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Conferencia de Paz

¿Negociadores internacionales?

Con la denominada pomposamente Conferencia de la Paz de este lunes en San Sebastián se están desvirtuando los pilares del Estado de Derecho, pero también se está haciendo un flaco favor a los procedimientos para la solución de conflictos mediante el diálogo.

Se corrompe el Estado de Derecho porque el solo intento de equiparar a víctimas y delincuentes olvida que la propia existencia del Estado de Derecho impide que quien utiliza la violencia pueda obtener beneficios de ella. Y ello es así porque si nos damos unas normas es para cumplirlas y modificarlas de acuerdo con los procedimientos establecidos para ello, pero no para hacer un ejercicio de voluntad porque haya una parte de la población que decida delinquir y quiera beneficiarse de ello. Con ello se olvida, además, a la parte más débil, es decir, a las víctimas del terrorismo, sin contar con que se olvida con ello también el pacto que toda sociedad se da para vivir en libertad, ya que se beneficia al infractor atendiendo a los daños que han provocado sus delitos y a los que en el futuro puedan provocar. Es decir, la coacción vence al Estado de Derecho. Y ello rompe todos los principios de una sociedad democrática, lo que de por sí implica la imposibilidad de cualquier intento de negociación.

Pero a su vez esta Conferencia de San Sebastián y los intentos que se han producido como los que se producirán en el futuro para resolver eso que se empeñan en llamar “el conflicto vasco” –la existencia de una organización terrorista que intenta controlar la sociedad mediante la coacción, en realidad– parten de una utilización fantasiosa de los procedimientos de mediación. En cualquier caso, la mediación requiere de igualdad entre las partes, una igualdad que se rompe cuando hablamos de víctima e infractor.

Esto en sí no implica una imposibilidad práctica de lo que denominaríamos, dentro de la mediación, la mediación penal. Pero hay que tener en cuenta que la existencia de esta diferenciación de origen entre víctimas y delincuentes implica una reparación a las víctimas como inicio de todo proceso de mediación, además del reconocimiento del mal realizado, dos presupuestos que aquí brillan por su ausencia. Es decir, que toda mediación penal requiere de vencedores –las víctimas– y vencidos –los infractores–, algo que aquí no se vislumbra de ninguna de las maneras, si no que se parte de una situación de igualdad o de un quimérico conflicto previo que ha forzado la propia creación de ETA y todo su conglomerado. Y al paso que vamos la Conferencia de Paz puede terminar recordando al Estado español que debe pedir perdón al pueblo vasco, dando pie a una simulación histórica que no nos puede llevar a ninguna parte.

Ramón de Villota Coullaut es abogado, puede contactar con él aquí.