Menú

El poder sin la cultura

Durante las presidenciales francesas hay un tema que ha sido el gran ausente de los debates y de las entrevistas: la cultura.

0

Durante las presidenciales francesas hay un tema que ha sido el gran ausente de los debates y de las entrevistas: la cultura. A ninguno de los candidatos le interesa la cultura en lo más mínimo, para nada. Ninguno de ellos hace gala de una sólida formación cultural citando, por ejemplo, a un escritor que pudiera ilustrar su programa y sobre todo su pensamiento. ¿Pensamiento? ¿Y eso qué es?

Tampoco en las presidenciales norteamericanas se vio nada parecido. Ni por el lado republicano ni por el demócrata. La cultura no viste bien. La cultura afea, pareciera que quisiera decir el mensaje que desde el poder se transmite. Por favor, no confundir la cultura con el espectáculo. De bufones y sus chabacanerías estuvo sobrada la presidencial estadounidense. Pero yo no me refiero a esa morralla hollywoodiense ni a los meneadores de traseros de a tres por cuarto. Hablo de la cultura de libros, de lectura, de conocimiento, de lenguaje, de pensamiento. Otra vez el pensamiento, sí, lo sé, soy reiterativa y aburrida quizá.

Lo mismo ocurre ahora en Francia, la indiferencia hacia la cultura resulta en realidad novedosa y excesivamente molesta. Sólo citan cifras, sólo se habla de la inmigración, del racismo, de la seguridad, de lo nacional, de la Unión Europea, de la especifidad francesa, que creo que ya ni ellos mismos saben lo que significa, temas, quién lo duda, de gran interés. Pero no hay nada más de fondo, nada relativo al análisis fluido proveniente de personas inteligentes, profundas, sensibles.

La sensibilidad es inherente a la cultura, a la poesía, a una cierta oratoria. Pero la poesía no interesa a ninguno de los oradores candidatos. ¿Poesía? ¿Oratoria? No hay espacio para semejantes distracciones. La cháchara burda y vacía es lo que predomina. No, nada que pueda distraerlos del lujo de aparentar lo que no es. Nada que tenga que ver con la elegancia de ser honestos, cultos, libres.

Y es que no son candidatos libres. Por su descomunal incultura se aprecia lo esclavos que son de ideologías y convencionalismos, pendientes del dinero empleado en la campaña y del que ganarán después, siervos de lo que es todavía más funesto: del poder que representarán, que no será de ninguna manera el poder del pueblo, tan cacareado y por el que tanto se desgañitan sin que sus palabras demuestren el menor de los sentidos y sentimientos, ni la más vehemente de las emociones. El poder, tout court, y si es posible subrayado y con mayúsculas.

Emmanuel Macron acaba de confundir la Guyana con una isla. Y ese será probablemente el próximo presidente de Francia. La geografía de un país es también parte preponderante de su cultura. Pero eso qué importancia tiene al lado de las metidas de pata de Obama, que le agregó un estado a los Estados Unidos, y no cesó de cometer pifias en cada uno de sus discursos y apariciones públicas a pesar de que leía absolutamente todo en un teleprompter. Ah, eso sí, lo que era bailotear y canturrear como todo un showman, de eso sí tenía para comer y para llevar. Pero eso es espectáculo puro y duro, y de ninguna manera cultura.

Quedan pocos días, no creo que ese fervor que tuvieron antaño los franceses por la cultura reaparezca en las elecciones. Eso, claro está, entorpecería el lamentable show.

En Internacional

    Recomendado

    Lo más popular

    1. La "brutalidad" de la Guardia Civil al descubierto
    2. Vídeo: La "brutalidad" de la Guardia Civil al descubierto
    3. La carta sobre 'los Jordis' que revienta las redes sociales
    4. ¿Debe ser expulsado el Manchester City de la Champions y Guardiola sancionado?
    5. España convoca al embajador de Venezuela por las palabras de Maduro sobre Cataluña
    0
    comentarios

    Servicios