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Fidel Castro, los jesuitas y la educación privada

Resulta siempre estimulante y renovador descubrir hechos relevantes que, por su carácter sorprendente, alteran las aburridísimas y también falsificadas "historias oficiales" haciendo de la historia y la reflexión algo apasionante.

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Este artículo no quiere imitar aquellas adivinanzas de antaño en que uno debía encontrar algo en común entre cosas absolutamente disímiles. Por el contrario, aquí se trata de develar directamente algo en lo cual cosas del todo diversas coinciden inesperadamente. El asunto tiene enorme actualidad. Ante todo por la reciente visita del Santo Padre Benedicto XVI a Cuba y las amenazantes presiones oficiales de la dictadura al Episcopado cubano y a la libertad religiosa. Mucha actualidad tiene el asunto porque quisiera dedicar el texto a nuestros estudiantes –secundarios y universitarios– que en marzo inician un año de estudios muy decisivo. Resulta por lo demás siempre estimulante y renovador descubrir hechos relevantes que, por su carácter sorprendente, alteran las aburridísimas y también falsificadas "historias oficiales" haciendo de la historia y la reflexión algo apasionante. El ensayista cubano Carlos Ripoll ha descubierto documentos notables y parte de ellos los reproduce en su libro El otro Fidel Castro y otros ensayos sobre Fidel Castro" (New York, 2000).

Castro en todas sus entrevistas se ha esmerado en dejar definitivamente en claro que, desde su primera juventud era un convencido agnóstico, rebelde y anticlerical. A Frei Betto le confió sobre su tiempo en los colegios jesuitas Belén (La Habana) y Dolores (Santiago de Cuba) y en particular sobre los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola: "Consistían en recluir a los alumnos de ese curso, durante tres días, para conferencias religiosas, meditación, recogimiento y silencio, que era en cierta forma la parte más cruel que tenían los retiros aquellos, porque de repente uno tenía que caer en la condición de mudo absoluto, no se podía hablar, era terrorismo mental por las meditaciones sobre el infierno, el pecado y la eternidad y los ejemplos que se usaban para explicarlos...Todos estos sacerdotes, y los que no habían sido todavía ordenados que ya participaban en la docencia, desde el punto de vista político eran nacionalistas, digamos más francamente franquistas, todos, sin excepción... Aquellos jesuitas eran todos gente de derecha... Su ideología era derechista, franquista, reaccionaria" ( op.cit. p.29).

Resulta por cierto curioso que, pese a tanta aversión, el joven rebelde hubiera podido resistir los ocho años que permaneciera en los colegios de Santiago de Cuba y La Habana e incluso poder recordar todavía en los años ochenta el agresivo y militante Himno Ignaciano entonándolo entusiastamente y completo con el ministro de Cultura colombiano Alberto Casas, también alumno de los jesuitas y de paso en Cuba: "Fundador sois Ignacio y General/ De la Compañía Real /Que Jesús con su nombre distinguió./ La legión de Loyola con fiel corazón / Sin temor enarbola la Cruz por pendón. / Lance, lance a la lid fiero Luzbel..." (p.28). Por aquel entonces los jesuitas revestían una piel completamente distinta a la posterior de color progresista y hasta revolucionaria. Por eso, cuando en 1945 el Senador Secretario General del Partido Comunista (o Partido Socialista Popular), Juan Marinello propuso una "Proposición de Ley" que exigía la " Inspección y Reglamentación de la Enseñanza Privada" fundándose en la Constitución Política que, pese al respeto de la libertad de enseñanza, disponía que el Estado estaba obligado a reglamentar e inspeccionar las escuelas privadas. Ante tal perspectiva, los colegios jesuitas en que, poco tiempo antes, se celebraban las victorias de Franco con misas y acción de gracias con el brazo derecho en alto, se sintieron amenazados. Marinello denunciaba que los textos para la enseñanza de la Historia Contemporánea del hermano jesuita Alberto Martínez atentaban "contra la cubanidad, al contener expresiones depresivas de nuestras características psicológicas, se arremete con violencia a la solidaridad humana cuando se admite como bueno el dominio de unos pueblos sobre otros. Y se ataca gravemente a las instituciones democráticas, al hacerse el más encendido elogio de quienes hacen armas contra ellas: Hitler, Mussolini, Franco e Hirohito. No se denuncia la huella religiosa, siempre respetable, sino la marca nazista, fascista y falangista, siempre repudiable..." (p.30).

La contraofensiva no se hizo esperar. Surgió en La Habana un movimiento "Por la Patria y por la Escuela". El Diario de la Marina publicó con grandes titulares un artículo en que calificaba el plan de Marinello como "una maquinación más del partido de la hoz y el martillo contra la Iglesia Católica y un ataque sin tapujos a la libertad de enseñanza" (p.31). Los comunistas no hacen nada que no vaya hacia su fin. No duermen nunca. No durmamos nosotros tampoco, pues la serpiente, como dice nuestra Santa Biblia, se esconde entre las hierbas...". El Colegio Belén, por su parte, también reaccionó de modo virulento ante la iniciativa comunista y ello coincidió con los últimos meses en que el joven Castro permaneció allí hasta graduarse. El acto más relevante fue el de la graduación en 1945. Fue presidido por Raúl de Cárdenas, vicepresidente de la República, el alcalde de La Habana, representantes del Gobierno de Ramón Grau, parlamentarios, el arzobispo Manuel Arteaga, el viceprovincial de los jesuitas y el Rector del colegio. (p.32-33). En la revista Ecos de Belén apareció una reseña de uno de los graduados: "Llegó por fin el día de la graduación. Esa mañana asistimos graduandos y madrinas, a una misa de Acción de Gracias. Allí, de rodillas ante Dios, dimos gracias, mil gracias, al Maestro Bueno que nos trajo a un colegio donde se enseñaba la ciencia del cielo y de la tierra... La parte espiritual estaba cumplida. Los alumnos de letras de la Preuniversidad, que muy pronto saldrán a defender en la vida pública los principios y doctrinas aprendidos en el colegio denunciaron el Proyecto de Ley presentado al Senado de la República, limitando la libertad de expresión y la libertad de enseñanza...". Agrega que en la denuncia del proyecto actuó un joven y prominente graduado: "Fidel Castro inicia la segunda parte del acto y explica agradablemente al público expresando cómo la intervención del Estado en la enseñanza privada en los diversos países va desde la más completa libertad, como en los EEUU, hasta la más absoluta concentración como en la Rusia comunista y la Alemania nazi." (p.32). Los comunistas respondieron de inmediato. En su periódico Noticias de Hoy se podía leer en el artículo "Estupendo Show" en el que alude directamente al posterior dictador: "Los personajes fueron escogidos cuidadosamente entre los pelagatos más profundamente infectados por la propaganda nazi-falangista y después de entregárseles el tema que debían tratar y de indicárseles la forma en que debían hacerlo y los argumentos que tendrían que emplear en la mojiganga ridícula, se les soltó la rienda y allí se dieron a desbarrar de lo lindo aquellos pobres diablos... Fidel Castro se dio un formidable ‘atracón de gofio seco’ (= panzada de harina tostada muy seca)".

En el Anuario Ecos de Belén se publicó en 1945 una fotografía de Castro con la nota: "Fidel Castro Ruz (1942-1945). Se distinguió siempre en todas las asignaturas relacionadas con las letras. Excelencia y congregante fue un verdadero atleta defendiendo con valor y orgullo la bandera del Colegio. Ha sabido ganarse la admiración y cariño de todos. Cursará la carrera de Derecho y no dudamos que llenará con páginas brillantes el libro de su vida. Fidel tiene madera y no faltará el artista..." (p.58)

La historia oficial es una leyenda mal construida. El tiempo y la astucia iban a cambiarlo todo. Al entrar triunfalmente a La Habana, el 31 de diciembre de 1958, Castro y Guevara hicieron detener la columna frente a los embanderados balcones del Colegio de Belén desde donde la plana mayor jesuita los saludaba efusivamente. Un clérigo, entretanto, había recibido formación militar y luchó junto a una columna en la Sierra Maestra.

La madera se había perdido y el artista, con el paso del tiempo, llegó a perder la razón y la razón de ser.

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