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Columna publicada el 03-03-2004
Después del cara a cara virtual de Olga Viza, que tan rentable le ha resultado a Telecinco para promocionar un programa titulado “No es lo mismo”, que no se diferencia demasiado del convencional “Espejo público” de Antena 3, Canal+ presentó en abierto un debate de muñecos entre Rajoy y Zapatero para servir a sus anchas lo que los líderes no ofrecen.
Desde que el Partido Popular decidió que lo del debate a dos no le interesaba, las cadenas de televisión empezaron a organizar estrategias de campaña con sus propios recursos y sin ataduras. En esta ocasión, los muñecos del guiñol hicieron un programa especial en el que hubo destellos de humor y demasiado texto. El formato de media hora con tanta palabrería resulta casi tan pesado y convencional como uno que cuente con los políticos de carne y hueso, y viene a ser lo mismo que con humanos, sin nada que pueda llegar a ser sorprendente.
Como viene siendo habitual en el programa, Zapatero aparecía como un ser angélico, al que espera Bono a la vuelta de la esquina, y que resulta más tonto que Rajoy. El personaje del líder del PP aparece como más taimado y manejado como una marioneta por Aznar. Lo mejor del debate ventrílocuo fue que no está de más que se presente con humor y desparpajo, lo que representa una campaña electoral y lo peor que mezclaron las lecciones de ética política, siempre a cargo de Zapatero, con las gracias. El guión podía haber tenido la agudeza de los diálogos de los Hermanos Marx, pero lo mezclaron con la argamasa de los programas políticos y acabó siendo pesado.
Una cosa quedó clara en el debate de pega: que Zapatero es débil y los del PP malos; que la economía es el punto flaco del PSOE y la guerra el del PP, y que los dos compiten por ofrecer el oro y el moro. Ambos sacaron la bandera española y no dudaron en competir por llenar de policías las calles.
En boca de Rajoy se puso una frase que parecía ser el resumen del debate: el electorado tiene que elegir entre un mentiroso (Rajoy) o un insolvente (Zapatero). Como ocurre con estos ejercicios de ventriloquía los únicos que tenían algo que decir eran los guionistas que, en esta ocasión, aplastaron a la audiencia con media hora de diálogos en los que la intención política y las dotes humorísticas tuvieron que pegarse con cemento para construir un edificio ficticio.
No podía faltar en el debate las referencias a Urdaci y el lavado de cerebro que, al decir de los guionistas, somete el PP a la población. La cita en las urnas está cerca, pero este debate no deja de ser una pequeña pieza en la estrategia de promoción de los guiñoles que, abriendo un espacio mayor a los programas presentados en abierto por Canal+, aprovechan la campaña electoral para meter una de crítica y otra de promoción empresarial.
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