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Los riesgos en la gestión patrimonial

Warren Graham

&quote&quoteDedique menos tiempo a buscar el Santo Grial de la inversión que le va a hacer rico milagrosamente y más tiempo a analizar y gestionar los riesgos a los que está expuesto.

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A diario me encuentro con inversores que conviven con numerosos riesgos sin ser conscientes de ellos. Es como si viviesen en una casa encima de un volcán, disfrutando de las vistas, sin ser conscientes de que, de manera imprevisible, éste puede despertar y lanzarles por los aires.

Cuando les hablo de su existencia, me miran con desconcierto, unas veces con incredulidad y otras con indiferencia. No les culpo, pues el concepto de riesgo no es sencillo, es un concepto amorfo, dinámico y a su vez mutante. Y hasta que éste explota, su presencia es imperceptible. Del mismo modo, uno piensa que es una necedad dedicarles tiempo y dinero si no ha ocurrido tal contratiempo; vamos, igual que pagar un seguro si nunca lo hemos utilizado.

Situaciones recientes ponen de manifiesto este tipo de crisis; el caso Madoff en el que los resultados positivos y estables cegaban la fragilidad operativa y de control de la gestora; los casos Lehman Brothers, Washington Mutual, AIG, los bancos islandeses y Fannie Mae, entre otros, en los que vimos que las entidades, por grandes y prestigiosas, pueden sufrir adversidades con implicaciones terribles para sus inversores. Este fue el caso de los fondos inmobiliarios y de algunos hedge funds, en los que los efectos de la iliquidez se hicieron patentes.

El riesgo significa vulnerabilidad ante un potencial perjuicio o daño, normalmente desconocido u oculto. El perjuicio puede ser la obtención de resultados diferentes a los esperados. El daño sería la pérdida total o parcial de nuestra inversión, independientemente de las razones que lo causen.

Al igual que los conductores no escogen sus coches sólo por la velocidad, sino por su capacidad y seguridad a la hora de ofrecer sus distintas prestaciones (aceleración, frenada, estabilidad, robustez, confort, etc.), los inversores no deben tomar sus decisiones fijándose exclusivamente en la rentabilidad esperada, descuidando el análisis de otras prestaciones –y riesgos– igualmente importantes. Entre éstas cabría destacar el cómo los gestores ganan dinero, por qué lo quieren compartir con él, qué alineación de intereses tienen, cómo se puede entrar y salir y la justificación y coherencia de sus resultados.

Da la sensación de que hablar de los aspectos negativos que están tan presentes como los positivos no es del todo elegante. O que simplemente no "vende". El problema es que no detallar todas las posibilidades es contar verdades a medias; es la peor de las mentiras, porque se limita así el conocimiento necesario para crearse unas expectativas razonables de los resultados posibles. Estaríamos recomendando un coche por su atractivo diseño sin decir que gasta 30 litros de gasolina cada 100 kilómetros o que se sale en las curvas.

Conviene destacar que, aunque los riesgos de pérdida o por volatilidad a priori sean los más visibles para el inversor, existen otros riesgos no menos importantes: el riesgo de inflación (poder de compra), el riesgo de liquidez (imposibilidad de convertir en dinero las inversiones), el riesgo de país (representado por la inestabilidad económica y política reinante), el riesgo fiscal (el tratamiento impositivo del instrumento de inversión y sus implicaciones), el riesgo de tipo de cambio o el riesgo de contrapartida (posibilidad de que una de las partes se declare insolvente).

Indiscutiblemente, en el ámbito de las inversiones siempre hay riesgos, como los descritos anteriormente u otros más sutiles, como el riesgo de no hacer nada o el de basarse en teorías equivocadas que indiscutiblemente pasarán factura de todos.

Con todo esto, lo que debe quedarnos claro es que una de las piedras angulares a la hora de tomar decisiones de inversión es implementar una adecuada gestión de los riesgos, puesto que la gestión de carteras no es más que la gestión de éstos. Las rentabilidades a las que podemos optar para nuestro patrimonio vienen de los riesgos que asumamos, aunque no siempre seamos conscientes de ellos.

Mi recomendación es que dedique menos tiempo a buscar el Santo Grial de la inversión que le va a hacer rico milagrosamente y más tiempo a analizar y gestionar los riesgos a los que está expuesto.



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