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Columna publicada el 11-11-2003
El amigo Tusell, historiador profesional –aunque no buen profesional–, acaba de escribir en relación con un debate organizado por Sánchez Dragó sobre José Antonio: “Alguien debiera decirle al director de RTVE que ya se ha llegado al límite en jalear a personas, grupos y opiniones cuyas doctrinas resultan directamente contrarias al espíritu de nuestra Constitución”. No vi el debate y no puedo opinar de él, pero sí de las palabras de Tusell, que tratan nuevamente de imponer una censura y, ellas sí, chocan de frente con el espíritu de la Constitución. Pretende incluso imponer un criterio general: “Un programa cultural no debería evocar a un personaje de significación político-partidista”. ¿El director de RTVE debería estar atento a censurar programas culturales sobre Franco, Azaña, Churchill, Stalin, o cualquier político del pasado? ¿Y sobre personajes no políticos, pero tan significados políticamente como Neruda, Picasso, Hamsum etc.? El avispado profesional no quiere decir esto, claro está. Quiere decir que debieran proscribirse aquellos que le disgustan a él.
Para vestir sus afanes de censor, Tusell califica de “delirantes” y “lunáticas” las opiniones de Sánchez Dragó. La estolidez y nulo sentido del humor de nuestro censor le impide ver que no pueden aplicarse normas de rigor historiográfico a quien ha escrito sobre la historia en plan más bien literario y de especulación libre e imaginativa. A quien sí deben aplicarse tales normas es al propio Tusell. Es la paja de siempre, con perdón, y la viga. Visto al revés: Tusell escribe con prosa reconocidamente pesada y sin gracia, pero no se puede juzgar por eso su obra, sino por su aspiración a clarificar la historia reciente. Si lo consigue o no, es la cuestión. Yo creo que rara vez lo consigue, pues en general manifiesta un amor a la verdad escaso –su vocación censoria ya indica mucho–, muy inferior a su afición a copar puestos, subvenciones y prebendas. Probablemente ningún historiador ha sacado más tajada a su profesión.
Y ya que hablamos de Sánchez Dragó y de política, vale la pena recordar que éste militó en el PCE en los años difíciles, mientras que Tusell, en el franquismo y después, descolló sólo en la trepa. Y ahí lo tienen ahora, más antifranquista que nadie. ¿Creen ustedes que movería un dedo si volviese una dictadura? O se acoplaría a ella, para hacer carrera, como hizo en su juventud e hicieron tantos antifranquistas de después de Franco, o marcharía al extranjero, también para hacer carrera como exiliado de salón y subvención. Siempre de zampabollos.
Quizá estoy siendo un poco duro con él, pero me indigna la mala baba que destila el hombre y, sobre todo, su hipócrita invocación de la Constitución para implantar una censura a su gusto. ¿Imaginan ustedes el panorama si gente como él pudiera dictar la orientación cultural en televisión o en ámbitos más extensos, como pretende?
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