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Columna publicada el 26-05-2005
Si los ciudadanos que conforman el Minuteman Project (proyecto de la milicia fronteriza) realmente quieren hacer algo por su país, debieran canalizar sus esfuerzos en quitarnos de encima al asfixiante Estado de Bienestar. Además de lo bueno que sería para todos los ciudadanos, eso aseguraría que cualquiera que llega del extranjero no viene a buscar limosnas financiadas por los contribuyentes.
Pero eso no es lo que busca esta milicia fronteriza. Esos “ciudadanos milicianos” vigilan la frontera buscando extranjeros que aspiran tener una vida más productiva para ellos y para sus hijos, denunciándolos a las autoridades cuando los encuentran. Esto me parece totalmente opuesto a la tradición histórica de los Estados Unidos, país que nació a raíz de una revolución en pos de la libertad individual y con gran desconfianza del poder político. Es irónico que estos estadounidenses aleguen que están actuando según la tradición de los Minutemen (milicianos) de tiempos de la Independencia. Tal alegato es fraudulento.
En tiempos de la colonia, la actitud de la gente hacia el poder político se demostraba cada vez que sacaban a patadas del pueblo a algún político, mientras que a los contrabandistas los aplaudían como héroes. La gente entonces conocía sus derechos naturales y aquellos que intentaban intervenir el libre comercio eran vistos como gente malvada.
Algo cambió. Ahora gente de otras naciones quiere darles nuevas cosas y muchos estadounidenses demuestran temor. No sólo los productos importados les preocupan, sino también los servicios y la mano de obra.
La mayoría de la gente que inmigra a nuestro país lo hace buscando oportunidades que no existen en su propio país. Eso quiere decir que no vienen a quitarnos nada sino a ofrecernos algo: su servicio, su voluntad de trabajo. Claro que quieren consumir, pero casi todos comprenden que para poder consumir tienen primero que producir. Como alguien dijo: lo inmigrantes tienen una sola boca, pero dos manos.
Los miembros de la nueva milicia fronteriza dicen que no se oponen a la inmigración, sólo a la inmigración ilegal. Pero, si estuvieran convencidos que los ilegales benefician a nuestro país, ¿estarían con binóculos y teléfonos celulares patrullando la frontera? Lo dudo.
El proyecto de los Minutemen se basa en la creencia que los ilegales son malos para la nación. Desde el punto de vista económico, no son malos. El temor que los inmigrantes le arrebaten puestos de trabajo a los ciudadanos se basa en el errado concepto que los requerimientos humanos son limitados. Cuando usted comprenda que su deseo por bienes y servicios es ilimitado, queda al descubierto la mentira. Siempre habrá escasez de mano de obra en relación a nuestro deseo de bienes y servicios. Cada vez que hay exceso de mano de obra es por culpa del gobierno, que de miles de maneras aumenta el costo de contratar mano de obra, creando desempleo. La solución es el libre mercado.
Y ¿qué hay de los inmigrantes que buscan limosnas del gobierno? Claro que algunos lo hacen. La solución es acabar con todas esas limosnas, tanto a ciudadanos como a inmigrantes porque constituyen una transferencia obligatoria e inmoral de la gente productiva a gente no productiva, lo cual no debe suceder en una sociedad basada en la libertad y el mutuo acuerdo.
© AIPE
Sheldon Richman es Director de la revista “Ideas on Liberty” y académico del Future of Freedom Foundation

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