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Viaje de Moratinos

Desprecio a la oposición cubana

Fue precisamente un socialista, el diputado Ramón Jáuregui, quien alertó el año pasado a los empresarios sin escrúpulos que invierten en la isla y al Gobierno de España sobre las "partidas al debe" que generan sus actuaciones a favor de una dictadura y en perjuicio de los trabajadores y el pueblo cubano. Un debe por el que el pueblo cubano, llegado el cambio, pasará factura.

Si para Moratinos el diálogo es lo fundamental para solucionar los problemas, ¿por qué no dialoga con la oposición cubana? Dado que el problema de Cuba es precisamente el de una dictadura que se mantiene gracias a no dialogar, a un Gobierno que no se somete a unas elecciones democráticas, el mejor ejemplo de legitimación y de diálogo sería ese y sólo ese.

No se puede decir que se está a favor del "diálogo" si lo único que se hace es promocionar el monólogo de una de las partes. Moratinos no fue a promover el diálogo "abierto y franco" sino a afianzar en las "zonas francas" de Cuba a empresarios españoles que incumplen las normas de la OIT (Organización Internacional del Trabajo).

Llevar como interlocutor al señor Javier Sandomingo, que ha puesto públicamente en duda el estado de extrema gravedad en que se encuentran algunos presos políticos, aparte de resultar ofensivo es hasta incomprensible. Intentar limpiar la postura pro-dictatorial del actual Gobierno español llevando como representante en el "acercamiento" con los opositores a alguien que no les cree y los cuestiona en importantes foros internacionales sólo puede interpretarse –y las circunstancias y los hechos lo demuestran– como un desprecio hacia los demócratas cubanos.

Son muy fuertes las raíces que unen a Cuba con España; para ser exactos, somos la misma raíz. Y es precisamente por eso que resulta muy doloroso el apoyo que pretende darle el actual Gobierno español al castrismo ante la Unión Europea. El castrismo ha sido y es como una enfermedad que ataca nuestro árbol común. Una enfermedad que ha atacado y secado muchas ramas, tanto españolas como cubanas. Seguir intentando convivir con ella sólo podrá traer consigo que el mal acabe por destruir ese árbol y, entonces, ya no habrá ramas ni hojas a las que alimentar con nuestras raíces comunes.