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Por fin el gobierno español ha pedido a la tiranía castrista la extradición de un etarra. Se trata de José Ángel Urtiaga Martínez, acusado de delito de detención ilegal agravada por su implicación en el secuestro de Diego Prado Colón de Carvajal. Según el diario El Mundo, en el mes de octubre de 1999, Josu Jon Imaz, portavoz del gobierno vasco, se reunió en la Isla-cárcel con este sujeto. Pueden ser, al menos 23, los terroristas de ETA que en Cuba disfrutan de la hospitalidad del Máximo Líder. No obstante, el régimen comunista asegura que su presencia en la Isla responde a una petición de Felipe González. Según Kastro, "los militantes del grupo independentista vasco" están allí porque así se lo pidieron en 1984 los gobiernos de Panamá y de España.
Para el gobierno cubano no son terroristas, son "militantes del grupo independentista vasco". No les llaman "gudaris" porque no saben cómo escribirlo. Tal vez porque sabían de esta consideración, las etarras Nerea Garro y Ainara Esteran –al saberse perseguidas por la policía española– pidieron asilo en la Embajada de Cuba en Madrid en el mes de noviembre del año 2000. Entonces Castro no se atrevió a enfrentar un grave incidente diplomático y negó el refugio a las terroristas, pero hoy, después de acusar a José María Aznar de fascista, pondrá todo tipo de trabas a la extradición de José Ángel Urtiaga Martínez.
Los terroristas que cobija el régimen comunista disfrutan en la Isla de todo tipo de comodidades y libertad de movimientos. Blanquean dinero que les llega sin ningún obstáculo, participan en actos oficiales, disponen de vehículos puestos a su disposición por la tiranía y se reúnen con todos aquellos que viajan a La Habana para visitarles. En ningún sitio estarían mejor que bajo la protección de la robolución castrista, guía espiritual de todos ellos y modelo referencial del gobierno vasco. Aunque cueste aceptarlo, ahora será la "justicia" computerizada por Ibarretxe la que tendrá que pronunciarse sobre la extradición de Urtiaga Martínez. No obstante, a pesar de tan valiosa informatización, Castro tardará en responder a la petición del gobierno español mucho más de lo que tardó en fusilar a tres negritos y en encarcelar a la disidencia interna. Siempre podrá argumentar que el gobierno presidido por un "personaje de estirpe fascista" no le ofrece garantías suficientes.
De momento, Urtiaga Martínez podrá seguir disfrutando de los favores que en Cuba disfrutan los criminales de la peor especie. Allí conceden asilo a los que huyen de la justicia española, mientras que aquí negamos el refugio a las víctimas de la tiranía. Ya quisieran muchos de los cubanos que deambulan por Madrid sin permiso de trabajo, contar en España con las facilidades que en su país encuentran los terroristas. Kastro jamás ha exigido una visa de tránsito a los bandidos que han querido esconderse en Cuba. No se la iba a exigir a los etarras que se encuentran entre sus más aventajados discípulos. Todo lo contrario, les ha concedido una beca que incluye la entrada a los mejores hoteles, el aire acondicionado, la suave brisa del mar, la blanca arena de las playas, las palmeras, los mojitos y las jineteras universitarias. ¡Casi nada al aparato! ¡Le "ronca"! como dicen en Cuba. Los únicos que en La Habana sentirían la muerte de Esteban Dido son los asesinos de la banda terrorista ETA.
Para el gobierno cubano no son terroristas, son "militantes del grupo independentista vasco". No les llaman "gudaris" porque no saben cómo escribirlo. Tal vez porque sabían de esta consideración, las etarras Nerea Garro y Ainara Esteran –al saberse perseguidas por la policía española– pidieron asilo en la Embajada de Cuba en Madrid en el mes de noviembre del año 2000. Entonces Castro no se atrevió a enfrentar un grave incidente diplomático y negó el refugio a las terroristas, pero hoy, después de acusar a José María Aznar de fascista, pondrá todo tipo de trabas a la extradición de José Ángel Urtiaga Martínez.
Los terroristas que cobija el régimen comunista disfrutan en la Isla de todo tipo de comodidades y libertad de movimientos. Blanquean dinero que les llega sin ningún obstáculo, participan en actos oficiales, disponen de vehículos puestos a su disposición por la tiranía y se reúnen con todos aquellos que viajan a La Habana para visitarles. En ningún sitio estarían mejor que bajo la protección de la robolución castrista, guía espiritual de todos ellos y modelo referencial del gobierno vasco. Aunque cueste aceptarlo, ahora será la "justicia" computerizada por Ibarretxe la que tendrá que pronunciarse sobre la extradición de Urtiaga Martínez. No obstante, a pesar de tan valiosa informatización, Castro tardará en responder a la petición del gobierno español mucho más de lo que tardó en fusilar a tres negritos y en encarcelar a la disidencia interna. Siempre podrá argumentar que el gobierno presidido por un "personaje de estirpe fascista" no le ofrece garantías suficientes.
De momento, Urtiaga Martínez podrá seguir disfrutando de los favores que en Cuba disfrutan los criminales de la peor especie. Allí conceden asilo a los que huyen de la justicia española, mientras que aquí negamos el refugio a las víctimas de la tiranía. Ya quisieran muchos de los cubanos que deambulan por Madrid sin permiso de trabajo, contar en España con las facilidades que en su país encuentran los terroristas. Kastro jamás ha exigido una visa de tránsito a los bandidos que han querido esconderse en Cuba. No se la iba a exigir a los etarras que se encuentran entre sus más aventajados discípulos. Todo lo contrario, les ha concedido una beca que incluye la entrada a los mejores hoteles, el aire acondicionado, la suave brisa del mar, la blanca arena de las playas, las palmeras, los mojitos y las jineteras universitarias. ¡Casi nada al aparato! ¡Le "ronca"! como dicen en Cuba. Los únicos que en La Habana sentirían la muerte de Esteban Dido son los asesinos de la banda terrorista ETA.

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