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Los rifeños contraatacan

En apoyo de las protestas en el norte, se han echado a la calle los islamistas, las izquierdas y los jóvenes sin militancia política pero indignados.

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Mohamed VI | EFE

En el Rif, la tensión ha ido creciendo poco a poco desde el pasado mes de octubre. La muerte de Mohcine Fikri fue el detonante de este estallido social. Todos los intentos gubernamentales de aplacarlo -desde las promesas de investigación de lo sucedido hasta la represión de las manifestaciones- han sido en vano. La ira acumulada durante años se les ha ido de las manos, al Gobierno y al Majzén.

El epicentro de la crisis es Alhucemas, la antigua capital de la región Taza-Alhucemas-Taunat, que perdió ese estatus en beneficio de Tánger a raíz de la reforma territorial administrativa de 2015. Con unos 60.00 habitantes, desde entonces la ciudad no ha hecho sino decaer. Aunque el Rif no existe como región administrativa, es identificable como una de las zonas más pobres de Marruecos. Desde Nador hasta Tetuán, los rifeños se han venido manifestando contra los abusos policiales, la corrupción y el abandono. Todas las inversiones van a Tánger, mientras que la zona del antiguo Protectorado Español solo puede ofrecer a sus jóvenes la emigración y el cultivo del hachís. Así, a los agravios históricos se han sumado las ofensas y los abandonos del presente.

Frente a los manifestantes, el Gobierno ha recurrido a la violencia. Desde finales de mayo, los líderes del Movimiento Popular del Rif (Hirak), que vertebra las protestas, han sido objeto de persecución. El primero en caer fue Naser Zafzafi, que se hizo popular por su severidad hacia el Majzén y sus denuncias de la corrupción política. Después, los arrestos se dispararon. Ya superan el centenar. Las mujeres han ido ganando protagonismo con el paso de los meses. Tras la caída de Zafzafi, recogió el testigo Nawal ben Aisa. Esta ama de casa de 36 años está casada con un taxista y es madre de cuatro hijos. Llama constantemente a la manifestación pacífica y sin armas. Lleva el pelo suelto, como tantísimas rifeñas. Habla en árabe y tamazigh. Es durísima. Su discurso denuncia la pobreza del Rif y la falta de inversiones en educación y sanidad (a pesar de ser la zona de Marruecos con mayor número de casos de cáncer). La han detenido para interrogarla en dos ocasiones.

Las detenciones evocan el fantasma de las torturas policiales. Hasán II se aseguró la estabilidad del país a través del control policial y la mano dura. El Rif conoció bien su cólera. Cuando el periodista francés Gilles Perrault publicó Nuestro amigo el rey, en 1990, los rifeños sabían de qué estaba hablando. Aquel libro provocó indignación en Francia y el resto de Europa por las denuncias de torturas y, en general, las violaciones a los derechos humanos en el reino alauita. Desde el asesinato de Ben Barka hasta el terrible destino del general Ufkir y los presos de Tazmamart, la represión desató una tormenta política fuera de Marruecos.

Desde su ascenso al trono, Mohamed VI ha tratado de liberarse de ese pasado ominoso de desapariciones, prisiones secretas y suplicios. Destituyó a Dris Basri, el último ministro del Interior de su padre. Creó la Instancia Equidad y Reconciliación para investigar las violaciones a los derechos humanos durante los Años de Plomo (1971-1999). Visitó el Rif. Trató de transmitir la imagen de una monarquía nueva y abierta. Intentó reconciliarse con el territorio al que su padre había castigado con tanta severidad.

Ahora todo eso está en peligro.

El Movimiento Popular trata de marcar las diferencias entre el Gobierno y el Majzén, de un lado, y el Trono, a quien salva y en quien confía para la resolución de la crisis. Sin embargo, las sospechas de que las revueltas gozan del apoyo de los opositores al rey van ganando fuerza. Esto podría debilitar al Hirak. Mohamed VI sigue siendo muy popular en Marruecos. Si las protestas sufren un secuestro a manos de los opositores al trono, podría abrirse una brecha en un frente que, hasta ahora, está unido frente a los abusos del Gobierno.

En el plano internacional, las autoridades de los Países Bajos han detenido al exdiputado marroquí Said Chaú a instancias de Rabat, que lo acusa de narcotráfico, pertenencia a organización criminal, blanqueo de capitales y homicidio en grado de tentativa. Según el Gobierno marroquí, Chaú financia las protestas en el Rif.

Mientras tanto, los rifeños responden a las detenciones con más movilizaciones. Hay rumores de que los detenidos se han puesto en huelga de hambre bajo el lema "Inocencia o martirio". El rey ha prohibido a los ministros que se vayan de vacaciones mientras la crisis del Rif no se haya aplacado. En apoyo de las protestas en el norte, se han echado a la calle los islamistas, las izquierdas y los jóvenes sin militancia política pero indignados. En Rabat salieron a la calle hace solo tres semanas unos 15.00 manifestantes. El Gobierno ha movilizado a 25.000 agentes para controlar el norte, lo que está quitando efectivos al control de las fronteras y de las costas.

La crisis del Rif está lejos de resolverse.

© Revista El Medio

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