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Columna publicada el 23-12-2003
¡Que mal sientan las elecciones a algunos de nuestros políticos! Aunque no tanto como la campaña electoral que se les indigesta, a unos cuantos, de mala manera. Ahí tienen a Gaspar Llamazares -¿reforzado? líder de Izquierda ¿Unida?-, que con el apoyo de su "robusta" coalición se ha lanzado a realizar propuestas electorales propias de un político de otra galaxia. No contento con el desastre electoral del pasado mes de mayo, cuando recorrió España de la mano de Zapatero azuzando la tensión callejera con las banderas del Prestige y de la guerra de Irak, ahora vuelve a insistir. Llamazares propone ahora ir en candidaturas conjuntas con el Partido Socialista, para el Senado, en las elecciones de marzo. Y es que después de la experiencia que ellos mismos vivieron, pueden pasar tres cosas: o Llamazares es muy torpe, o Llamazares tiene pavor a los resultados de marzo o Llamazares tiene como objetivo prioritario de su coalición hundir definitivamente a Rodríguez Zapatero. Pero cuidado, que estas tres posibilidades no son excluyentes entre sí. Bien podría ser que Llamazares, torpe y miedoso ante los resultados, quiera hundir a Zapatero.
Sea como fuere, desde el Partido Socialista el "eminente" Jesús Caldera ha salido en tromba para decir que nones, que el PSOE tiene autonomía más que suficiente para formar sus propias candidaturas para el Senado. Supongo que este gesto habrá sido un alivio para muchos militantes socialistas que ya se veían otra vez con la compañía de Llamazares de mitin en mitin en la próxima campaña electoral. Esta prontitud de la dirección socialista para atajar cualquier especulación sobre el futuro de las candidaturas electorales es una evidencia de los errores del pasado. Es el reconocimiento, gritado a los cuatro vientos, de que la estrategia de las últimas municipales y autonómicas fue un sonoro fracaso. Tarde y torpemente, el PSOE reconoce que con Llamazares no va a ningún sitio.
En todo caso, este toma y daca entre unos y otros -amigos hasta hace poco
tiempo- es un buen ejemplo de la deteriorada situación que atraviesa la izquierda española a sólo dos meses de las elecciones generales. Sin estrategias decididas, sin programas definidos ni actitudes clarificadoras para sus propios electores, el PSOE e IU conviven en una evidente crisis de identidad. Dos crisis diferentes entre sí en su origen, pero que son contagiosas en su desarrollo. Zapatero dice ahora no a Llamazares. Es un no huidizo y escarmentado del pasado, pero con una lamentable alternativa. Zapatero dice no a Llamazares, para luego sustituir al coordinador de Izquierda Unida por el republicano e independentista Carod Rovira. A eso se le llama, señor Zapatero, "ojo clínico".
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