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Por qué no soy estatista

El filósofo chino Lao Tzu (500 AC) decía que "cuanto más leyes se creen más ladrones habrá" y señalaba que el gobierno debe limitarse a la mínima expresión porque solo su inacción puede permitir el progreso.

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Estatista es aquel que responsabiliza al gobierno de la negligencia y los errores humanos, asigna al gobierno otras funciones más allá de la ley y el orden y le exige resolver problemas sociales, económicos e incluso morales. Su religión es la salvación por el Estado en lugar de Dios. No ve que el mayor problema humano es el gobierno y que su fin no ha sido beneficiar a la gente, sino más bien saquearles y avasallarles. No soy estatista porque creo que el hombre es lo único real y esencial y que el Estado es solo una ficción sin derechos ni dignidad.

El gobierno es un servidor del hombre, no su soberano. Es un simple aparato creado por la gente para defender sus derechos. Su legitimidad deviene de su carácter limitado y del consentimiento de los ciudadanos, quienes pueden rebelarse y derrocarlo si atropella sus derechos. Los gobiernos, sin embargo, en lugar de proteger los derechos y bienes de los ciudadanos los han oprimido, torturado y aniquilado. En el siglo XX, Stalin, Hitler, Mao, Pol Pot y otros causaron la muerte de más de 120 millones de personas.

"El buen gobierno", si bien es una posibilidad, en la historia más parece una utopía. Se sabe desde la antigüedad que el buen gobierno es el que menos gobierna y el mejor príncipe aquel cuyo nombre nadie recuerda. Pero en el barrio latino, donde prevalece el caudillismo, el mejor gobierno es el más grande, el que más interviene en la economía y, por tanto, el más corrupto. Los pillos van a la cárcel, mientras que los grandes ladrones van al gobierno. En América Latina, el principal enemigo de los pueblos desde la colonia ha sido el propio gobierno. Estoy convencido que si los gobiernos se hubieran limitado a proteger los derechos y bienes de las personas, todos los pueblos del continente serían hoy prósperos y desarrollados.

El hombre es libre porque es dueño de sí mismo, dueño de su cuerpo y su alma, de sus proyectos e ilusiones y del fruto de su esfuerzo físico y mental. La libertad individual es lo que más asemeja al hombre a su Creador y lo que más lo diferencia de todos los otros seres vivos. La restricción de la libertad es no solo nociva para el bienestar del hombre, sino es contraria a la ley natural y al orden divino. Somos, pues, responsables de nosotros mismos.

Los estatistas caen en la soberbia y estupidez cuando pretenden saber más que las personas lo que a éstas les conviene. Imponen, por ejemplo, una ley laboral violando el derecho sagrado al trabajo. No ven que prohibirle a una persona a punta de pistola decidir si los salarios que se le ofrecen son o no "justos" es un atropello a su libertad y dignidad, una salvaje agresión precisamente a quien dicen querer proteger.

Los estatistas creen que las personas les pertenecen, que tienen derecho a decidir sobre ellas e imponerles sus ideas. Si piensan que está mal consumir bebidas alcohólicas o andar a altas horas de la noche, lo prohíben por ley. No les importa atropellar la libertad de los demás. Justifican su intromisión en la vida de la gente, declarando ilegal todo lo que contradiga sus criterios o ideologías.

El estatismo es paternalista: los hombres son como niños caprichosos, proclives al vicio, por lo que deben ser dirigidos y castigados. Si el gobierno no les pone límites caerán en el error o la perdición, aseguran. Por eso se debe obligar a las personas, por ejemplo, a hacer caridad, actuar moralmente, utilizar cinturón de seguridad, ser solidario y prever para la vejez aportando a la seguridad social.

¡Mentiras! El hombre es capaz de decidir por sí mismo cómo prever para su vejez, cómo hacer caridad o qué conducta personal tener, sin necesidad de leyes. El filósofo chino Lao Tzu (500 AC) decía que "cuanto más leyes se creen más ladrones habrá" y señalaba que el gobierno debe limitarse a la mínima expresión porque solo su inacción puede permitir el progreso. Los hombres dan la vida por la libertad, pero luego sancionan leyes que les restringen su propia libertad.

No soy estatista porque respeto la dignidad humana como un valor cardinal. El hombre, sea culto o ignorante, fuerte o débil, es dueño de sí mismo y, por ende, es libre de elegir lo que más le conviene y cómo disponer del producto de su trabajo. Solo esa libertad permite a las personas florecer y lograr la felicidad.

 

© AIPE
 
Porfirio Cristaldo Ayala es corresponsal de la agencia AIPE en Paraguay y presidente del Foro Libertario.

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