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Matar al mensajero

Es un pésimo negocio pelearse con los precios porque es como matar a los mensajeros más veraces y oportunos que podemos tener sólo porque nos trajeron noticias desagradables, pero verídicas.

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Los países desarrollados consumen hoy, proporcionalmente, mucho menos petróleo del que consumían hace tres décadas. No es porque lo haya ordenado el Gobierno y la gente obedezca dócilmente. Fueron los precios en 1973-1974 y 1980-1981 los culpables.
 
Hay gobiernos empeñados en pelearse con los precios. Es una lucha perdida de antemano. Mi ejemplo favorito actual es el Gobierno K de Argentina (Néstor y su esposa Cristina) que es una copia alucinante de gobiernos fracasados en el siglo pasado (el antiguo Alan García, el primer Carlos Andrés Pérez, Luis Echeverría, José López Portillo, Juan Velasco Alvarado y tantos otros). Quienes hoy viajan a la Argentina suelen comentar, a su regreso, que viajaron no al sur del continente sino al pasado: "Piensa en el México de los años 70, tal cual", me dijo hace meses un empresario que tiene intereses allá.
 
Es un pésimo negocio pelearse con los precios porque es como matar a los mensajeros más veraces y oportunos que podemos tener sólo porque nos trajeron noticias desagradables, pero verídicas. No sabemos por cuánto tiempo permanecerán altos los precios del petróleo, pero nos están avisando puntualmente que la demanda está prevaleciendo sobre la oferta. Y sólo hay tres formas realistas y efectivas de corregir el asunto y lograr que los precios bajen: O actuamos para aumentar la oferta o actuamos para disminuir la demanda o hacemos ambas cosas, opción, esta última, que siempre será la más beneficiosa.
 
Hay varias vías teóricas para incrementar la oferta (ya sea de petróleo, o de otras opciones energéticas que sustituyan al petróleo) que merecen un análisis que dejaremos para otra ocasión. Por esta vez, fijémonos en la otra cuchilla de las tijeras: la demanda. La herramienta más eficaz para disminuir la demanda es dejar que los precios nos indiquen la gravedad la situación. En los picos de precios altos del petróleo, los consumidores en los países desarrollados recibieron de lleno la noticia en las gasolineras, en la factura de la calefacción, en la factura de la electricidad y actuaron en consecuencia.  En otros países hubo gobiernos "benevolentes" que, para ahorrarles un disgusto a los consumidores, evitaron que el mensajero llegase a tiempo. Así les ha ido.
 
Romper el termómetro nunca ha servido para combatir la fiebre.
 
© AIPE
 
Ricardo Medina Macías es analista político mexicano

En Libre Mercado

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