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Justicia

Las reglas son más importantes que las personas

No se dicen muchos cumplidos de los políticos, pero cuando se plantea un problema, se suele decir que "el Gobierno debería hacer algo", olvidando, al parecer, que son los políticos los que tienen el control del gobierno. Muchos piensan que las cosas pueden cambiarse eligiendo a políticos distintos, pero yo me pregunto si, teniendo en cuenta las opciones que afrontan los políticos, hay alguna razón para esperar que un político difiera significativamente de otro. No deberíamos centrarnos tanto en las personas y hacerlo más en las normas.

El tipo de normas que deberíamos tener son las que crearíamos si nuestro peor enemigo estuviera a cargo. Mi madre creó una versión doméstica de ese tipo de reglas. En ocasiones me pedía a mí o a mi hermana que dividiésemos equitativamente el último trozo de tarta o pastel para compartirlo entre nosotros. Lo siguiente que venía casi siempre era una discusión acerca de la justicia de la división. Esas peleas se terminaron cuando mi madre puso una nueva norma: el que cortara el pastel debía dejar que fuera el otro quien cogiera el primer pedazo. Como si de una intervención divina o mágica se tratara, emergió la justicia y terminaron las discusiones. No importaba quién realizase el corte, siempre había una división equitativa.

Al crear e implementar normas neutrales, minimizamos el conflicto. Consideremos un campo en el que se practica una competitividad implacable: los deportes. En la Super Bowl, los Pittsburgh Steelers y los Seattle Seahawks se jugaban mucho. Los jugadores, para empezar, pueden ganar una prima de 73.000 dólares por cabeza, el incremento del valor del contrato y otros beneficios. Pese a ser una lucha a muerte y a todo lo que estaba en juego, el partido terminó pacíficamente y los ganadores y los perdedores fueron educados entre sí.

¿Cómo es que jugadores de fútbol americano con intereses en conflicto y motivos para ganar pueden jugar un partido, estar de acuerdo en el resultado y marcharse quedando como caballeros? Parece casi un milagro, pero el milagro consiste en que es mucho más fácil alcanzar un acuerdo sobre las normas del juego que sobre el resultado del mismo. Las normas son conocidas y duraderas, y el único trabajo del árbitro es hacerlas cumplir de forma equilibrada. Hasta los equipos de fútbol que suelen perder tienen interés a largo plazo en que existan reglas conocidas, duraderas y aplicadas con equidad, porque les permiten crear con más facilidad una estrategia ganadora, ya que el juego resulta más predecible.

Suponga que las normas de juego fueran flexibles y los árbitros jugasen un papel a la hora de determinar el resultado del juego. En otras palabras, imagine que los árbitros estuvieran más interesados en lo que creyeran que es justo que en hacer cumplir unas normas neutrales. En esas condiciones no se podría predecir el comportamiento del equipo, de modo que, en lugar de intentar incrementar su efectividad, los propietarios dedicarían sus recursos a presionar o sobornar a los árbitros.

En el caso de la Super Bowl del año pasado, los árbitros podrían haber argumentado que, puesto que los Pittsburgh Steelers habían ganado ya cuatro campeonatos, la justicia exige que el juego sea manipulado de forma deshonesta en favor de los Seattle Seahawks, que nunca han ganado una Super Bowl. Es fácil de imaginar todos los problemas que surgirían a partir de esa decisión: los propietarios de equipos presentarían demandas por lo que verían como decisiones parciales de los árbitros y los partidos acabarían entre rencores y peleas. Las habilidades y erl estado físico de los jugadores se reduciría y el deporte tendría peor calidad. Después de todo, si el resultado queda determinado por lo bien que el equipo influencia a los árbitros, ¿por qué dedicar recursos reclutando y entrenando a los mejores jugadores? Es mejor utilizar esos recursos en sobornos y presiones.

Tenemos un conjunto de normas que son conocidas, neutrales y concebidas para perdurar. Fueron creadas por nuestros fundadores y están plasmadas en la Constitución de los Estados Unidos. Esas normas se han visto debilitadas por un Congreso en el que ambos partidos han seleccionado a los ganadores y perdedores del juego de la vida. El Tribunal Supremo de los Estados Unidos, que fue concebido para ser un árbitro neutral, ha traicionado ese papel y se ha convertido en un jugador más. Todo esto significa que podemos esperar un futuro de elecciones a vida o muerte y mayores conflictos.

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