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Ángel Cuadra, censurado en Cuba

El martes 5 de mayo, los escritores cubanos Zoe Valdés, Maria Elena Cruz Varela y Ángel Cuadra, presentaron en la sede del FNAC en Madrid, la campaña Censurados que se desarrollará del 5 al 18 de mayo, con la colaboración de Reporteros Sin Fronteras y Amnistía Internacional. Libertad Digital aprovechó la presencia de Ángel Cuadra en España para preguntarle por lo que ocurre en su país y por la situación que atraviesa el exilio cubano en Estados Unidos.

Ángel Cuadra (La Habana, 1931), galardonado con innumerables premios literarios, presidente del Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio, pasó quince años en las cárceles de Castro por sus actividades en contra de la tiranía comunista. Poco después de salir de prisión se trasladó a Estados Unidos. A pesar de lo mucho que sufrió en su país, el magnífico poeta y periodista cubano, se esfuerza en denunciar los crímenes de la tiranía castrista.

“La reconciliación no puede exigir a las víctimas que se arrodillen delante de sus verdugos”



Libertad Digital: Señor Cuadra, ¿a qué se debe su presencia en España?

Ángel Cuadra: He viajado a Madrid por dos motivos; en primer lugar para asistir al lanzamiento del libro Censurados en Cuba que ha publicado FNAC y Reporteros Sin Fronteras, libro –que está señalado como “La Colección Prohibida”– y es una recopilación de poemas de seis poetas cubanos que han sido opositores del régimen de Castro, Heberto Padilla, ya fallecido, Raúl Rivero, preso en Cuba, Belkis Cuza Malé que vive en Estados Unidos, María Elena Cruz Varela, Ernesto Díaz, con quien compartí prisión en Cuba y, yo mismo. Este libro, que ya se publicó en francés por Reporteros Sin Fronteras, se ha editado ahora en español. Debo reseñar que Amnistía Internacional también se ha sumado al acto que se ha celebrado en Madrid para su lanzamiento. Asistí a la presentación porque pensé que era útil acompañar a Zoe Valdés, gestora de este proyecto y, también porque la poesía que ahora presentamos refleja la verdad de Cuba, realidad que no se corresponde con la visión que ofrecen los poetas oficiales del régimen. Otro motivo que me trajo a España es que en la ciudad de Albox, en Almería, tuvo lugar un certamen de poesía internacional y a mí se me otorgó uno de los cuatro premios que fueron concedidos.

L.D.: Usted, además de poeta, es abogado, periodista y profesor.

A.C.: Sí, soy columnista del Diario de Las Américas y he sido durante varios años profesor de Lengua Española e Introducción a la Literatura en la Universidad Internacional de La Florida. Actualmente, también tengo una actividad profesoral, ya que me encargo de un seminario de Teatro para preuniversitarios de Miami. Simultáneamente me ocupo del Programa Hispano de la Feria del Libro de esa ciudad. Todo lo que hago, lo hago en español; es por eso que hablo mal el inglés, estoy todo el día entre hispanos, parece mentira pero es como si Miami no perteneciera a Estados Unidos.

L.D.: Antes de viajar a Florida pasó usted quince años en las cárceles de Cuba.

A.C.: Efectivamente. Me acusaron de actividades contra los poderes del Estado. Entonces sólo tenía tres opciones, me quedaba y compartía cómplicemente lo que estaba convencido que era malo, me iba como se fueron muchos, o intentaba luchar por mi país. Escogí ésta última y no me arrepiento.

L.D.: Quince años son muchos.

A.C.: Son bastantes. La prisión es muy mala. Es esperar que pase el tiempo por años y años. Es un mundo no deseable. Sin embargo, y a pesar de todo lo que sufrí, pude –con mucha dificultad y valiéndome de cualquier papel que encontraba– escribir tres libros de poemas en prisión: Improntos, Poemas en correspondencia y Tiempo del Hombre. Esos son los tres poemarios que escribí en la cárcel y que con muchas dificultades –ya que los policías nos registraban desnudos– pude sacar fuera de la prisión. Allí conocí a Ernesto Díaz, un caso formidable de un poeta que aún encarcelado comenzó a escribir poesía para niños con una ternura enorme.

L.D.: La cárcel despertó en muchos el sentimiento religioso.

A.C.: Así es. Sucede lo siguiente; cuando uno se encuentra en un estado de indefensión tan grande que siente que el mundo no le escucha, que está totalmente solo, que nadie comprende su causa, en esa soledad uno piensa que la vida tiene una razón superior, razón que asimila a un poder supremo que es Dios; entonces, claro, hay en eso una especie de reconciliación con lo trascendente. A algo tienes que aferrarte cuando vives casi sin comida en unas galeras insalubres oyendo como fusilan a los que eran tus compañeros y recibiendo palizas cada poco.

L.D.: Nunca se sabrá el número de presos de conciencia que ha fusilado el régimen castrista.

A.C.: Hay investigaciones fiables que aseguran que son cerca de 25.000 las personas que ha fusilado la tiranía de Fidel Castro. A los que hay que sumar los que murieron intentando huir de Cuba, cerca de 20.000, muchos de ellos niños. Hace algunos años fueron muchos los niños que asesinaron cuando hundieron el remolcador “13 de Marzo”. Como ahora, el pretexto del que se sirvió Castro fue el de dar un escarmiento. Entonces no le importó asesinar a varios niños; como hoy no ha dudado en fusilar a tres jóvenes negros que sin causar daño alguno intentaron huir de su país.

L.D.: Por fortuna, usted logró salir de Cuba y continuar su lucha política en Estados Unidos.

A.C.: Yo trabajé siempre en algo que me dejara tiempo para poder ocuparme en denunciar los crímenes de la tiranía castrista. Entendí que en Miami –junto a mis compañeros de lucha y gracias a mi columna en el periódico– podía ayudar a los que en Cuba estaban creando los grupos de Derechos Humanos. En estos momentos todavía soy vicepresidente de una asociación de ex presos políticos de la que soy co-fundador. También soy presidente y uno de los cinco fundadores del Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio.

L.D.: ¿Es cierto que el exilio cubano en Miami se encuentra dividido? Son muchos los que aseguran que en los últimos años se han multiplicado los “dialogueros”.

A.C.: La lucha ha sido muy larga y mucha gente se “afloja” y cree que por los caminos de la contemporización se puede conseguir algo, pero hasta ahora jamás Castro ha cedido en nada. La reconciliación no puede exigir a las víctimas que se arrodillen delante de los verdugos. No puede existir un diálogo con quien no quiere dialogar y lejos de reconocer sus crímenes insiste en hacer daño.

L.D.: ¿Es posible que estemos asistiendo al principio del fin de la tiranía castrista?

A.C.: Creo que sí. A Castro no le queda mucho tiempo, no sólo de vida, tampoco de existencia política. Pero mientras el mundo desprecie el sufrimiento de los cubanos, Castro seguirá en el poder.

L.D.: ¿Cree que el gobierno de Estados Unidos va a prohibir el envío de remesas de dólares a Cuba?
A.C.: No lo sé, pero yo lo deseo, quisiera que lo hiciera.

L.D.: Sin embargo, aquí se nos dice que ese deseo no es compartido por la inmensa mayoría del exilio cubano en Miami.

A.C.: Es cierto que se ha querido dar esa impresión, sin embargo, hace muy poco se ha realizado una encuesta real que no ha sido manipulada y en la que se pone de manifiesto que más del 70% de los exiliados están de acuerdo en que se suspendan las remesas de dólares a Cuba, se prohíban los vuelos y se endurezca el embargo. Nadie está en contra de los cubanos, pero hay que entender que por el hecho de enviar unos pocos dólares a la isla no se resuelve su problema. Ese dinero sólo ayuda a mantener la tiranía que como usted bien sabe vive de sus víctimas aunque estas se encuentren fuera de Cuba.

L.D.: Señor Cuadra, nos vemos obligados a terminar la entrevista, pero antes quisiera que hablásemos un poco de poesía. ¿Qué poetas españoles le gustan?

A.C.: Por supuesto los clásicos. También Lorca, Rafael Alberti y Miguel Hernández. Después de publicar mi primer libro recibí una carta muy halagadora del gran poeta Vicente Aleixandre, lo que significó para mí un gran honor.


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