- Gobernator declara el estado de emergencia fiscal en California
- Muere un joven atropellado por un conductor ebrio en el día de su cumpleaños
- Se concentran para descargar públicamente material protegido frente a la sede del PSOE
- Un pasajero se queda a vivir en Barajas porque Iberia perdió a su perro
- Atracan un Media Markt con un bate de béisbol, un palo de golf, una maza y una pistola
- Ecclestone desvela que Ferrari recibe dinero extra desde que "compró su lealtad" en 2003
- MAFO no descarta una "mayor depresión" que podría alargarse más allá de 2010
- El "hombre de Madoff" en España dice que "es una víctima más" de la estafa
- Aído beneficia a un colectivo afín al PSOE en el reparto de las ayudas de Igualdad
- Los jugadores del Murcia, intoxicados en la cena de despedida de Clemente
- Rajoy imitará el eslogan de Obama en el nuevo cambio de discurso que prepara para 2009
- Aído beneficia a un colectivo afín al PSOE en el reparto de las ayudas de Igualdad
- Zapatero se reúne con Montilla y Chaves para pactar una nueva financiación autonómica
- La Generalidad apuesta por instalar máquinas de preservativos en los institutos
- CiU cree que es Chaves quien marca el "límite" a Cataluña en la reforma de la financiación
- MAFO no descarta una "mayor depresión" que podría alargarse más allá de 2010
- Cospedal tilda de "escena bochornosa" la reunión entre Zapatero y Montilla
- Aído quiere una ley del aborto "similar a la del resto de países europeos"
- Más de 40.000 personas son acosadas a diario por los terroristas de ETA y su entorno
- El Gobierno de Chaves dice que acudió a Moncloa a garantizar "la multilateralidad" del acuerdo
Columna publicada el 22-05-2005
Es un bodrio. A partir de tan elemental principio y punto de partida, ya podemos entendernos y ocuparnos de asuntos de mayor enjundia, incluso relacionados con esa película de Ridley Scott que acaba de estrenarse (El reino de los cielos). Créanme que no concedemos mucha importancia al cúmulo de anacronismos, personajes cuya biografía se fuerza y retuerce para acomodarla al guión, o detalles de ambientación fuera de lugar: la exquisita perversidad de Guy de Lusignan, que no fue para tanto; la ubicación en la Palestina del siglo XII del Alcázar sevillano (que data del XIV, con sus azulejos de estilo nazarí y su neomudéjar de tiempos de Isabel II); la invención de unos devaneos amorosos entre la princesa-reina Sibila y Balian de Ibelin que, por cierto, jamás fue herrero sino noble desde la cuna y señor de Nablus, o los supuestos perdones para los prisioneros que Saladino habría derramado generosamente por doquier, cuando la realidad histórica es que, tras la batalla de Hattin, todos los caballeros del Temple y el Hospital cautivos fueron pasados a cuchillo, o que después de la Toma de Jerusalén –¿Les suena la palabra a los detractores de la Toma de Granada?– tres cuartas partes de la población (quienes no pudieron pagar su rescate) fuesen vendidos como esclavos. Estos deslices carecen de trascendencia en un filme de aventuras, y si la ficción se quedara en esos dignos límites del entretenimiento visual y narrativo, estaríamos salvados, pues desde el momento de entrar al cine somos conscientes de estar participando de un guiño convencional entre guionista-director de un lado y espectadores de otro: sabemos que aquello no es ni fue nunca verdad. Y así lo aceptamos.
En alguna ocasión hemos señalado que las distorsiones de detalle en la novela o el cine históricos son pecado leve y fácil de detectar, si se trata de ropas, personas, edificios o alimentos y siempre constituyen campo socorrido para dar rienda suelta a la indignación de eruditos más o menos cascarrabias. No es eso lo peor. Lo más grave sucede cuando la película comienza y termina colando de rondón un trasfondo ideológico –a veces muy manifiesto– inimaginable en el momento y espacio aludidos (véanse los discursos del protagonista sobre libertad e igualdad). Porque lo habitual en estos despliegues de moralina es inocular al pasado, para que broten por todos los rincones, los mitos de nuestro tiempo y reforzar de tal guisa la ideología nada inocente que productor-director-guionista buscan endosarnos de matute. Así son. Y, del mismo modo que en el cine histórico español de los cuarenta y cincuenta, las virtudes –reales o exageradas– de Isabel la Católica se elevaban a la categoría de sublimes y trascendían y anidaban en los corazones de toda la Nación española en una mitificación huera cuyos verdaderos alcance y resultados ahora estamos disfrutando, las producciones americanas de idéntico género, o Western, buscaban la legitimación ideológica del poder, la fuerza –y por tanto la razón– de los anglosajones históricos y, sobre todo, contemporáneos.
Pero eso se acabó. En nuestros días lo que se lleva es la imposición del pensamiento único representado en lo políticamente correcto que, dicho sea de paso, nació –como tantas otras tontunas– en las universidades de Estados Unidos. A ver si se enteran nuestros progres, tan antiyanquis como son: ¿Y quién dijo que vestir jeans no transmite ideología? Ahora la moda es el multiculturalismo, la negación de los valores básicos de nuestra civilización, gracias a los cuales la vida en nuestros países es bastante aceptable, y la adoración boba por una sociedad ajena que desconocen y con la cual –desde luego– estos progresistas de canuto y fin de semana evitan mezclarse, con esmero y buen cuidado. Porque una cosa es evocar en la pantalla –y ganando buenos duros en el caso de Scott– el exotismo de parque temático de la tierna bondad natural del Buen Salvaje (por descontado, en choque abierto con la maldad intrínseca de nuestra religión y nuestra sociedad) y otra bien diferente quedarse sin cerveza, ver a las mujeres sólo metidas en un saco negro, o renunciar a la libertad individual para hacer lo que a uno le dé la real gana. Son cosas distintas, aunque de la confusión –y la ignorancia– de grandes extratégas (sic) nazcan ideas geniales como la Alianza de Civilizaciones.

La Ilustración Liberal
Móviles & PDA
Email gratuito
Amor y amistad
Cursos y masters
