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Columna publicada el 23-02-2004
La desfachatez con la que Zapatero desvincula a Carod Rovira de la estrategia de ETA y con la que exige al PP que no lo denuncie electoralmente es casi tan grande como la debilidad que el secretario general del PSOE ha mostrado ante Maragall y sus socios de gobierno.
A pesar del perfil, no ya bajo sino casi somnoliento con el que Rajoy está echándoselo en cara, Zapatero no quiere que su rival haga el menor uso de este gravísimo asunto en la campaña y reclama una convocatoria urgente del Pacto por las Libertades para que este vuelva a maquillar –como siempre– la nada fiable actitud de los socialistas ante la política antiterrorista. Este pacto, que nació, una vez concluida la tregua de ETA, por la preocupación de un recién llegado Zapatero por que el PP se presentara ante los electores como el único adalid de la firmeza contra el terrorismo, se vuelve ahora a usar por parte del secretario general del PSOE como una mordaza para que el PP no denuncie ante los electores la cesión y la debilidad de los socialistas ante los objetivos de los nacionalistas, sean o no etarras.
Para respaldar la política combativa del Gobierno contra ETA, no hacía falta ningún pacto; bastaba con apoyarla. Para marginar de cualquier acuerdo político o pacto institucional al nacionalismo independentista, no hacía falta ningún pacto; bastaba con excluirlo. En cualquier caso, Zapatero, entonces, aún no era el decapitador de Redondo Terreros, y Aznar renunció a apelar a las urnas si de verdad los socialistas se comprometían a cumplir un Pacto que, afortunadamente, era mucho más que un mero compromiso de “eliminar de la legítima confrontación política o electoral las políticas para acabar con el terrorismo”.
El PSOE incumplió el pacto por las Libertades mucho antes de saberse las últimas conversaciones de Carod Rovira con ETA, antes incluso de conformarse el acuerdo de gobierno con los independentistas catalanes. Zapatero ya lo violó de cabo a rabo cuando después de instigar, al dictado de Prisa, el cese de Nicolás Redondo Terreros, toleró en Navarra los pactos municipales de su partido con el PNV y Aralar. Lo volvió a incumplir cuando respaldó a Maragall en su amenaza de convocar un referéndum sin autorización de las Cortes Generales en pro de su reforma estatutaría, lo cual contravenía expresamente el punto nº 3 del Pacto por las Libertades que señala que “cualquier proyecto político, incluso aquellos que pretenden revisar el propio marco institucional, debe respetar las reglas y los procedimientos en él establecidos”.
Zapatero, posteriormente, y a pesar de la querella contra Carod Rovira planteada por las víctimas del terrorismo, ha continuando agraviando a estas últimas incumpliendo de forma clamorosa su compromiso inserto en el punto 7 del Pacto. Zapatero también consintió la enmienda a la totalidad que hizo Maragall a la política refrendada en el Pacto por las Libertades cuando el presidente socialista catalán dijo que prefería “la buena intención de Carod Rovira que el inmovilismo de la política antiterrorista del PP”. ¿No ha sido el propio Zapatero el que, recientemente, ha tirado a la basura el pacto por las libertades anunciando que él sí entraría en negociaciones con Ibarretxe, a pesar de que el lehendakarí no renunciara previamente al famoso plan secesionista que lleva su nombre?
Zapatero lo único que le interesa del Pacto por las Libertades es que el PP no denuncie ante los electores el incumplimiento del mismo. Vamos, que encima de ponerle los cuernos, aun pretende que Rajoy los lleve en silencio. Y eso que el candidato popular aun no da por roto el matrimonio ni se molesta para evidenciar el engaño en enseñar las cartas de amor que Carod Rovira escribía en el Avui... ¿Sensatez o, más bien insensibilidad del candidato popular? Ninguna de las dos cosas le hacen falta a Rajoy para ganar –más bien, heredar– en las urnas...
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