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Votando con los pies

lamentablemente nuestros gobernantes prefieren mantener monopolios que hacer las reformas necesarias para acabar con el desempleo que envía al exilio anualmente a decenas de miles de jóvenes latinoamericanos

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Decenas de miles de jóvenes latinoamericanos votan cada año con los pies: se van de su patria en busca de empleo. Dan pena las largas colas para solicitar visas en las embajadas extranjeras. ¿Es este el futuro de nuestros hijos? A los políticos les tiene sin cuidado. Prefieren preservar sus privilegios que hacer las reformas, romper los monopolios y liberalizar las economías para atraer inversiones y crear fuentes de empleo.
 
En América Latina sigue habiendo un inmenso potencial que no puede realizarse debido a las trabas que imponen nuestros gobiernos a la apertura económica. Los monopolios estatales siguen siendo fortalezas infranqueables para la inversión y la creación de empleos.
 
Muchos gobiernos se niegan no sólo a privatizar sus ineficientes y corruptas empresas estatales sino que protegen monopolios de la competencia por temor a perder votos de funcionarios públicos y el favor de contratistas, proveedores del Estado y otros grupos de interés. Siguen con la ilusión de operar empresas estatales eficientes y promover el crecimiento con el aumento del gasto público, créditos externos y la sustitución de importaciones.
 
La inacción es sorprendente. La ejecución de mínimas reformas como introducir la competencia en los sectores monopólicos y flexibilizar la legislación laboral sería suficiente para atraer grandes inversiones y crear numerosos empleos en sectores paralizados de la región.
 
Muchos jóvenes no tienen futuro por nuestras malas leyes laborales. El desempleo en Paraguay es 15,3% y se debe a que la ley fija el salario mínimo en base a los gastos de una familia tipo, olvidando que al subir el costo de la mano de obra menos personas conseguirán trabajo, especialmente los jóvenes sin entrenamiento. A mayor precio (salario) menor es la demanda de trabajadores.
 
Los socialistas crearon el mito de que gracias al sindicalismo y las leyes laborales se respetan los derechos de los trabajadores latinoamericanos. ¡Mentiras! En las democracias capitalistas, los trabajadores tienen salarios diez veces más elevados que en nuestros países estatistas, por hacer el mismo trabajo.
 
En casi toda América Latina, los trabajadores están “protegidos” por extensas leyes laborales con indemnizaciones, estabilidad laboral, etc., que en lugar de protegerlos los perjudica. Aquellos que pueden producir con su trabajo un valor inferior al salario mínimo no consiguen empleo ni pueden aprender un oficio. Esto perjudica a los más débiles, a los menos educados y fomenta la economía informal, la mendicidad y la criminalidad. Además, al prohibir a una persona aceptar una oferta de trabajo, la ley le está violando el más sagrado de los derechos: ganarse la vida.
 
Sin respeto a la propiedad privada no hay inversiones ni progreso, pero lamentablemente nuestros gobernantes prefieren mantener monopolios que hacer las reformas necesarias para acabar con el desempleo que envía al exilio anualmente a decenas de miles de jóvenes latinoamericanos.
 
© AIPE
 
Porfirio Cristaldo Ayala es corresponsal de la agencia AIPE en Paraguay y presidente del Foro Libertario.

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