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Carta de Canarias

Criaturas feroces

Las homilías que el Frente por la Independencia de Canarias (Frepic-Awañak) se paga en la prensa de las Islas con el dinero de Marruecos tienen tanta trascendencia política como los exvotos a San Judas Tadeo en las páginas de clasificados. Si Rabat está pensando en desestabilizar con estos infelices, ya puede ir embalando el mapa de Mohamed VI –para no volver a sacarlo hasta dentro de cuatro o cinco dinastías– y dedicar a mejor causa su inversión en el independentismo cuneiforme.
 
Si todo lo que ha dado el nacionalismo radical y africanista ha sido un iluminado rabioso como Antonio Cubillo y unos pobres diablos a los que Rabat paga el bocadillo de chorizo de Teror y el Clipper de fresa [endemismo gaseoso de Canarias], para que desfoguen su misticismo bereber y su empanada ideológica por las fiestas patronales y las gradas de fútbol, entonces Bono puede desmontar el radar defensivo que está instalando en Malpaso (El Hierro) y ponerlo en su coche oficial, donde servirá, al menos, para detectar peligrosos afiliados del PP en las inmediaciones.
 
Los restos del independentismo no dan para más. Vanidad y pelo negro. Para que se hagan una idea: el cacao mental es de tal calibre, que uno de los publi-reportajes del Frepic en la Prensa local consistió en un elogio de “La obsesión antiamericana”, de Revel. Quedaron tan fascinados por el brillante alegato del maestro –leído, tal vez, por prescripción facultativa de algún funcionario ilustrado del Servicio de Inteligencia de Marruecos –, que le dedicaron media página de pago en las contraportadas. Cualquiera puede imaginar la cara que se le quedaría a un sincero devoto de la izquierda nacionalista – activista de todas las descolonizaciones, a condición de que sean revolucionarias y antiamericanas – al leer una exaltación de Revel perpetrada por los nuestros. Toda una vida deslomados a pleno sol, exhumando esqueletos guanches como si fueran de la Guerra Civil –y viceversa: de la Guerra Civil como si fueran guanches–, para que, al final, nos descolonicemos de España convirtiéndonos en la estrella número 51 de la bandera de los USA, Puerto Rico o Hawai a este lado del Atlántico. Pensándolo bien, en estos tiempos del talante y el desguace: ¿dónde se apunta uno?
 
Para Canarias, el riesgo no es la desestabilización de guardarropía intentada por los reservistas de la edad de piedra, sino el juego de símbolos que el nacionalismo oficial practica de forma temeraria desde el Gobierno. Coalición Canaria acaba de remendar la efímera bandera de la banda terrorista MPAIAC, para adoptarla como “símbolo nacional” del Archipiélago. El apoyo histórico de CC al Frente Polisario deja paso a la fiebre de los negocios en Marruecos. Ambas corrientes, la polisaria y la cotizada, se lo disputan hoy todo en CC: las siglas, las sedes, la pasta de la subvención electoral, la portavocía en el Congreso. Una facción abre ruta aérea a El Aaiún, Agadir, Casablanca y Rabat, y la otra saluda el crecimiento de Justicia y Solidaridad, el partido islamista y republicano de Abdesalan Yassin. En medio de este berenjenal, Paulino Rivero ha visitado el rastrillo ideológico para traerse lo más delirante y abyecto que se despacha, la bandera del MPAIAC. Si Marruecos estaba interesado en esparcir la confusión, habrá encontrado el aliado perfecto en la fuerza que gobierna Canarias. Sin embargo, en Rabat tendrán que seguir tirando, durante algún tiempo, de los exvotos publicitarios del Frepic a Alá, el misericordioso. Y es que Abama, el fastuoso hotel y campo de golf que el principal magnate de la prensa española está construyendo en el sur de Tenerife, aún no tiene minaretes.

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