercados y ampliaron el comercio exterior.

Los países que se empobrecieron en los años 90 son aquellos donde los gobernantes restringieron la libertad económica, impulsaron la planificación estatal, cerraron sus mercados y frenaron el comercio. Estos países, que ahora tienen un menor intercambio comercial que el que tenían en 1980, fueron dejados de lado por el progreso. En ellos viven 2.000 millones de almas en pena por las calamitosas políticas intervensionistas de sus gobernantes. El consuelo estatista es culpar del fracaso a la globalización.

Pero aun con esa excusa, los estatistas cometen un error aritmético al manifestar que la globalización sólo ha traído pobreza al mundo. Los favorecidos incluyen a 3.000 millones de personas de los países pobres más 1.000 millones de los países ricos, que suman el doble de los 2.000 de los que retrocedieron. Los estatistas no sólo no aprendieron a sumar, tampoco aprendieron economía. Ya en “La Riqueza de las Naciones”, publicado en 1776, Adam Smith, filósofo moral y fundador de la economía, explicaba que el progreso de los pueblos surge del libre comercio.

Después de 220 años, las Naciones Unidas sigue sin entender las causas de la riqueza de las naciones. En su Informe clasifican cuidadosamente a 175 naciones sobre la base de sus ingresos por persona, expectativa de vida y alfabetización, pero no logran discernir que los países más desarrollados son los de las economías libres. En su conclusión la ONU sostiene que en lugar de exigir austeridad fiscal a los países pobres, se debería presionar a los países ricos para que den más ayuda.

Craso error. La ayuda de gobierno a gobierno sólo trajo dependencia, dirigismo, corrupción, derroche y endeudamiento. La solución de la pobreza es la libertad. Las naciones que liberalizaron sus economías avanzaron, no sólo hacia mercados abiertos y eficientes, sino también hacia una economía atractiva para las inversiones, con una justicia honesta y capaz de hacer cumplir las leyes, de combatir la corrupción y proteger los derechos de propiedad.

Porfirio Cristaldo Ayala es corresponsal de © AIPE y presidente del Foro Libertario.

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