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Propiedad del gobierno

Ser médico en Cuba es una de las peores desgracias que le pueden ocurrir a un ser humano. La robolución necesita de su esfuerzo para permanecer en el poder y no duda en esclavizar en el extranjero a miles de licenciados en medicina. A pesar de las farsas que muchos quisieron creer, es este el más importante éxito de la sanidad castrista. Libertad Digital ha hablado con un cirujano cubano que ha pedido refugio en Madrid después de haber sido forzado a trabajar para la tiranía en Nicaragua y en Guinea Ecuatorial.

“En Cuba un médico es un inmueble del Estado”

Pregunta: ¿Por qué ha pedido asilo en España?
Respuesta: Me sentía como un esclavo. Me obligaron a separarme de mi familia y a abandonar mi país para trabajar por un sueldo miserable en Nicaragua y en Guinea.
P: ¿Por qué no se negó?
R: No puedes negarte. Si lo haces te califican de miedoso, de flojo y de desafecto, te inscriben en la lista negra y comienzas a tener problemas. Caes en desgracia y por cualquier pretexto pierdes el trabajo y te persiguen de por vida.
P: ¿En qué consistió su primera “misión” internacional?
R: En el año 1986 me obligaron a trabajar como primer cirujano en Nicaragua sin haber terminado mis estudios de cirugía. Dirigí intervenciones de mucho riesgo sin ser todavía cirujano.
P: ¿El gobierno cubano les presentaba como especialistas sin serlo?
R: Por supuesto. Engañamos a los nicaragüenses haciéndoles creer que habíamos terminado nuestros estudios cuando todavía nos faltaban dos años para licenciarnos. Nos “vendieron” como cirujanos sin haber concluido la carrera. Trabajé 25 meses en Nicaragua por 11 dólares mensuales para que Castro pudiera presentarse como un líder mundial que corría en auxilio de los más pobres. Por desgracia, no fue esta mi única experiencia en el extranjero. Años después, en el mes de agosto de 2001, me “sugirieron” –como ellos sólo saben hacerlo– que aceptara servir a la revolución en Guinea Ecuatorial. Aunque cueste creerlo, en África me sentí aun más esclavo que en Nicaragua. Nos vigilaban constantemente. De este cometido se encargaban, Dimas Lima, encargado de negocios de Cuba en Guinea, y el jefe de la misión médica. No podíamos acercarnos a una embajada sin que ellos lo supieran. Para el gobierno cubano, los médicos somos inmuebles del Estado.
P: ¿Cómo consiguió llegar a España?
R: Al hacer escala en Madrid después de visitar a mi familia en La Habana. Aproveché que me habían concedido una visa de tránsito para salir del aeropuerto de Barajas y pedir asilo político. No puedo regresar a Cuba. En la isla había tenido relación con la disidencia y sirviéndome de mi trabajo en un hospital les había ayudado en lo me fue posible. Mis hijas ya no cuentan con mi sueldo, pero espero que me concedan el asilo político y regularizar mi situación para –gracias a la reunificación familiar– reunirme con ellas.
P: La tiranía siempre se queda con rehenes.
R: Gracias a ellos perdura el régimen de los hermanos Castro. Yo mismo –a pesar de todo lo que he sufrido y sufro– en cuanto se me permita trabajar enviaré la mayor parte de mi salario a mis hijas. No me queda más remedio si no quiero que mueran de hambre. En Cuba hay de todo, pero sólo para los que tienen divisas para comprarlo. Ni siquiera los cubanos que tienen dólares pueden entrar en una farmacia para extranjeros, han de pedirle a un turista que les compre la medicina que necesitan. Con pesos no puedes adquirir ni una aspirina. Como usted sabe, son los propios enfermos los que tienen que llevar las sábanas, las toallas y los medicamentos a los hospitales. El gobierno trata de ocultar una verdad que todos conocen. Un buen ejemplo de ello es la polineuropatía que padecen los cubanos por causa de que no prueban la carne de res. El racionamiento que soportan desde hace más de cuarenta años no les ofrece más de cuatros trozos de carne de muy mala calidad al año. Es un milagro que no sean muchos más los enfermos.
P: Comía usted mejor en Malabo.
R: Sí, pero no quiero que me esclavicen más. Prefiero vivir en un refugio en Vallecas antes que trabajar para Castro en África. Tengo cuarenta y nueve años, soy un buen cirujano, poseo una gran experiencia y espero que la vida me ofrezca una verdadera oportunidad.
P: Pasarán años antes de que pueda ver a sus hijas.
R: Esa es la suerte que disfrutamos los cubanos que hemos nacido en tiempos de Fidel Castro. Somos moneda de cambio. Desde que abandoné mi puesto en Guinea mi familia no recibe un peso. Después de trabajar durante toda mi vida no tengo derecho ni a cobrar un mes de paro. Castro ha fracasado en todo lo que ha intentado, pero conserva una gran capacidad para la venganza.
P: ¿Cómo es posible que no se produzca una rebelión en Cuba? ¿Cómo pueden conformarse los cubanos cuando se les niega las medicinas a sus hijos, mientras los turistas consiguen con dólares todas las que necesitan?
R: Los cubanos no se conforman, pero tienen miedo y no confían en nadie. No pueden organizar nada importante en contra del régimen. Cualquiera puede ser un chivato. La tiranía vigila todas las casas de todas las cuadras. Mis compatriotas viven aterrorizados y han elegido la doble moral para sobrevivir. La mayor parte de la población carece de lo imprescindible, de manera especial los viejitos que no reciben dólares del extranjero y no pueden vender nada por no poderlo robar en el trabajo que ya no tienen. Da lástima verlos ofrecer los cigarrillos de la libreta de racionamiento por las esquinas de La Habana.
P: Sin embargo, son muchos los que en España defienden a Castro y a su régimen.
R: Es cierto. Aunque llevo pocos meses en Madrid, soy consciente de que una gran parte de los españoles simpatizan con el gobierno cubano. Si hubieran sufrido lo que hemos sufrido mi familia y yo no pensarían así. En España son muchos los que odian a los estadounidenses y creen que Castro es su enemigo. Pero se equivocan. Castro no odia a los norteamericanos, mañana mismo les vendería la isla entera si se la compraran. Castro odia y desprecia a su propio pueblo. Muchos de los españoles que le defienden estarían presos en Cuba si hubieran nacido allí.
P: ¿Por qué antes de aceptar hablar con nosotros nos ha pedido que silenciemos su nombre?
R: Porque tengo miedo. Mientras mis hijas vivan en Cuba no seré un hombre libre. Como ya le he dicho lo único que funciona en la isla es la represión. Castro disfruta vengándose y aún conserva una gran capacidad para hacerlo.
P: ¿Volverá algún día a su país?
R: Eso espero. Pero no me hago ilusiones. Pasará mucho tiempo antes de que Cuba sea un país libre. Por desgracia, el régimen comunista ha sabido servirse de la ambición de muchos especuladores europeos que se han prestado a invertir en la isla. Gracias a ellos, y a los dólares que envían los exiliados a sus familias, la tiranía consigue financiar la brutal represión que le permite conservar el poder.

Entrevista realizada por Víctor Llano para Libertad Digital

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