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No digas cristiano, di humanista

Parece que el asunto más sobresaliente del Congreso del PP sea pasarle el tippex al adjetivo "cristiano" como quien se esmalta las uñas. Pulirse o no pulirse el carcundioso término de los Estatutos y demás palabrerío tiene a España en vilo. Pulirse, que no borrar, porque la gente decorativa y enrollada que promueve estas cosas ha dejado claro que lo cristiano, esa roña en la manicura ideológica de la derecha, es una cosa muy entrañable y se la quiere como a un abuelo demente al que se lleva al asilo. No extinguen o eutanasian lo cristiano, lo cual no sería muy humanista cristiano, sino que lo transubstancian en lo "occidental" y lo "humanista" a secas. ¿Acaso no dijo Jesús que estará con nosotros hasta el fin de los tiempos? ¿Acaso no nos dio el Espíritu Santo, echándolo a rodar por una escalera de fuego? La fe del tippex es más fuerte que la fe del carbonero. La logorrea política es el cuerpo místico donde los significados pasan de unas palabras a otras: nada muere, sino que se redecora. Ya lo dijo el zumbado de Wittgenstein: lo innombrable es la parte mollar del significado. No digas cristiano, di humanista.

En 1931, María Zambrano, muy republicana, muy de izquierdas y muy piadosa, escribió un pequeño ensayo titulado Hacia un nuevo liberalismo, que ningún liberal parece haber leído jamás de los jamases. –Suele ocurrir: todos somos liberales a la hora de largar por la boca, pero casi nadie a la hora de escuchar por la oreja del amor, de lo que se entiende pero no se razona-. Pues vale: que la Zambrano advertía, ya en 1931, ¡casi nada!, con los frailes poniendo armarios detrás de las puertas y las iglesias empezando a ser descubiertas como barato biocombustible, que la libertad desanclada de la trascendencia y anclada al individuo solo, sin una baliza mayor que sí mismo y mayor que la sociedad y que el Estado, es una palabra vacía que, como todo lo hueco, puede llenarse de cualquier cosa. Incluso de lo contrario; sobre todo, de lo contrario: trastero de tiranía.

El problema es que una parte de la derecha, la más habladora, identifica el pensar con el ikebana floral donde se confeccionan ramos con flores de temporada para las bodas, bautizos y comuniones laicas. Un congreso político no se diferencia apenas de una convención de vendedores de Leroy Merlin ofreciendo a la peña columpios de jardín para pisos con terraza. Soluciones inservibles a necesidades desenfocadas, que procuran la melancólica sensación de triunfo del bricolage inútil, el sofá bien montado que no pasa por la puerta. Hace diez años, el PP dio la batalla por que la Constitución europea incluyese una referencia al origen cristiano de nuestra forma de vida. No era una cuestión de "creencias", como dicen ahora los del tippex, sino de primer curso de Historia y pre escolar de Supervivencia.

Un agnóstico de izquierdas dijo que negar las raíces cristianas es de necios y suicidas. Otro agnóstico de izquierdas dijo que esa ocurrencia de John Rawls de admitir todas las ideas en el debate público, a excepción de las ideas de los creyentes, es una barbaridad propia de sistemas despóticos. El primer agnóstico de izquierdas es Marcello Pera y el segundo, Jürgen Habermas. Tengo una noticia que darles a las mentes del tippex: no son personajes de Mad Men, sino filósofos en diálogo con Benedicto XVI.

Humanismo sin su raíz cristiana, humanismo más tippex: eso sí que es tener fe.

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