Opinión
Noticias y opinión en la red
Carta de Canarias

Inmigrantes bajo la alfombra

El butrón aéreo por el que la Delegación del Gobierno ha trasvasado inmigrantes de Lanzarote a Fuerteventura, para que Zapatero no se topase con ellos al llegar a Canarias, ha agitado el sensible tabú de la promoción turística, uno de los fetiches más venerados por los prebostes locales. La verdad es que no hacía falta limpiar la costa de moros, para que Zapatero la disfrutase y difundiese sus encantos por el Telediario, que es algo así como la banda ancha ideológica del socialismo con rostro humano. Muy pocos canarios sabían que la antigua terminal del aeropuerto de Lanzarote se utiliza como zulo de inmigrantes, pero ahora lo sabe toda España. Genial, Carolina. La subdelegada del Gobierno, Carolina Darias, elegida azafata del año por los pasajeros del vuelo nocturno de Caldera Air, compañía de bajo coste muy competitiva en el mercado negro (perdón, subsahariano).
 
En Canarias, "promoción turística" son las palabras mágicas que todo político o dirigente empresarial debe tener a mano cuando está en peligro y necesita una escapatoria segura. El único interés general reconocido por los partidos políticos de cualquier signo, escuelas de pensamiento, cofradías, logias y familias sicilianas es la "promoción turística", una especie de símbolo místico que garantiza a quien lo invoca inmunidad frente a las críticas. Cuando un político quiere subir los impuestos en Canarias, dice que lo hace para "mejorar la promoción turística". Cuando traes a Clinton a jugar al golf en Abama, por 300.000 euros, sólo tienes que argumentar que es una "magnífica inversión en promoción turística" y todos te harán el paseillo. Que Zapatero se sienta cómodo en La Mareta y tan ajeno a la realidad de Canarias como el Príncipe Sidartha en su castillo es, por supuesto, "una impagable promoción turística", mientras que lo contrario, informar, como ha hecho El Mundo, de una vergonzosa operación para quitar de enmedio a los inmigrantes confinados en condiciones inhumanas en el aeropuerto de Lanzarote, se convierte, automáticamente, en una agresión contra la "promoción turística" de Canarias.
 
El chusco episodio de adulación y maquillaje protagonizado por una subordinada de Zapatero demasiado celosa de agradar a su jefe ha permitido sorprender al poder socialista barriendo debajo de las alfombras la miseria que no debe verse en la propaganda oficial. Con esa miseria conviven cada día residentes y turistas en Canarias. No hay aviones milagro que se lleven a otra parte el drama humanitario y el problema de seguridad que representa la inmigración clandestina. Uno de esos turistas, un ciudadano británico que descansaba en Lanzarote, fue asesinado por un ciudadano marroquí que había entrado ilegalmente en España. Sucedió el pasado martes, poco antes de que Zapatero llegase a la isla para disfrutar de sus encantos y grabar un spot veraniego para el Telediario.