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Río Cabe

Que siga el son

"¡Y cómo hala / el politiquero / cuando le clava / el diente al jamón!", dice una guaracha cubana, de inevitable recuerdo ante la actual situación del PP: perplejidad horrorizada de los votantes por el panorama que ofrece el único partido que defendía la unidad nacional, la libertad e igualdad de los españoles (lo de Rosa Díez, de momento, está en veremos); fuga o expulsión en cascada y nada encubierta, mediante presiones intolerables, de algunos de sus mejores y más representativos miembros; "disgusto" y honda preocupación anonadada, mientras piensan qué se puede hacer, por parte de personalidades probadas y en las que de veras se puede confiar (no digo los nombres, por innecesario, ustedes saben quiénes son); renovación a base de la sombra de Fraga y las siempre reverdecientes ambiciones de Gallardón; jugarretas, zancadillas y sonrisas de suficiencia, la prepotencia de los tontos, en las reinas (o reyes) por un día que se benefician, o van a beneficiar, con la piñata desventrada a palos por Mariano el Ciego, el de las inconmensurables vendas oculares... Delicias de Pepiño, Rodríguez y Rubalcaba. Y de cuantos autonómicos aspiran a dejar exhaustas las ubres de la vaca estatal, los politiqueros de la guaracha, vaya, formando piña con Mariano el Liquidador, todos con el babero puesto y el trinchador en la mano: ni los rabos van a dejar, mientras la charanga de Juan el Barbero desgrana un son.

Mariano de Campazas (insisto: añada el alias el amable lector) pide confianza, por que sí, porque lo dice él –Gallardón asegura, por idéntico motivo, que las próximas elecciones las ganan ellos chupando el voto socialista que "no se sienta agredido"– y para ello exhibe su bagaje de "hablar de lo que interesa a la gente", es decir, el precio de la leche y las hipotecas, ilusionante proyecto político al que otro de los Siete Sabios de Grecia –Núñez Feijoo– ha agregado la reciente subida de la energía eléctrica, lo cual –no me negarán ustedes– es prueba de espíritu original, renovador y rompedor. Con guías así podemos navegar tranquilos por los procelosos mares, internos y externos, que nos rodean, sobre todo si ahí empiezan y acaban sus argumentos, porque, como bien señalaba hace días Juan Carlos Girauta, a ver si cree el tal Núñez que estamos con el PP por el precio de la luz. Tal vez sean las suyas motivaciones de esa índole, pero es muy dudoso que los diez millones muy largos de votantes del partido se queden en tan mezquino ritornelo, por importante que sea la intendencia.

Oigo mucho en estos días que "Mariano Rajoy nos engañó" y discrepo. Creo no descubrir nada nuevo: la mayoría de quienes apoyamos activamente –no sólo con el voto– su candidatura, éramos conscientes (ver, por ejemplo, nuestro artículo Rajoy, publicado aquí bastante antes de las elecciones) de las insuficiencias del personaje, pero las achacábamos a pusilanimidad y deformación reglamentista de alto funcionario de toda la vida y, en todo caso, se trataba de elegir entre un cortito y un mangante, con sus respectivas cortes y cohortes de séquito. Casi implorábamos no tener que presentarnos ante la urna con el mal menor y más nada, con un poco de ilusión y –¿por qué no?– de entusiasmo por un proyecto y un líder que de verdad lo fuera, alguien que no se quedara mudo cuando el otro le tiró a la cara los asesinados de Atocha, instante cumbre en el cual vi irremisiblemente perdidas las elecciones: con un paladín de tal porte y bizarría no hay salvación posible. Y con un aburrimiento infinito entregamos el voto, sin más esperanza que rezar para que en Levante lloviesen chuzos y en Galicia luciese un sol de justicia.

Y que siga el son, propone Mariano, rodeándose de cuanto chisgarabís esté presto a callar y aplaudir para trincar algo, mientras los demás nos tapamos los oídos, hartos de cantaletas contradichas por los actos: horripilante la invitación a Esperanza Aguirre para irse al Partido Liberal y no menos empavorecedores los augurios de Gallardón de afanar los votos socialistas (éste cree que todo le sale gratis y que disponen de todo el tiempo del mundo: ¿aguantará España hasta 2012?). No aprendieron la lección de Baleares, donde perdieron el Gobierno autonómico por meterse a catalanistas con la tal María de la Pau Janer, ni aprendieron del ridículo fiasco de la Constitución europea, cuando marchaban sumisos a la huella de Rodríguez (omito comentar toda aquella jaimitada) pero los votantes hicimos lo que nos pareció, que, desde luego, no era obedecer a Rodríguez y sus negocios. No aprendieron porque –en el mejor estilo progre– desprecian a sus votantes y nos creen de su propiedad, voto seguro, "para que no siga Zapatero", pero Mariano nos demuestra que él es la mejor garantía de continuidad para Rodríguez, mientras llega Gallardón a tomar el relevo en la eterna oposición.

Parafraseando otra canción de por allá, "Marianito, Marianito, / por tu vida te lo advierto, / si éste era tu cambio / ya puedes darte por muerto", avisamos que al igual que María San Gil no nos fiamos ya de Rajoy ni como probo funcionario. O dicho de otra manera, como la melodía y la letra no sean más que eso, aquí se nos acabó el son y rompemos la guitarra, porque ¿cuántos años, o meses, duraría la España confederal, eso que los palmeros de Rajoy llaman "el diálogo con los nacionalistas"?

Nota bene: Aunque no estemos en Navidad, ya urge escribir la carta a los Reyes Magos: "¡Aznar, vuelve!". De uno u otro modo, pero que vuelva.

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