
Con ese nuevo contenido curricular el Gobierno de Chávez busca construir una nueva conciencia socialista en el "hombre nuevo" que se requiere para la supervivencia del proceso bolivariano.
La Constitución venezolana de 1999, en su artículo 102, señala que la educación debe respetar "todas las corrientes de pensamiento" y la "valoración ética del trabajo". Este mandato constitucional está hoy más vigente que nunca, dado que el 2 de diciembre de 2007, la propuesta de cambio constitucional de Hugo Chávez fue contundentemente rechazada por la mayoría de los venezolanos.
Este recordatorio viene al caso por la insistencia del Gobierno de querer imponer, a golpes y porrazos, un cambio en el contenido curricular de la enseñanza básica y media que contraviene flagrantemente con este mandato de la Constitución vigente y violenta la idiosincrasia del venezolano. Con ese nuevo contenido curricular el Gobierno de Chávez busca construir una nueva conciencia socialista en el "hombre nuevo" que se requiere para la supervivencia del proceso bolivariano.
Esta política educativa de Chávez marcha en contracorriente con respecto a países como China, Singapur, India y Japón, que deben en gran parte su éxito en lo socio-económico a que han entendido que la educación es el instrumento clave para el desarrollo.
La propuesta bolivariana contiene varias distorsiones inaceptables para la sociedad venezolana, entre otros:
Por último, como ya se hace costumbre en el mandato de Chávez, todo este cambio curricular se está haciendo con desconocimiento de los reales problemas que afectan a la educación, a espaldas de la ciudadanía, e incluso con la oposición de amplios sectores de maestros, padres y representantes.
Tal parece que el compromiso de Chávez es con el comunismo cubano y chino de Mao Tse Tung, no con el desarrollo integral del venezolano, como corresponde.
