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Lo que da miedo de Pablo Iglesias

No se me ocurre qué puede "acojonar" de un Pablo Iglesias despojado de su ideología, su discurso, su programa y sus votantes.

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El ataque de Pablo Iglesias a los periodistas no tiene nada de novedoso ni sorprendente. Es algo normal, natural y cotidiano en los podemitas. Basta con poner en google las palabras Pablo Iglesias o Podemos y medios de comunicación o prensa para hacerse una idea de lo que hablamos. ¿Por qué, entonces, esta vez se ha convertido en noticia? Porque lo normal, natural y cotidiano es que la clase periodística asista complacida a intervenciones similares de Iglesias. Cuando el podemita ataca y amenaza a banqueros, empresarios y otras profesiones; cuando lanza sus soflamas revanchistas contra "los de arriba"; cuando vomita odio contra las personas de derechas o los católicos... se escuchan risitas de los asistentes a las ruedas de prensa y le pedimos que se haga un selfie con nosotros al terminar. ¿Estamos, pues, ante un caso de ese pringoso corporativismo que tanto gusta en nuestro gremio? Ni siquiera eso. ¡Pero si buena parte de la prensa (mayoritaria) trabaja codo con codo con los podemitas para estigmatizar a los pocos medios o periodistas (minoritarios) que osan incomodar a coleta morada! Si el atacado es Federico Jiménez Losantos, Hermann Terstsch o un redactor de Libertad Digital la libertad de prensa nos importa un huevo. Son unos fachas y se lo merecen. Punto. No he visto ningún aspaviento en la profesión cuando desde el Ayuntamiento de Madrid se amedrenta sistemáticamente a periodistas que trabajan en esta casa. Ni corporativismo ni leches.

Podría pensarse que nunca es tarde si la dicha es buena; que, vista la reacción, por fin la prensa plantará cara mayoritariamente a Pablemos y su banda de la porra. Nada más lejos de la realidad. La respuesta ha sido tan deprimente como indignante el ataque. En elmundo.es, el medio directamente afectado en esta ocasión, el periodista Agustín Pery publicó un artículo, supuestamente muy duro y muy celebrado por otros colegas, que me parece el ejemplo paradigmático. Titula: Sí, Pablo Iglesias, este periodista te tiene medio y dice lo siguiente:

Pues sí, Pablo. Es verdad. Hay miedo en mis ojos. Otros igual no lo reconocen pero a mí me acojonas. Ojo, no a tu ideología, ni a tu discurso y mucho menos a tu programa político porque respeto infinitamente a todos y cada uno de tus votantes. A mí me acojonas tú, sólo tú. Me aterroriza que un tipo así pueda siquiera mesar la melena de los leones del Congreso. Porque como sé de tu cultura, sé que conoces el cuento del Traje Nuevo del Emperador. Vas desnudo pero no se te puede decir.

Desconozco si la intención del autor era pedir perdón al líder podemita por existir pero no cabe duda de que este es el resultado. No se me ocurre qué puede "acojonar" de un Pablo Iglesias despojado de su ideología, su discurso, su programa y sus votantes. Sin esos atributos Iglesias no es nada. Un tipo enclenque, resentido porque le quitaban el bocata en el recreo. Un simple profesor asociado de Políticas, incapaz de ganar una plaza en oposición. Ni eso. Sin ideología –dado el sistema de cooptación por criterios ideológicos que impera en la universidad española- ni a becario del departamento hubiese llegado.

¿Es entonces este temor del periodista de El Mundo fruto de la cobardía? No seré yo quien llame cobarde a alguien que dice no tener miedo a una ideología, el comunismo, que ha provocado 100 millones de muertos; ni a un discurso revanchista que traslada la política al terreno, siempre violento, de las emociones más primarias; ni a un programa liberticida y guerracivilista que supondría el cierre de, entre otros, el periódico en el que trabaja el señor Pery; ni al hecho terrorífico de que haya cinco millones de personas tan fanatizadas como para votar semejante cosa. Hay que ser muy valiente para afirmar públicamente que el comunismo no te da miedo, presuponiendo que un periodista de un diario tan importante como El Mundo conoce los crímenes que han perpetrado y siguen prepetrando los comunistas, siempre y en todos los casos, allí donde han llegado al poder.

En mis tiempos de estudiante de Políticas, no cometí el error de estudiar periodismo, coincidí con más de un pabloiglesias. Es un espécimen habitual y endémico del ecosistema universitario español. Anidan en las facultades de Políticas, Historia, Filosofía… Son fáciles de ver. Les aseguro que a mí –que carezco de la envidiable gallardía del señor Pery- no me daban ningún miedo. Más bien provocan una mezcla de lástima e hilaridad. No son psicópatas, ni vampiros o zombis. Si Pablo Iglesias actúa así con la prensa es consecuencia directa de su ideología, su discurso, su programa y del respaldo de sus votantes. Desligar una cosa de la otra es como responsabilizar de un asesinato a la pistola y no a quien aprieta el gatillo. O un intento de blanquear su ideología criminal. Para entender el fondo de lo que dice el artículo nos sirve un ejercicio, muy manido pero igualmente esclarecedor: si en lugar de Pablo Iglesias hablásemos de un líder de un partido de extrema derecha, ¿diría el articulista que respeta profundamente su ideología, su discurso, su programa y a sus votantes?

No menos sorprendente es la apelación a la cultura de Pablo Iglesias. Porque como sé de tu cultura, sé que conoces el cuento del Traje Nuevo del Emperador. Imagino que esto responde al trato privado del autor con el político que no ha trascendido, ya que si de algo ha hecho gala Iglesias en sus apariciones públicas es de su enorme incultura, tan vasta como bastos son los postulados y métodos del neocomunismo bolivariano. Leído y releído el texto, lo que para mí sigue siendo un misterio es qué le da miedo al señor Pery de Pablo Iglesias.

Si preocupante es que el podemita se dedique a amedrentar a los periodistas, lo es más que la respuesta consista en decir que es un tipo culto, con una ideología respetable, un discurso irreprochable y unos votantes estupendos, pero que da miedo no se sabe muy bien por qué. Y que esta réplica reciba el elogio unánime y se considere demoledora indica que las cosas en esto del periodismo están peor de lo que parece. Y parece que están muy mal.

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